El suicidio de Draghi o cómo lo 'bueno' es pésimo y viceversa

¿Buena noticia para la banca? Lo sería si hubiera prestatarios solventes. Pero, sin duda, pésima para unos inversores que se verán afectados en la liquidez de sus títulos

Foto: El presidente del BCE, Mario Draghi. (EFE)
El presidente del BCE, Mario Draghi. (EFE)

Se ha centrado buena parte del análisis posterior a las decisiones de Mario Draghi del pasado jueves en su impacto sobre la banca, que recogió con grandes subidas en sus cotizaciones las medidas.

No es de extrañar.

Quizás el mejor compendio de los efectos que sobre esa industria va a tener la acción del BCE lo encontramos en el 'post' publicado este fin de semana por mi admirado Kike Vázquez, que, en su línea habitual, desgrana las distintas iniciativas con precisión de cirujano. Aun con muchos matices, los pros superan, en su opinión, a las sombras. No sé si estoy del todo de acuerdo.

Sin embargo, es interesante ver cuál va a ser el resultado global para la financiación más allá del sector bancario. Y lo que se avecina no es precisamente halagüeño.

¿Por qué?, se preguntarán ustedes.

Uno de los temas que más han estado sobre la mesa de los distintos estrategas de bonos en los últimos meses ha sido el de la liquidez. Por ser aún más exactos, de la falta de liquidez o iliquidez de numerosos activos de deuda que ha conducido a una enorme volatilidad en su comportamiento, muy alejada, de hecho, de lo que sería corriente de acuerdo con las principales series históricas.

A este fenómeno habrían contribuido una serie de factores acaecidos de forma simultánea. Curiosamente, buena parte de ellos tienen su origen en las restricciones impuestas a bancos y similares por parte de reguladores y supervisores, a saber: se les negaba la capacidad de originar mercado primario; se les limitaba su tarea de creación de mercado o ‘market making’, actividad en el secundario; y, en un entorno de bajas rentabilidades estructurales del negocio, se les forzaba a acaparar títulos de bajo riesgo como inversión, especialmente soberanos, resultado de operaciones financieras frente a margen de intereses. Fruto de todo ello, la profundidad en la negociación de la deuda corporativa, y en menor medida de la pública, se había visto seriamente dañada.

El BCE dota de estructuralidad a su actividad, lo que, a su vez, exacerbará las consecuencias de su retirada de los mercados, si es que llega a producirse

Pues bien, como suele ser habitual en los últimos años, éramos pocos y parió el banco central, en este caso, el europeo, empeñado en seguir los errados pasos del japonés.

Uno de sus anuncios estrella de hace cinco días fue la decisión de incorporar a su balance, vía adquisiciones selectivas en el mercado, renta fija de empresas y corporaciones de la mejor calidad. Suma y sigue tras las compras masivas de deuda de los estados de los últimos meses. Con ello, no solo ahondará el problema que acabamos de describir sino que, ante la falta de papel, muchos agentes del mercado se verán obligados a asumir mayores riesgos para alcanzar los umbrales internos y externos de retorno que tienen establecidos. La compresión reciente de los rendimientos de ‘high yield’ y similares así lo acredita. Tal y como afirma el acertado Heard on the Street del WSJ publicado esta misma tarde, la mutua dependencia entre bancos centrales y activos financieros solo puede acabar mal.

Lo cual nos lleva a varias reflexiones que, no por repetidas, dejan de ser oportunas: una, el BCE sigue dotando de estructuralidad a su actividad, lo que, a su vez, exacerbará las consecuencias de su retirada de los mercados, si es que algún día llega a producirse; dos, sigue alimentando burbujas financieras que solo benefician a una parte muy marginal del universo inversor, lo que incrementa las desigualdades y pone en peligro la cohesión social; tres, no contribuye ni al crecimiento ni al empleo, porque no resuelve el problema de base, el exceso de capacidad productiva y crediticia; cuatro, alienta la desbancarización -la garantía de un comprador de última instancia fomentará las emisiones, presionando en coste a la banca-, pero estrecha la puerta de salida, lo que puede generar situaciones de pánico como las que se han vivido recientemente; y así sucesivamente.

¿Buena noticia para la banca? Lo sería si hubiera prestatarios solventes. Pero estos escasean y están muy solicitados. Pero, sin duda, pésima para unos inversores que lo último que necesitan es que se cercene aún más su operativa corriente.

Buena semana a todos.

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