125 años atrás, la brutal burbuja de bonos era igual y… ¿adivinan que pasó?

“Muchas de las fuerzas que han hundido la rentabilidad de los bonos en los últimos 20 años son las mismas que produjeron el mismo fenómeno en los 20 años anteriores a 1895”

Foto: Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Nos ha dado últimamente por buscar referencias históricas para tratar de anticipar en qué puede concluir la brutal burbuja que está viviendo el mercado de renta fija soberana en el mundo desarrollado. Si hace un par de semanas, nos retrotraíamos de la mano de Ray Dalio a lo sucedido en los años treinta —un tremendo ‘big squeeze’ de secuelas plurianuales—, ahora el estratega global de tipos de interés de BNP, Laurence Mutkin, nos invita a remontarnos 125 años atrás para tratar de anticipar lo que se nos avecina.

Y lo hace a través de un artículo publicado el lunes en el 'FT' —‘The 1890 and end of the great bond bull market’— en el que pone de manifiesto cómo la historia irremisiblemente se repite y nada, por más que parezca lo contrario, es tan novedoso como pudiera parecer.

De hecho, lo deja bien claro en el arranque de su pieza: “Muchas de las fuerzas que han hundido la rentabilidad de los bonos en los últimos 20 años son las mismas que produjeron el mismo fenómeno en llas dos décadas anteriores a 1895”, a saber: deflación, tecnología, globalización y exceso de ahorro. ¿A qué les suena? Y, por si fuera poco,concluye: “y las que provocaron su repunte a partir de esa fecha... también están presentes hoy”.

O sea que, ya saben: como comentamos al cierre de nuestro artículo de hace 15 días, cuya lectura les recomiendo para contextualizar, nos encontramos ante un accidente a punto de ocurrir. Lo que no sabemos es cuándo. Pero más nos vale mantenernos con la guardia alta, no vaya a ser que, cuando caiga el último copo y desencadene la avalancha, nos lleve por delante.

La aparición de un actor como los bancos centrales, con su capacidad para influir en la oferta y demanda de bonos, es única, al menos en su dimensión actual

Bien, aterricemos.

¿Cuáles son esas circunstancias coincidentes hace siglo y pico y ahora? El autor enumera hasta cuatro, dos principales y dos subsidiarias.

  1. El aumento masivo de la oferta monetaria que, por aquel entonces, con el patrón oro en vigor, consistió en un incremento brutal en la producción del metal precioso gracias a nuevas técnicas de extracción y al descubrimiento de importantes yacimientos. Para Mutkin, este hecho equivale al ‘quantitative easing’ actual. Y, como hoy en día, su eficacia para influir en los precios de bienes y servicios —que se había reducido un 405% entre 1873 y 1896— fue ‘tardía e indirecta’. Sin embargo, cuando esa masa de liquidez entre en funcionamiento las tensiones inflacionarias serán inevitables.

  2. El auge del proteccionismo en el comercio internacional que llevó a un repunte del coste de la vida importante, especialmente en aquellas naciones que impusieron mayores restricciones fiscales. Hoy no es algo tan tangible, pero, nos recuerda el analista del banco francés, el Brexit, la hostilidad europea hacia el TTIP, el rechazo de los dos candidatos a la presidencia de Estados Unidos al TTP, el auge de los nacionalismos, etcétera, etcétera, etcétera, apuntan en esa dirección.

  3. Un cuestionamiento de la idea política dominante como instrumento para mejorar la vida de los ciudadanos, lo que se tradujo en el nacimiento de populismos de incipiente inspiración socialista que compartían un mensaje común: así no, a nuevas realidades, distintas soluciones. Algo que hoy ha escalado, al menos a nivel europeo, de la esfera doméstica a la plurinacional.

  4. Por último, una creciente tensión geopolítica que terminó con los años de tranquilidad que siguieron a la guerra franco-prusiana y/o a la guerra civil estadounidense. Del mismo modo, "el optimismo que surgió tras la caída del Muro de Berlín se ha ido poco a poco desvaneciendo" y los nubarrones a norte, sur, este y oeste van llenando el cielo. Todo conflicto genera repliegue y todo repliegue, aumento del coste de financiación.

La posibilidad de una subida salvaje en el rendimiento de la deuda pública será cada vez más certera, con imprevisibles consecuencias para la economía

Si la situación de partida es similar, lo normal es que el desenlace también lo sea.

Es verdad que, como comentamos en nuestro 'post' del 11 de octubre, la aparición de un actor como los bancos centrales con su capacidad para influir en la oferta y demanda de bonos es algo único, al menos en su dimensión actual.

Pero aun así.

En la medida en que esos cuatro elementos recurrentes se consoliden —el primero ya lo ha hecho—, la posibilidad de una subida salvaje en el rendimiento de la deuda pública será cada vez más certera, con imprevisibles consecuencias para la economía mundial.

Avisados quedan.

Malos tiempos para la lírica, sin duda…

Valor Añadido
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
4 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios