El secreto de la caída de Inditex (que tiene muy fácil solución)

Es la pregunta que muchos se hacen después del desplome superior al 7% que vivió la acción de la compañía la semana pasada

Foto: La fachada de la nueva tienda de Zara, la más grande del mundo, inaugurada en abril en Madrid. (EFE)
La fachada de la nueva tienda de Zara, la más grande del mundo, inaugurada en abril en Madrid. (EFE)

¿Qué está pasando con Inditex?

Es la pregunta que muchos se hacen después del desplome superior al 7% que vivió la acción el viernes de la semana pasada y que sitúa su caída desde los máximos de junio por encima del 30%.

Como ya sucediera entre diciembre de 2015 y febrero de 2016, cuando se dejó por el camino una quinta parte de su capitalización, las interpretaciones son de lo más variopinto. Los hay que ponen el foco en el efecto divisa que la apreciación del euro ha podido tener sobre sus cuentas, algo que, a medio plazo, tiene un efecto neutral, lo que convertiría el hundimiento reciente en una oportunidad de compra. Otro grupo habla de agotamiento de modelo, con unas últimas colecciones que no habrían sido tan del favor del público, afirmación maximalista que se antoja aventurada, toda vez que la cercanía con la tienda, el 'stock' limitado o la diversidad geográfica complican que así sea en todas partes a la vez. Por último, y vamos entrando aquí en el meollo de la cuestión, están los que vuelven a los fundamentales y se cuestionan si Inditex sigue siendo una historia de ‘growth’ y, por tanto, se merece los múltiplos que hasta ahora los inversores estaban dispuestos a pagar por ella.

Este último es el tema esencial.

Al final, buena parte de la trayectoria bursátil de la matriz de Zara se ha basado en la existencia de un enorme mercado potencial en la mayoría de los lugares en los que opera, muy lejos del punto de saturación, salvo en países como España, que permitiría ir incrementando ventas y beneficios año tras año. De hecho, esta idea siempre ha estado presente en las publicaciones de resultados de esa casa. Sus ejecutivos no han dejado de apalancarse en ella para justificar la valoración.

'The sky seemed to be the limit'.

Nunca más.

La empresa no ha sido inmune al impacto que, sobre el ‘brick & mortar’ tradicional, ha tenido la explosión del comercio electrónico a lo ancho y largo del planeta. Y, aunque la firma ha tomado ya medidas tendentes a optimizar su red de establecimientos, con cierres, concentraciones o potenciación de 'flagships', entre otros, pesa sobre ella un interrogante esencial: ¿cómo impacta de verdad en su ladrillo?

Buena parte de su trayectoria bursátil se ha basado en la existencia de un enorme mercado potencial en la mayoría de los lugares en los que opera

Buena parte del interés de los analistas en relación con esta cuestión se ha centrado, al calor de todo lo anterior y como no podía ser de otra manera, en la posible canibalización del negocio físico. Una inquietud que debería verse matizada por el hecho de que la frontera entre ambos tipos de venta, la real y la virtual, es en Inditex más difusa de lo que podría parecer a primera vista. No en vano, la distribución de los pedidos sigue siendo un 60% a través de la tienda, que hace suya la transacción al ser titular del 'stock', criterio general de la marca. La gestión en los locales de las devoluciones neutraliza una parte importante del efecto económico negativo de las mismas, toda vez que el cliente aprovecha para hacer allí el cambio de talla o adquirir otros productos. Por último, hay una parte de la compra 'online' que tiene origen en el propio probador, una vez que se ha comprobado que es esa prenda la que se quiere; una operativa cada vez más extendida entre aquellos que buscan la comodidad del envío y no tener que cargar con las bolsas en esos días tontos de ‘compritas’, tiembla tarjeta.

La clave, por tanto, está menos ahí que en la rentabilidad. Al final, la presión que están metiendo otros actores de la industria, con apuestas logísticas a pérdida con tal de copar espacios, provoca que, incluso aquellos que han sabido optimizar su funcionamiento, se vean sometidos a una presión que indudablemente encarece sus costes y afecta a sus márgenes. No hay que olvidar que el margen bruto de Inditex, en los últimos resultados dados a conocer, supera el 57%. Algo que puede quedar en breve convertido en un bonito recuerdo del pasado.

O no.

La única manera que puede tener la empresa fundada por Amancio Ortega de prevenir esa enfermedad que el mercado ha anticipado es la transparencia. Le costó tiempo hablar de los 'like for like', un dato que aún hoy es recogido de manera marginal en sus informes trimestrales, siendo como es la clave de esta industria. No puede incurrir en el mismo error con esta nueva realidad. Cuanto antes ponga negro sobre blanco los números que la acompañan, antes se cortará su hemorragia bursátil. Inditex puede ser, también, una historia de éxito en el e-commerce y liderar una transformación a la que llega en el momento oportuno en términos de dimensión y gestión. Pero tiene que poner las cartas encima de la mesa para, una vez rojo, evitar cien colorado, especulaciones y chascarrillos.

¿Se atreverá?

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