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Inercia y 'shocks', no infravaloremos los cambios
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Ángel Blanco

Visión Alternativa

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Inercia y 'shocks', no infravaloremos los cambios

En mercados, los 'shocks' suelen producirse ligados a situaciones no esperadas que rompen las expectativas creadas en torno a un activo

Foto: Un panel con datos en el Banco de Seúl. (Reuters)
Un panel con datos en el Banco de Seúl. (Reuters)

Por otro lado, en el estudio de las ciencias de la organización, se define la inercia cognitiva como "la tendencia de las creencias o conjuntos de creencias a perdurar desde que se forman". En particular, la inercia cognitiva describe la inclinación humana de confiar en supuestos familiares y exhibir una reluctancia o inhabilidad de revisar tales suposiciones, incluso cuando la evidencia ponga en duda su precisión. Se considera la inercia cognitiva como una barrera psicológica para el cambio organizacional. Esta idea está relacionada con ideas similares en los campos de la psicología social y teoría de decisión conductual.

El miedo a perder la tendencia, en un mercado diseñado al valorar por 'benchmarks', determina un aún mayor temor a perder la tendencia

Al analizar la evolución de las tendencias en los mercados financieros, podemos hablar también de la importancia que tiene la inercia en su definición física, aceptando la liquidez como la fuerza que, ante una situación concreta, apoya el funcionamiento de la tendencia, manteniéndose mientras que no hay una fuerza contraria que logre cambiar su evolución de movimiento. Teniendo además en cuenta que los mercados están en gran medida basados en expectativas y creencias sobre cómo podrían ocurrir los acontecimientos futuros e influir en la economía y las valoraciones de las empresas, podemos ver la influencia que en ellos tiene la denominada inercia cognitiva.

Sin duda, la rapidez a la hora descontar de los mercados debería hacer que la inercia estuviera permanentemente en riesgo, ante la necesidad de replantearse continuamente las decisiones por la actualización continua de información. Sin embargo, el hecho de que las grandes tendencias económicas determinen un alto porcentaje de la valoración aumenta la importancia de la inercia como fuerza.

El 'trade' de recuperación

El riesgo estaría vinculado al momento en que pudiéramos hablar de cambio de fuerzas. Cambio entre aquellas que han generado el movimiento inicial, pasando a un movimiento por inercia, y cambios en la tendencia principal, que determinan un movimiento distinto. Mi sensación es que en muchas ocasiones nos dejamos mover por la condición de confiar en los supuestos y hacer revisiones de suposiciones sobre la base de una tendencia que llega a considerarse estructural, exigiendo confirmaciones básicas, alimentando así su fortaleza, pero también su riesgo. El miedo a perder la tendencia, en un mercado diseñado al valorar por 'benchmarks', determina un aún mayor temor a perder la tendencia, aumentado el riesgo de la misma.

Si nos centramos en los últimos movimientos vistos en mercado, no podemos dudar de que hay cambios sustanciales en algunos de los conductores fundamentales como son la inflación, los tipos de interés o la adecuada implementación de las políticas económicas y fiscales, o los riesgos de tener economías con elevados niveles de deuda, habiéndose unido recientemente el riesgo de eliminación parcial de medidas ('tapering'), que, en algún momento, como es lógico, debemos esperar que se produzca.

Considero que este sí es un claro ejemplo de cómo el punto de inflexión solo se produce cuando la noticia influye directamente en la base

Apoyándose en su inercia, o alimentando la misma, el mercado sigue concentrado en dos tendencias principales de largo plazo, la digitalización junto a un mundo de bajos tipos de interés, y una de más corto plazo, la recuperación pospandemia. El 'trade' de recuperación y el de sectores ligados a la nueva economía siguen liderando sobre la base de un entorno esperado de alto crecimiento, estabilidad económica y bajos tipos de interés reales.

Pero los riesgos existen, empiezan a influir como fuerza que puede parar la inercia, si bien, aunque ponderen, es difícil que se produzca un cambio significativo mientras su peso no aumente, lo cual puede ocurrir de forma calmada, una vez que la tendencia principal se entienda descontada, o abruptamente, si por cualquier situación el peso de cualquiera de estos 'ruidos' pasa a liderar la tendencia.

Situaciones como la mera insinuación al 'tapering' por parte de la Fed obligan a replanteamientos, como ya pasó ante el incipiente incremento de la inflación. Las últimas declaraciones de Yellen también determinaron dudas, si bien, por ahora, no están suponiendo un punto claro de inflexión. Quizá la fuerte caída de criptomonedas vista estos últimos días, con bitcoin y ethereum llegando a registrar pérdidas desde máximos de hasta el 50%, tras la prohibición de China de utilizar estas como medio de pago, pueda implicar un cambio, aunque parece que de momento solo influirá sobre los propios criptoactivos y empresas de alta correlación a los mismos. Considero que este sí es un claro ejemplo de cómo el punto de inflexión solo se produce cuando la noticia influye directamente en la base.

Foto: Joe Biden, presidente de EEUU (Reuters)

El estado de 'shock' se define como: "Una respuesta psicológica que aparece como consecuencia de la experimentación de un suceso traumático. Es una respuesta en la que surgen emociones muy fuertes que conllevan a una respuesta física espontánea de lucha, huida o bloqueo". En mercados, los 'shocks' suelen producirse ligados a situaciones no esperadas que rompen las expectativas creadas en torno a un activo. No creo, ni mucho menos, que estemos ante este riego, pero sí creo que es interesante recordar de vez en cuando la importancia que tiene analizar el riego y evitar la complacencia. El crecimiento está aquí, la estabilidad se sigue manteniendo como entorno más creíble y es clave para el equilibrio, pero no olvidemos ni infravaloremos el resto de los datos, especialmente aquellos que sabemos que, en algún momento, van a llegar y ya están llegando.

Por otro lado, en el estudio de las ciencias de la organización, se define la inercia cognitiva como "la tendencia de las creencias o conjuntos de creencias a perdurar desde que se forman". En particular, la inercia cognitiva describe la inclinación humana de confiar en supuestos familiares y exhibir una reluctancia o inhabilidad de revisar tales suposiciones, incluso cuando la evidencia ponga en duda su precisión. Se considera la inercia cognitiva como una barrera psicológica para el cambio organizacional. Esta idea está relacionada con ideas similares en los campos de la psicología social y teoría de decisión conductual.

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