La cuenta de la vieja que hace Barceló para un negocio redondo con NH

Ya saben lo que dice mi amigo Antonio Rubio, CFO que es de Prosegur: "Los datos no se discuten y los principios no se negocian"

Foto: Logo de NH en un hotel de la cadena. (Reuters)
Logo de NH en un hotel de la cadena. (Reuters)

Hoy les voy a entretener con números.

No me alargaré mucho.

Ya saben lo que dice mi amigo Antonio Rubio, CFO que es de Prosegur: "Los datos no se discuten y los principios no se negocian". No ocurre lo mismo con las proyecciones, que el Excel todo lo soporta. Pero como esas se las ha creído quien se las tenía que creer, es decir, don Simón Pedro Barceló, pues para qué más. En el pecado de su error llevaría la penitencia futura si no fuera porque acomete la operación de fusión con NH Hoteles con un margen de seguridad muy elevado. Se equivoca poco el hotelero, como enseguida comprobarán.

Porque, al margen de que pueda servir a sus intereses corporativos el utilizar esa plataforma para llevar a cabo un ‘reverse IPO’ que ponga en valor sus propios activos, los números gordos prueban que estamos ante un ‘deal’ de libro.

Bien, en las dos diapositivas anteriores, tomadas del Investor’s Day de NH que tuvo lugar el pasado 28 de septiembre, la compañía revisaba al alza sus estimaciones de ebitda para este ejercicio hasta los 230 millones de euros (+27%), algo que los resultados a septiembre corroboran como un objetivo factible, a la vez que fijaba una hoja de ruta de crecimiento del mismo hasta los 300 millones en 2019.

La presentación completa la pueden consultar aquí.

Bien, supongamos que nos creemos esta última cifra. Hagamos ahora un ejercicio que muy pocos hacen. Qué parte de ese beneficio operativo ajustado corresponde a la gestión de los hoteles en propiedad, que suman en el balance 1.900 millones de euros. Si le suponemos una TIR del 5%, y aquí entramos ya en el campo de las hipótesis, estamos hablando de 95 millones de euros. No se trata de una rentabilidad demasiado generosa en mitad de una estrategia de reposicionamiento.

Bien, quedarían para la parte ordinaria del negocio 205 kilos (300 de proyección menos esos 95). Supongamos un múltiplo EV/ebitda en línea con las últimas transacciones de 10,5 veces, lo que nos da ya un valor de 2.150 millones de euros a la parte estrictamente hotelera, a los que habría que restar los 600 millones de deuda neta ('vid infra') que quedarían en balance después del repago anticipado por 100 millones de un bono a partir del 30 de noviembre. Total, 1.550 millones de euros de 'equity'.

Ese es el punto de partida al que ahora hay que incorporar el valor del inmobiliario, toda vez que lo hemos ajustado en ebitda.

Pongamos que los 1.900 millones de valor de reposición son exagerados (aunque parte del ‘appraisal’ o aproximación de precio realizada por un tercero) y dejémoslos en 1.600 (lo que vuelve a ser muy conservador, visto el interés inversor, el formato de hotel y sus ubicaciones). Bien, la suma de una y otra cifra se sitúa en 2.650 millones de euros. Por encima de la oferta del Grupo Barceló de 2.480. A nada que los edificios se metan tal cual, se superarían los 3.000 millones, más de 500 de diferencia que no es moco de pavo.

No está mal la jugada, ¿verdad?

Hasta ahora NH Hoteles ha estado presionada por dos motivos.

Por una parte, por la cuestión catalana, pese al escaso peso global en su cartera de esa región y el irrelevante impacto en resultados a día de hoy, como acreditan las cifras a cierre del tercer trimestre. Sobre esa percepción del mercado, acertada o errónea, poco puede hacer el equipo gestor.

Por otra, el riesgo de ‘overhang’ o de colocación por parte de HNA de su paquete cercano al 30% en mercado, más teniendo en cuenta las limitaciones a las que se enfrenta en su propio país. Pues bien, ya saben la política de esta gente, el burro grande, ande o no ande. Tampoco cabe esperar problemas por este lado.

Ambas realidades habían hundido la cotización y habían puesto la acción a tiro de quien supiera percibir su valor intrínseco. El primero ha sido Barceló, que acomete el proceso con el as en la manga de saber que, aun a siete euros, está comprando duros a cuatro pesetas.

¿O no?

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