El grave problema de Europa con su obsesión con el automóvil

Europa tiene un grave problema con el sector del automóvil, pero no porque produzca una elevada contaminación sino porque los políticos han decidido que sea el

Foto: Campa de la fábrica del Grupo PSA en Vigo de donde cada día salen más de 2.000 coches.
Campa de la fábrica del Grupo PSA en Vigo de donde cada día salen más de 2.000 coches.

Europa tiene un grave problema con el sector del automóvil, pero no porque produzca una elevada contaminación sino porque los políticos han decidido que sea el chivo expiatorio de todos los graves errores de la política europea. La solución a la economía, a la contaminación de las ciudades, al cambio climático, siempre pasa por limitar los coches. Cuando hay un problema siempre surge una cortina de humo con una mayor restricción de las emisiones. Hasta ahora, estaba prevista una rebaja del 37,5%, para 2030 respecto a las cifras de 2021, pero como los datos demuestran que no se va a poder cumplir ese límite, en lugar de tratar de solucionar las causas, se aumenta la restricción hasta un 55% de rebaja de las emisiones.

Una de las claves de la mala gestión europea son las tensiones entre los diferentes organismos europeos, nada menos que ocho. Parlamento Europeo, Comisión Europea, Consejo Europeo y Consejo de la Unión Europea, a los que se suman el Tribunal de Justicia de la UE, el Banco Central Europeo, el Tribunal de Cuentas Europeo y el Servicio Europeo de Acción Exterior. Todos ellos tienen que decir que hacen cosas, porque de lo contrario para qué sirven. Cuando se habla de coches, tan pronto es el Parlamento, como la Comisión o los consejos los que opinan, debaten y legislan sobre el automóvil.

Pero al final todo pasa por reducir las emisiones del automóvil, porque los ciudadanos europeos compremos muchos coches eléctricos, mientras que para ellos, su único objetivo es proteger sus puestos de trabajo. Pero no se meten con otras industrias, las calderas de las casas, la aviación o la navegación marítima.

Europa se enfrenta a un grave problema y es que el 15 % del empleo de la Unión Europea depende, directa o indirectamente, del sector del automóvil, al que las distintas instituciones con sede en Bruselas han decidido complicar la vida. El Brexit va a suponer un montón de problemas, en todos los sentidos, tanto para Europa como para el Reino Unido.

Pero en lo que al sector del automóvil se refiere, y según un estudio realizado por ACEA, las pérdidas si no se llega a un acuerdo con el Brexit podrían suponer 52.800 millones de euros de pérdidas para las compañías de Reino Unido y 57.700 millones para los fabricantes europeos. Todo ello como consecuencia de una pérdida de 3 millones de coches fabricados en los próximos cinco años por el incremento de los aranceles en los coches de un 10%. Una cifra añadida a los 3,6 millones de vehículos que se han perdido ya este año por la pandemia.

Brexit

Sin embargo, los políticos de Bruselas no están haciendo absolutamente nada por conseguir un acuerdo con el que reducir esas pérdidas. Para Bruselas parece que el único problema es reducir las emisiones de los coches. Lo demás da igual. Que los aviones contaminan mucho, bueno pero Europa depende cada día más del turismo. Los políticos europeos se llenan la boca del concepto "hay que reindustrializar Europa" pero una potente industria como la del automóvil, que invierte cada año más de 60.000 millones de euros en I+D+I, la están matando cada día.

Se imaginan por un momento que a los fabricantes de calderas para las casas les impusieran fuertes multas si los clientes no compran calderas eléctricas, por ejemplo. Pues con los automóviles eso es lo que hacen. A los fabricantes no les obligan a tener una amplia gama de versiones eléctricas, híbridas, de gas natural o de hidrógeno, que sería lo razonable. Les obligan a que los coches que compren los ciudadanos cumplan con unas emisiones mínimas. Y la única manera de lograrlo es con coches eléctricos, híbridos o de hidrógeno. Pero no hay ni un solo punto abierto al público para recargar hidrógeno en España, por ejemplo.

Con las cifras cerradas a 30 de agosto, en el canal de particulares se han vendido en España 1.100 vehículos eléctricos en todo el año. En ese mismo periodo de tiempo el canal de empresas ha vendido otras 6.600 unidades de este tipo. Es decir, que el mercado de coches eléctricos está inflado con los que compran las compañías eléctricas para sus flotas de vehículos y los de concesionarios y fabricantes para conseguir cumplir con la norma de los 95 g/km de límite de emisiones en 2020.

Eso es un grave error. Lo que hay que hacer es desplegar todas las medidas necesarias para facilitar que los clientes decidan libremente comprar un coche eléctrico. Lo que no se puede hacer es multar a los fabricantes porque los ciudadanos todavía no ven viable tener un coche eléctrico. Eso es lo que hace Bruselas y cada día tensa más la soga sobre el cuello de los fabricantes. Consecuencia, Infiniti se fue de Europa y pronto lo hará Mitsubishi. Además, Nissan y Honda dejarán de fabricar coches en Europa.

Las causas por las que los ciudadanos no compran un coche eléctrico son, básicamente, la falta de infraestructura, el precio más alto de un coche eléctrico y las limitaciones que provoca la escasa autonomía que todavía ofrecen los vehículos. Lo que hay que solucionar es eso y no multar a los fabricantes, porque, al menos en esto, no tienen la culpa.

Europa tiene un grave problema, que es parecido al de España pero multiplicado. En España tenemos un gobierno central y 17 comunidades que cada una aplica sus medidas propias. El mejor ejemplo es el Plan Moves, que supuestamente ya está en marcha, pero que todavía hay seis comunidades que no lo han aplicado a pesar de que ya ha prescrito el plazo para su aplicación. Un 20 % del presupuesto se ha perdido, salvo que se haga una moratoria.

En Europa hay 27 países y cada uno tiene sus propias ideas en cuanto a cambio climático, impuestos, sector de automoción, aviación o movilidad... Si a eso sumamos que al frente de la UE hay ocho organismos diferentes, con miles de funcionarios decidiendo cada uno para defender sus intereses propios, el resultado es caótico.

Automaníacos
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