La alarma en el sector del automóvil en España tras el 'boom' del coche eléctrico

El sector industrial del automóvil empieza a mostrar claras señales de alarma. En los cuatro primeros meses del año la producción de vehículos se ha reducido y no hay ayudas como en Europa

Foto: En la planta de Volkswagen en Landaben se fabrican el Polo y el T-Cross y se exporta el 90% de su producción.
En la planta de Volkswagen en Landaben se fabrican el Polo y el T-Cross y se exporta el 90% de su producción.

El sector industrial del automóvil en España empieza a mostrar claras señales de alarma. En los cuatro primeros meses del año la producción de vehículos se ha reducido un 5,5% y lo peor es que en los últimos dos meses la tendencia se agudiza. En abril, la caída de la producción ha llegado al 16,3%, mientras que entre marzo y abril se han dejado de fabricar 44.687 vehículos, si comparamos las cifras de producción con los mismos meses de 2018.

Sin duda hay un problema grave, porque el sector del automóvil supone el 10% del PIB español y porque también las ventas de coches nuevos siguen cayendo mes tras mes. Poco a poco, se van asignando nuevos modelos a las fábricas españolas, pero hace muchos meses que no se toma ninguna medida para fomentar el crecimiento tanto de la producción como de la venta de coches nuevos, lo que serviría en parte para solucionar el problema.

Cuando se habla del coche eléctrico, y de su situación complicada en España, hay que hablar también de las grandes diferencias que hay entre las ayudas y las infraestructuras que se están instalando en otros países de nuestro entorno y las que se ponen en España, casi cero. Todavía no se han terminado de poner en marcha estas ayudas del plan Moves, repartidas por comunidades y con unas cantidades ínfimas respecto a las de otros países, pero ya están agotadas.

El parque de vehículos español es uno de los más viejos de Europa, solo por detrás de Grecia, y con una edad media que ya alcanza los 12 años. Eso tiene graves problemas para la contaminación de nuestras ciudades y para la seguridad vial, pero parece que todo eso no le importa a nadie en nuestra administración.

No toda la culpa de la reducción de la producción es de España, ya que parte del descenso de las cifras de fabricación y de exportación se debe a la debilidad de los mercados exteriores a los que van nuestros coches, básicamente Alemania, Reino Unido, Francia o Italia. Pero la debilidad de nuestro mercado sin duda no ayuda a solucionar el problema. Tampoco lo hace la incertidumbre real de los ciudadanos a la hora de decidir qué tipo de coche deben comprar.

Más impuestos

En los principales mercados de nuestro entorno, Alemania, Reino Unido, Francia o Italia, solo se paga el IVA a la hora de adquirir un vehículo nuevo. Sin embargo, en España se paga otro impuesto adicional al IVA, el de Matriculación. Hace años se puso en marcha una graduación en el tipo impositivo de este último gravamen de manera que los coches menos contaminantes no pagaban dicho impuesto.

Los coches de menos de 120 g/km de CO2 están exentos, los que tienen unas emisiones entre 120 y 160 g/km pagan el 4,75%, mientras que los comprendidos entre 160 y 200 g/km pagan el 9.75 %. Por último, los que superan esta cifra de 200 g/km pagan el máximo, el 14,75%. Durante años la mayoría de los vehículos, los pequeños y compactos con motores poco potentes, no pagaban este impuesto adicional.

Pero ahora lo pagan casi todos los coches nuevos. Con ello ha subido el tipo impositivo de los vehículos, lo que nuevamente ha servido para reducir aún más la demanda. La causa es que los diesel emiten menos CO2 que los coches de gasolina pero con la demonización del diésel ahora más del 60% de los coches vendidos en España son de gasolina, lo que hace que emitan al menos un 20% más a igualdad de vehículo.

A esto se añade que ahora los usuarios tienen la obsesión de comprar vehículos todocamino, más grandes y pesados y también con peor aerodinámica, lo que hace que consuman y emitan más CO2. Y por si fuera poco, hay un tercer factor importante. Antes, por la normativa vigente en Europa, las pruebas de homologación se hacían en un laboratorio, pero ahora son pruebas en conducción real, por lo que el mismo coche ahora emite un 20% más que antes, siendo exactamente el mismo vehículo. Ese cambio en la normativa, como siempre, lo paga el consumidor, el que compra el coche y paga los impuestos.

¿Qué se puede hacer para tratar de solucionar un grave problema de la economía española, como es el sector industrial del automóvil? Creo que la respuesta es bastante fácil: solo hay que hacer lo mismo que los países de nuestro entorno. Invertir de cara al futuro, apoyar un plan de renovación de vehículos o una plan de compra de vehículos eléctricos. Pero no con 4 o 5 millones de euros para repartir entre ventas de coches, ventas de equipos de recarga, instalaciones de supercargadores, ayudas a las compañías eléctricas, coches de gas natural, bicicletas eléctricas, patinetes, etc...

1.200 millones de euros para apoyar las ventas de coches eléctricos en Reino Unido, 1.000 millones de euros en Alemania, 300 millones anuales en Francia. Y en España, el plan Moves, dotado con 45 millones de euros, que todavía no han terminado de implementar algunas comunidades autónomas. Unas ayudas previstas desde el año 2017, pero que hasta ahora no se habían aplicado. Los demás países buscan soluciones y las aplican. Nosotros solo decimos que estamos trabajando en buscar las soluciones, pero éstas nunca llegan.

Automaníacos
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