Deutsche Bank, al rescate de la banca española o… ¿es al revés?

El 12 de septiembre, el CEO del banco recorrió de la mano del presidente de la entidad en España algunos de los principales despachos ministeriales y bancarios de este país

Foto: Oficinas centrales de Deutsche Bank en Fráncfort. (Reuters)
Oficinas centrales de Deutsche Bank en Fráncfort. (Reuters)

Hay un día clave en la frustrada venta de la filial de Deutsche Bank en España: el pasado 12 de septiembre.

Ese día, John Cryan, consejero delegado del banco a nivel mundial, recorrió de la mano del presidente de la entidad en España, Antonio Rodríguez-Pina, algunos de los principales despachos ministeriales y bancarios de este país.

A pocas semanas de que estallara el tema catalán, que habría dificultado cualquier transacción dada la secular presencia de la firma alemana en Cataluña, pudo conocer de primera mano la situación económica y las perspectivas financieras del ‘milagro’ español. Decidió entonces, cuando ya las ofertas descansaban calentitas encima de la mesa, darse una semana de tiempo para reconsiderar la decisión. Tras ese periodo de reflexión, su veredicto fue abortar la venta.

Deutsche Bank seguiría siendo el único banco extranjero con presencia ‘retail’ en nuestro país para alivio, fundamentalmente, de sus empleados. Pero no solo.

Es verdad que el proceso se había enrevesado con el paso de los meses.

Cuando ya las ofertas descansaban calentitas encima de la mesa, decidió darse una semana de tiempo para reconsiderar la decisión

Separar la red de oficinas del resto de DB no era tarea ni mucho menos fácil. Buena parte del negocio transaccional tiene su origen en relaciones nacidas en la sucursal, y esa interrelación encuentra fiel reflejo en una plataforma tecnológica única que ahora había que desmontar. Un coste a asumir, al menos de partida, por el adquirente.

La posición de vendedora forzada de la matriz, fruto de las exigencias de Europa sobre su delicada situación de capital un año antes, al poco de llegar el propio Cryan al cargo, incidía a la baja en el importe de las ofertas, algo a lo que tampoco ayudaba el entorno de escaso margen de intereses de la industria.

Y, por si fuera poco, el más interesado, Abanca, no era del gusto ni del equipo directivo de Madrid, por el impacto que podía tener sobre la franquicia, ni de quien debía dar el OK final al acuerdo, en caso de materializarse. Escotet cuanto menos, mejor.

Entre todos la mataron y la transacción se murió.

Ahora la compañía puede seguir su curso centrada en las áreas en las que ha enfocado su actividad desde hace más de una década: banca personal, gestión de grandes patrimonios, 'asset management', banca corporativa y banca de inversión. Relación y producto a partes iguales. Y, siendo verdad que el retorno de la red no es el idóneo, sirve como ‘footprint’ y palanca para el resto de los negocios, muchos de los cuales sí que son extraordinariamente rentables. De ahí la defensa ardorosa del paraguas alemán desde la sede central en paseo de la Castellana durante todos estos meses.

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Que se quede Deutsche Bank en España es una buena noticia. No solo porque, como hemos señalado al arranque, supone un respaldo indirecto a nuestro país por parte del gigante germano, con la importancia que eso pueda o no tener, sino sobre todo porque, fuera del proceso de concentración al que está abocado el conjunto de la banca española, servirá como contraste tanto operativo como tecnológico frente a un universo en el que el tamaño parece ser lo único importante, por más que el discurso de sus estrellas se llene de otros vocablos. Que obras son amores…

Veremos si es capaz de marcar el paso.

La oportunidad está ahí. El reto no es fácil.

Pero ¿quién dijo que lo fuera?

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