Oro azul: español, por qué te preocupas por la pensión, si no habrá agua que beber

"Millones de personas han podido vivir sin amor… Pero ninguna sin agua"

Foto: La ausencia de lluvias en los últimos meses en Navarra comienza a cuartear la tierra del pantano de Yesa. (EFE)
La ausencia de lluvias en los últimos meses en Navarra comienza a cuartear la tierra del pantano de Yesa. (EFE)

Mira el siguiente mapa, gentileza de 'The Economist'.

Déjame ahora que te lo traduzca.

Las naciones en rojo se encontrarán en una situación crítica en cuanto a recursos hídricos de aquí a 2040. Al menos esa es la previsión del World Resources Institute, que incluye en tal mal augurio a un total de 33, entre las que se encuentra España.

Se trata de un tema crítico al que, como a tantos otros, apenas se le está prestando la atención política y social que merece. Tal y como nos recuerda, por boca de un poeta, el artículo de 'The Economist' que inspira este 'post': "Millones de personas han podido vivir sin amor… Pero ninguna sin agua". Pero no estamos solo ante un elemento sustancial para la supervivencia humana, sino también para el desarrollo de su actividad agrícola, industrial o de servicios.

Centrémonos en nuestro país.

Para llegar a esa situación, confluirán factores externos, caso del cambio climático y su incidencia sobre precipitaciones y almacenamiento, pero, sobre todo, los derivados de los inadecuados usos y costumbres locales: exceso de demanda sobre oferta y consecuente sobre explotación de acuíferos, obsolescencia de instalaciones que conducen a mermas innecesarias, escasa concienciación pública y privada sobre la necesidad de un uso y consumo responsable.

No estamos solo ante un elemento sustancial para la supervivencia humana, también para el desarrollo de su actividad agrícola, industrial o de servicios

Algo que no es exclusivo de nuestro territorio, pero que la precaria situación de partida de España, derivada también de su posición geográfica, convierte en más preocupante.

En el caso español, la solución pasa por otros bienes escasos a día de hoy: la concertación, la financiación y la adecuada tarificación.

En efecto, la dispersión normativa y la gestión por cuencas impiden una visión integral del problema, al primar los intereses locales frente a los generales. Siendo como va a ser asunto prioritario de Estado, se requiere una unidad en la regulación, inspección y régimen sancionador. Y más antes que después. Una suerte de Pacto sobre el Agua que ni está sobre la mesa ni se lo espera. Menudo lío, que diría un gallego de pro aupado a los altares presidenciales.

Desde hace años, el sector viene reclamando el desarrollo de infraestructuras para mejor aprovechamiento que, en su día, hace un par de años, se valoraban en unos 20.000 millones de euros. Las mismas empresas concesionarias se ofrecían a desarrollar un modelo de cooperación con las administraciones públicas que asegurara la inversión a cambio de una retribución ligada a las mejoras en la gestión. La demoníaca palabra ‘privatización’ lo ha parado todo, viva la socialdemocracia que todo lo jode. Los frutos de esa inacción no tardarán en manifestarse.

Hablamos de pensiones cuando lo que no va a haber va a ser agua que beber

Por último, nada de lo anterior se desarrollará o servirá si no se establece un precio adecuado para el agua, ajustándolo a una realidad que no es evidente pero sí material: la escasez. Es evidente que todo lo que no cuesta no se valora y que, por tanto, en la medida en que la consideración de bien de primera necesidad, que la tiene, convierta el coste de cada metro cúbico en inelástico al alza, el incentivo para no dilapidarlo es cercano a cero y la efectividad de cualquier tipo de campaña de aprovechamiento o uso racional, limitada.

Visto lo anterior, el diagnóstico es pesimista. Nos acordaremos de esta Santa Bárbara, precisamente, cuando no truene, siendo este un tema sobre el que no cabe improvisar, ni a nivel regulatorio, ni en planificación, ni en educación. Cualquier iniciativa que se tome, lleva su tiempo, y estamos hablando de un horizonte de tres lustros que, como quien dice, es hablar de algo que se encuentra a la vuelta de la esquina. Hablamos de pensiones cuando lo que no va a haber va a ser agua que beber. ¿Y entonces?

Desde estas mismas líneas nos hemos hartado de hablar sobre esta cuestión, con un éxito más bien limitado, por no decir nulo. Así, en 2009 ('El agua como inversión'), en 2011 (como 'Inesperada arma de destrucción masiva') o en 2014 ('Subida inevitable'). Pero, por insistir, que no quede. No nos podemos resistir a creer que dejar un mundo mejor del que hemos recibido a nuestros hijos no es posible.

Yo, al menos, me niego.

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