Una fruta peligrosa: la sorprendente influencia geopolítica del aguacate

Han influido en los últimos 12 meses dinámicas simultáneas de oferta y demanda en el mercado de esta fruta que han disparado su precio

Foto: Imagen de una planta de procesado de aguacate en Vélez-Málaga. (EFE)
Imagen de una planta de procesado de aguacate en Vélez-Málaga. (EFE)
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Con todos los ojos puestos hoy en el resultado electoral de Estados Unidos, vamos a salirnos un poquito por la tangente y a traer a colación una realidad, cuando menos, sorprendente: el impacto sobre la geopolítica mundial de algo tan inocente como un simple aguacate. Así tienen conversación de salón cuando estén con sus amigos o familiares dándole a los nachos con guacamole.

Han influido en los últimos 12 meses dinámicas simultáneas de oferta y demanda en el mercado de esta fruta que han disparado su precio.

Se trata de una fruta de moda, más vendida ya que la naranja en naciones como Reino Unido (¡tiembla Levante!) y por encima de la pera en Estados Unidos, donde su consumo se ha doblado en la última década. Este 'boom' se ha topado con problemas recientes de producción en alguno de los principales exportadores —caso de México, origen del 40% del total mundial, afectado por huelgas y sequías—, lo que se ha traducido en problemas de suministro que han llevado su cotización un 73% arriba en 12 meses, hasta los 63,75 dólares, muy por encima del anterior máximo de 45 dólares en enero de 2014.

Y lo peor está por llegar, coincidiendo con la campaña de Navidad.  

Las consecuencias macro y micro no se han hecho esperar.

Son muchas las naciones con climatologías adecuadas para su cultivo que están lanzando proyectos de iniciación o ampliación de la superficie dedicada al aguacate. Es el caso de Perú, Chile o Sudáfrica. Sin embargo, esa decisión viene acompañada de la oposición de los conservacionistas al impacto medioambiental de la decisión en términos de consumo de agua, métodos de explotación y afectación a acuíferos de las sustancias usadas en su cuidado. Y es que las consecuencias a medio plazo de tales decisiones no son desdeñables.

En el caso de los productores actuales, la falta de esta fruta puede tener un impacto sustancial en la balanza exterior del país en el que desarrollan su actividad. No hay que olvidar que, en el caso de México, las ventas al exterior suponen ingresos por valor de 1.500 millones de dólares frente a los apenas 60 de 2003. Un negocio floreciente en el que cada vez están extendiendo más sus tentáculos los cárteles de la droga, controladores últimos de buena parte de las transacciones, tal y como recordaba hace bien poco 'The Economist'.

En las antípodas, no pinta mejor la cosa. Los fenómenos climatológicos extremos han diezmado las cosechas en Nueva Zelanda y Australia, llevando los precios a niveles no vistos en 50 años. A resultas de esa escasez, se han multiplicado los robos en las plantaciones y comercios y la venta de la fruta sustraída en el mercado negro. Se multiplican por las tiendas de las islas los carteles de "este establecimiento no mantiene dinero en caja ni aguacates almacenados durante la noche". Hasta ese punto se ha llegado.

Por si fuera poco, EL actor acaba de entrar en escena. En efecto, China, cuyas importaciones de aguacate se han multiplicado por cuatro en un lustro, está llevando a cabo acuerdos directos con productores para asegurarse el abastecimiento de sus necesidades. Y cuando el gigante amarillo estornuda, ya sabemos lo que sucede.

Es evidente que este aumento de precios tiene consecuencias para los márgenes tanto de las cadenas especializadas en comida mexicana, como de las que se centran en la japonesa —donde el aguacate juega también un papel principal—, así como para el común de los ciudadanos, que ven cómo el coste de consumir la fruta se dispara hasta un punto que puede no compensar los teóricos beneficios dietéticos que lleva aparejados.

Parece mentira que el aguacate dé para tanto.

Para fomentar el crimen organizado, causar disturbios sociales, provocar cambios en la estructura agraria y en los menús de los restaurantes, generar distorsiones en la balanza exterior de importadores y exportadores y así sucesivamente. Pero es lo que tiene el mundo que nos ha tocado vivir, conectado y, aparentemente, globalizado: que cualquier pieza que se mueva, por nimia que parezca, tiene impacto en todas las demás.

Sea como fuere, ya saben: cada vez que su nacho se sumerja en el guacamole, mexicanos, chinos, australianos, peruanos, estadounidenses, británicos y hasta españoles se verán de un modo u otro afectados.

Eso sí, que ni eso ni nada les impida disfrutar del placer de su degustación.

Ni siquiera el agorero de McCoy.

Faltaría más.

Servidor de ustedes, Sherman.

 

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