NH Hoteles o cuando el esperpento supera a cualquier ficción
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NH Hoteles o cuando el esperpento supera a cualquier ficción

Fugas de información, decisiones en interés ajeno o acuerdos inconvenientes para los minoritarios son cuestiones arrojadas desde la trinchera de los agraviados a la otra

Foto: NH Hoteles. (Reuters)
NH Hoteles. (Reuters)

Va a estar divertida la junta de NH de hoy.

No se imaginan cuánto.

A la misma llegan en práctico empate técnico el equipo directivo actual y los accionistas disidentes, liderados estos últimos por Hesperia y Oceanwood, a los que se han unido pesos pesados como Schroders o Henderson.

El motivo de la discordia, el conflicto o no de intereses de los consejeros de la española designados por la china HNA -titular de cerca del 30% del capital- que habrían sido colaboradores necesarios en el proceso de compra por el mismo inversor de Carlson Rezidor, competidora directa de NH Hoteles en regiones como el Benelux.

Fugas de información, decisiones en interés ajeno o acuerdos inconvenientes para los minoritarios son cuestiones arrojadas desde la trinchera de los agraviados a la otra que se trata de defender como gato panza arriba, con furibundos contrataques mediáticos en cuanto tiene ocasión.

En esta reivindicación formal que se lleva al órgano de gobierno de la hotelera lo que está en juego es la apariencia de honradez de la mujer del César

Sin embargo, no se equivoquen, se trata únicamente de la punta del iceberg. Quizás la parte más visible y formal del lío corporativo en el que está envuelto la compañía. Imagínense lo que subyace. Porque, aun cuando los señalados, presidente incluido, salieran, los dominicales entrantes seguirían estando a la voz de su amo tanto dentro como fuera del Consejo. Cambiaría la forma, pero no el fondo. De hecho, en esta reivindicación formal que se lleva al órgano de gobierno de la hotelera lo que está en juego es la apariencia de honradez de la mujer del César. Pretender que, además, lo sea es harina de otro costal, casi un imposible. Pensar a estas alturas que a un cambio de nombres va a seguir otro de hábitos, resulta una quimera.

Dicho esto, el problema de fondo va mucho más allá. Lo que no aflora a la superficie con tanta claridad es el modo en que los asiáticos han desembarcado en la firma patria, cómo se están llevando a cabo los consejos, qué papel juegan en verdad sus representantes, qué influencia están ejerciendo en la designación de puestos clave, por encima de las recomendaciones del Comité de Nombramientos y Retribuciones, cómo han tratado de manipular el número de miembros del consejo en beneficio propio. Y así sucesivamente.

Un carajal en toda regla.

De puertas adentro de China, habla de ‘chantaje’ por parte de los disidentes. La realidad es que han topado con una cosa que se llama gobierno corporativo

NH Hoteles cuenta con un Consejo en varias lenguas, en las que los chinos no aparecen ni intervienen, por más que la traducción simultánea a ese idioma funcione a todo trapo; donde los papeles se filtran antes y después de cada reunión, y casi durante; en donde se proponen independientes que ni lo son ni tienen el decoro de disimularlo y aun así pasan el corte gracias a sugerencias impropias de quien no debiera realizarlas; en el que se crean puestos para los que no hay capacidad legal; en el que miembros clave del mismo prefieren jugar al hockey en las Antípodas antes que estar presentes cuando se está librando la parte más cruenta de la batalla; en el que se pretende que unos acepten cheques en blanco para determinadas negociaciones en beneficio del minoritario mayoritario y en perjuicio del resto.

Poco importa que la responsabilidad del Consejo sea colectiva.

HNA ha decidido hacer suyo el gato blanco o negro pero que cace los ratones. Eso sí, los que yo quiero. De puertas adentro de China, habla de ‘chantaje’ por parte de los disidentes. Así se llama a la discrepancia por esos lares y ya sabemos cómo suelen terminar los que la practican. La realidad, más al contrario, es que han topado con una cosa que se llama gobierno corporativo que les queda muy lejos y en cuyo incumplimiento la CNMV vuelve a jugar un papel extrañamente silente.

Si quiere mandar, que ope por el 100% y ejerza de verdad el control. Pero, mientras carezca de él, por lo menos que se maquille… ¿no creen?

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