Economía conductual y concentración en activos: ¿hay riesgo de burbuja?
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Ángel Blanco

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Economía conductual y concentración en activos: ¿hay riesgo de burbuja?

Los cambios están para quedarse y, además, la aceleración de muchos de ellos por la terrible pandemia que estamos viviendo favorece su valoración

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Burbujas. (EFE)

En el año 2000, Robert Shiller publicó su libro 'Exuberancia Irracional' en el que, aplicando la teoría de la economía conductual a los mercados financieros, llegaba a la conclusión de que los mercados estaban al alza debido a que los inversores se mostraban sobreexcitados respecto al potencial de determinados sectores económicos, concentrando sus inversiones en los mismos y alimentando un riesgo de valoración que, en algún momento, estallaría. Poco tiempo después, asistimos a una de las mayores crisis en mercados financieros de los últimos cien años, la burbuja de TMTs se deshacía.

Nadie podía poner en duda el avance económico que determinaba el desarrollo del sector. Desde principios de los años noventa, era un hecho que la economía estaría ligada a la tecnología y que los últimos avances suponían un importante cambio de usos, una evidente transformación social. Sin embargo, lo que sí se puso en duda, una vez llegado a los extremos, era la capitalización alcanzada por el conjunto del sector, sin prácticamente diferenciar entre potenciales ganadores y perdedores, ni tener en cuenta el tiempo que aún tardaría la implementación de los procesos. La economía conductual de la que hablaba Shiller había llevado a una burbuja al invertirse sobre un "sentimiento" con una base de muy largo plazo descontada a corto, llegando a obviar la rentabilidad esperada, base de la economía y valoración tradicional. Poco después, una vez superada la denominada burbuja tecnológica, la inversión se concentró en activos inmobiliarios; de nuevo llegamos al extremo.

Foto: Pantallas de evoluciónd el Ibex en la Bolsa de Madrid. (iStock)
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En la actualidad, asistimos a un proceso de concentración de inversiones en la denominada nueva economía. Sin lugar a duda, los cambios están para quedarse y, además, la aceleración de muchos de ellos por la terrible pandemia que estamos viviendo favorece su valoración, lo que conlleva una mayor concentración en detrimento de la denominada antigua economía. Sin embargo, debemos ser muy conscientes de que, por mucho que se acelere, los tiempos hay que cumplirlos. El mercado debe valorar, y valora, en función de expectativas; y en muchas ocasiones, la ley de los grandes números es válida y necesaria. Hay que pensar en la idea, en el proceso, en lo que se puede alcanzar, pero también hay que analizar los límites y los riesgos asociados.

No todas las compañías ligadas a la nueva economía triunfarán, no todas las ideas son desarrollables, en algún momento se pasará de los grandes números a los análisis de rentabilidad. Las necesidades de capex, reestructuraciones, éxito de un modelo de negocio frente al resto, capacidad de adaptación y crecimiento inorgánico influirán en las valoraciones. Quizá no ha llegado aún el momento, la necesidad de crecimiento económico hace que las inversiones en economía real deban producirse a través de esta nueva economía con el objetivo de acelerar la misma; pero eso no quiere decir que algunas valoraciones y situaciones como las vividas estos últimos meses con algunas OPVs (demandas exageradas, precios muy por encima de rango) no deban hacer que nos planteemos determinados riesgos de valoración.

Hay que tener en cuenta la dinámica actual de unos mercados que favorecen la concentración

Tengamos también en cuenta la dinámica actual de unos mercados que favorecen aún más la concentración. La liquidez en factores, productos cuantitativos, algoritmos, etc. apoyan estos movimientos y nos llevan a mercados en los que los repuntes de volatilidad son cada vez más habituales. La falta de rentabilidad en los activos hace que, en la búsqueda de la misma, se asuma un mayor riesgo al apalancarse en tendencias. Si pensamos en los próximos movimientos, deberíamos tener en cuenta a qué otras áreas, si hay estabilidad, deben favorecer los cambios una vez implementados; quizá la inversión debería plantearse una creciente rotación.

Por último, invito a pensar sobre los niveles alcanzados por los tipos de interés. Llegados a este punto, deberíamos analizar cada vez más cuáles son los riesgos a futuro de un mercado en el que se concentra una parte muy importante del ahorro, tanto de gobiernos como de familias a nivel global, siendo además la mayor fuente de financiación existente tanto para países como para empresas.

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