La crisis que se ha inventado Europa para matar al automóvil

Durante los últimos tiempos la venta de coches tanto en España como Europa ha caído y se espera que lo siga haciendo. El coche eléctrico, un motivo más para su descenso

Foto: Las ventas de coches bajan en toda Europa y en España, lo mismo que las exportaciones de vehículos españoles.
Las ventas de coches bajan en toda Europa y en España, lo mismo que las exportaciones de vehículos españoles.

No había crisis en el sector del automóvil en Europa, no la había en otros mercados internacionales, pero los europeos nos la hemos inventado. Cambiamos unas normas de homologación que han estado vigentes durante más de 30 años, que por cierto eran unas normas absurdas, e inventamos unas nuevas con las que la industria europea del automóvil va a sufrir mucho. Por si todo esto fuera poco, también ponemos en marcha una guerra psicológica y mediática contra el diésel a nivel europeo.

El resultado no puede ser peor en todos los sentidos: por un lado aumentan las emisiones de CO2 de los coches nuevos. Las emisiones medias de dióxido de carbono (CO2) de los automóviles comercializados en la Unión Europea (UE) durante el año pasado se situaron en 120,6 gramos por kilómetro, un 1,8% más en comparación con las cifras del ejercicio anterior. Y si se analizan solo las del mercado español, el incremento de emisiones en los coches vendidos en 2018 fue de un 2,7%.

También aumenta el coste de utilización de los vehículos. Solo hay un punto positivo y es que los gobiernos recaudan más impuestos porque los coches de gasolina consumen más y porque los impuestos que gravan la gasolina son también más altos que los del diésel.

La tan cacareada descarbonización de Europa lo único que ha hecho ha sido que los nuevos coches que se matriculan en la UE emitan más CO2 y consuman más carburante que los anteriores. Es decir que me planteo el ambicioso objetivo de bajar las emisiones de CO2, pero en realidad lo que consigo es que suban. Y nuestros dirigentes europeos siguen inventando nuevas ideas brillantes, por lo bien que lo han hecho.

Europa hace una apuesta muy fuerte por el coche eléctrico, pero las ventas de coches eléctricos suben mucho menos de lo previsto por las autoridades comunitarias. Esas autoridades, que viven tan a gusto en Bruselas sin importarles lo que le ocurra a los ciudadanos europeos de a pie. En Bruselas solo quieren más impuestos y más multas a los ciudadanos y las empresas, porque ellos viven muy bien de eso.

Apoyar tanto el coche eléctrico cuando Japón, Corea, China y Estados Unidos ya dominan en ese mercado del vehículo eléctrico y Europa está a la cola de todos ellos, también parece un poco absurdo. Las cabezas pensantes de Bruselas, aunque creo que piensan poco, más allá de cómo cobrar sus dietas y sus sueldos, han pensado ahora que hay que posicionarse como líderes mundiales en la producción de baterías. Pero las otras regiones llevan años apostando por esta tecnología, investigando e invirtiendo grandes cantidades de dinero. Europa cree que si se juntan las cuatro cabezas pensantes e inventan un plan, ya pueden pasar por encima al resto del mundo.

Volskwagen es una de las marcas al día con los coches eléctricos. (EFE
Volskwagen es una de las marcas al día con los coches eléctricos. (EFE

Trump y la UE

Europa no ha debido pensar que poco a poco se está desmantelando la única industria fuerte que le quedaba al viejo continente, la de la automoción. Donald Trump dice muchas cosas absurdas, pero la economía de Estados Unidos vive el mejor momento de su historia y poco a poco los fabricantes europeos aumentan su producción en las plantas norteamericanas y reducen la producción en Europa. Las autoridades comunitarias no dicen ni una palabra en torno a este tema, solo hablan del Brexit pero cada día con un argumento diferente, y nada de cómo va a mantenerse una industria como la del automóvil, pilar fundamental de la economía europea.

En realidad no hablan de nada, son muy discretos, ni una palabra de inmigración, un grave problema, tampoco de por qué se va a continuar subvencionando hasta 2025 la producción de electricidad quemando carbón. Ahí van los impuestos de los ciudadanos europeos, a pagar un plus al carbón de Alemania y Polonia. O a pagar los trenes de alta velocidad fabricados en Alemania, otra apuesta clave para Bruselas. Pero sobre la industria del automóvil ni una sola palabra.

Volvo antes fabricaba todos sus coches en Europa, pero con su nuevo plan de crecimiento, que le llevará a hacer 800.000 coches cada año (ya supera los 650.000), va a fabricar más de la mitad de su producción en China y en Estados Unidos. Mercedes, Audi o BMW aumentan su producción en las plantas norteamericanas y la reducen en Europa. El Smart, que siempre se fabricó en una planta francesa ya se ha ido de Europa y desde la próxima primavera se hará en exclusiva en las plantas chinas de Geely para todo el mundo. La marca japonesa Honda va a cerrar su fábrica en Europa y otras marcas como Toyota, Nissan o Suzuki lo están estudiando.

El futuro de la UE es tan negro como el carbón alemán. Y el de España está en esa misma línea. España es el segundo fabricante europeo de automóviles, el sector del automóvil supone el 10% del PIB de España y es el pilar principal de la industria española. Pero parece que a nuestras ministras lo que les mola es que no se vendan coches, porque contaminan y está mal visto.

Estas son las cifras que demuestran la grave crisis del sector de automoción, que les repito supone el 10% del PIB español. El superávit comercial del automóvil en España se desploma un 31% en el primer semestre hasta situarse en 1.938 millones de euros. En esta cifra de la industria de automoción se incluyen los datos de fabricantes de automóviles, motocicletas y componentes. Por lo que respecta a las exportaciones del sector automovilístico, descendieron un 5,7% en el semestre. Y ahora llega la segunda fase de las nuevas homologaciones, el procedimiento WLTP aún más estricto con pruebas en conducción real, con lo que las ventas van a bajar más en los próximos meses.

Lo peor de todo es que a nadie en el Gobierno en funciones de Pedro Sánchez parecen preocuparle estos datos mucho y, por lo que he podido leer de las noticias que llegan de Bruselas, tampoco es un problema prioritario para el nuevo ejecutivo comunitario, el buscar soluciones para la industria automovilística.

Automaníacos
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