El mundo que está por venir según Google (y da miedo)

Todo lo que sale de ahí va arropado por una pátina de mayor bienestar para el conjunto de la sociedad

Foto: Imagen del buscador de Google. (Reuters)
Imagen del buscador de Google. (Reuters)

Anda de moda Singularity, esa suerte de campus de conocimiento desarrollado por Google y por otros socios que pretende anticipar el futuro y las oportunidades de negocio vinculadas al mismo en temas tan dispares como la robótica, la energía, el transporte, el análisis de datos o la neurociencia, por citar solo algunos de los campos de conocimiento en los que profundiza.

Todo lo que sale de ahí va arropado por una pátina de mayor bienestar para el conjunto de la sociedad. Para los que allí están, no es una locura que se pueda leer el cerebro y que este se comunique directamente con las máquinas, ni tampoco que la genética permita diseñar hijos a la carta, o que la inmortalidad llegue a ser una posibilidad real, el que nos olvidemos de conducir para ser llevados de un lugar a otro o que los urinarios sean detectores inmediatos de enfermedades en procesos de análisis automático. Estamos en el inicio de la civilización del data y su implantación progresiva va a cambiar el curso de la humanidad tal y como la conocemos hasta hoy.

Casi nada.

El mayor divertimento de sus impulsores, en muchos de los casos, no es tanto el qué sino el cómo, es decir, el impacto social que tendrá aparejada cada una de estas innovaciones; el cuándo, encantados como están de fijar plazos potenciales de concreción masiva de las mismas, y, sobre todo, el cuánto, esto es: qué se le puede sacar a esto.

Sin embargo, subyace a este ‘progreso’ que, por cierto, se antoja inevitable, un triple debate de fondo que no es ni mucho menos intrascendente, a saber:

  1. ¿A quién beneficia? Es evidente que buena parte de los nuevos desarrollos tendrán aplicaciones comunes y baratas para el conjunto de los ciudadanos, pero seguirá siendo una élite la que, en última instancia, pueda aprovecharse de los elementos más evolucionados y costosos de los mismos, ahondando en la brecha de desigualdad y pobreza que está detrás de muchos fenómenos políticos ‘inexplicables’ de los últimos años. Habrá una mejora general de las condiciones de vida, como viene sucediendo a nivel mundial, pero… ¿de verdad viviremos en un mundo mejor? Siempre quedará el caramelo de la renta básica universal, que está a la vuelta de la esquina. Al tiempo.

  2. ¿Quién se beneficia? El gran éxito de buena parte de las empresas capaces de controlar nuestras vidas de principio a fin es haberse posicionado como aliados y no como enemigos de aquellos a los que podrían alienar. Es el caso de Facebook, Google o Apple, por poner tres ejemplos. Los niveles de beneficios y de liquidez de estas firmas las sitúan en una posición privilegiada para acumular conocimiento emergente, bien incorporando equipos de talento, bien comprando las compañías punteras en cada uno de los ámbitos Singularity. Se trata de firmas con posición dominante y sin norma antitrust que les afecte. Su poder e influencia crecerá con el tiempo. ¿Bueno o malo? Más aún, ¿serán estas empresas los nuevos gobiernos?

  3. Y el hombre, ¿dónde queda? Este es un tema capital. Parte de las cuestiones que se están planteando como factibles, caso de la vida terrenal eterna, la genética y la eugenesia, el conductismo o la conectividad intercerebral, tienen importantes consecuencias sobre algunos de los elementos esenciales que configuran al hombre: la libertad, la voluntad y la trascendencia. Sin esas tres características esencialmente humanas, buena parte de las películas de ciencia ficción en las que quien llama la atención es el héroe que se niega a seguir la cuerda de una autoridad superior a la que el resto se somete serán realidad más pronto que tarde. ¿Están dispuestos?

Es este un debate que está en una fase 0, en un punto muy preliminar. Hay muchas más preguntas que respuestas. Pero va a ocupar muchas páginas en un futuro no tan lejano. A servidor, como creyente que es, persona que pretende vivir del amor y desde el amor, toda esta cosificación encubierta —que ahondaría en un proceso ya de años— le da un poco de miedito. Pero puede estar equivocado. Progreso, sin comillas, es avance y mejora. No se entiende el uno sin la otra. Con todo esto, avance puede que haya pero… ¿mejora?

Ahora, es su turno.

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