Europa y el coche eléctrico que se mueve quemando carbón y gas
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Carlos Cancela

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Europa y el coche eléctrico que se mueve quemando carbón y gas

Los dos países europeos que más coches eléctricos compran, Alemania y Países Bajos, emitieron más de 80 millones de toneladas de CO2 hasta junio para producir electricidad

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En las ciudades cubanas son frecuentes los coches norteamericanos de los 50.

Europa ha decidido que en 2035 solo se podrán comprar coches eléctricos o de hidrógeno. Una medida demasiado estricta si se analizan los puntos de recarga disponibles en la Unión Europea, y también en España. Pero hay un problema aún más grave, mucho hablar del coche eléctrico cero emisiones, pero hasta junio la Unión Europea tuvo unas emisiones de 226 millones de toneladas de CO2 provocadas solo por la producción de electricidad a partir de carbón o de gas natural, según un informe de la consultora británica Ember.

Algunos dicen que con la política actual que lleva el Gobierno de Pedro Sánchez, España se puede convertir en unos años en la Venezuela de Europa. Pero en lo que al automóvil se refiere, creo que España se está pareciendo cada día más a Cuba. Allí los coches que circulan son en su mayoría vehículos norteamericanos de los años 60 reconstruidos de manera artesana. Aquí, en España, la edad media del parque ya supera los 13 años y con la obsesión por hacer que todos los coches sean eléctricos, esa edad va a ir creciendo rápidamente.

Es una política impuesta por la Unión Europea, la de que en 2035 ya no se vayan a poder vender en el territorio de la UE coches que no sean 100 % eléctricos o de hidrógeno. Es una decisión arriesgada, muy importante, que requiere un plan para conseguir ese ambicioso objetivo. Pero en este caso no hay más plan que obligar a los fabricantes de automóviles a vender en Europa solo coches eléctricos o de hidrógeno. El resto, que los seguirán haciendo, los venderán fuera de Europa.

Está bien que se obligue a los fabricantes a tener una gama de productos adaptada a las nuevas tecnologías y a los tiempos modernos, con modelos cada vez menos contaminantes y con el objetivo, a largo plazo, de que sean todos cero emisiones. Pero lo que no se puede obligar es a que los ciudadanos compren una tecnología para la que no hay infraestructuras de recarga y que es más cara que la anterior.

Un coche eléctrico es más agradable de conducir, más sencillo y sobre todo más ecológico, al menos en su utilización. Pero no es menos cierto que requiere un entorno completamente distinto a lo que hemos tenido hasta ahora con el coche, ya llevamos cien años de experiencia. Ahora necesitamos un punto de recarga cada día o al menos dos o tres veces por semana. Y eso en un país en el que más del 70 % de los coches duermen en la calle es algo complicado de conseguir de forma rápida.

Que en Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia se limite la circulación en el centro de la ciudad a los vehículos eléctricos y que solo estos modelos puedan entrar en el núcleo central es bastante razonable. Pero se imaginan cuánto tiempo vamos a tardar para que en una aldea gallega, en un pueblecito perdido de la Extremadura profunda, en la región de las Hurdes o en un puerto de montaña aislado tengamos 4 o 5 puntos de recarga de al menos 150 kW.

Zonas aisladas

Es decir que en todas esas aldeas, ciudades pequeñas o incluso fincas en las que no hay posibilidad de conectar una red eléctrica muy potente seguirán circulando los coches diesel o de gasolina. Allí, en esos recónditos lugares, no habrá problema de contaminación pero si habrá que conseguir un coche para garantizar la movilidad. Es decir, que poco a poco el parque de vehículos térmicos va a seguir envejeciendo y se alargará su vida útil, como en Cuba.

Cada vez habrá coches mucho más viejos, peor reparados y más contaminantes, circulando por nuestras carreteras. Y poco a poco seremos la Cuba de Europa en cuanto al tráfico. Y exactamente lo mismo va a pasar en Polonia, Lituania o Letonia donde las infraestructuras de recarga son realmente mínimas, o en los pueblecitos de Grecia o en sus islas. Europa y España quieren ponerse la etiqueta de cero emisiones pero lo que vamos a tener son coches cero de seguridad y de máxima contaminación.

Porque hay otro problema, los ciudadanos que ahora tienen 50/55 años y acaban de comprar un coche con motor térmico, no tengo muy claro que cuando cumplan 60 o 65 años quieran dar el gran cambio de su vida y apostar por un coche eléctrico. Sobre todo a la espera de su jubilación. Esos clientes solo querrán mantener sus coches viejos, los de siempre y habrá un tráfico de coches viejos mucho mayor que el actual.

Quiero recordarles que solo el 1,96 % de los coches vendidos en España en el primer semestre es eléctrico y una parte de esos vehículos son automatriculados por las marcas y los concesionarios para no pagar las multas de la Unión Europea. Pero posteriormente esos coches eléctricos "españoles" se están exportando como usados a Noruega y otros mercados, en los que si hay demanda de coches cero emisiones.

placeholder Emisiones de CO2 hasta junio para producir electricidad.
Emisiones de CO2 hasta junio para producir electricidad.

Y queda otro problema añadido con la forma de producir electricidad. En Alemania han saltado todas las alarmas, porque cada día se produce más electricidad quemando carbón y gas natural, única forma de sustituir, de momento, la producción de las centrales nucleares que se están cerrando para ser "más ecológicos".

En los primeros seis meses Alemania soltó a la atmósfera 65 millones de toneladas de CO2, Turquía 50 y Polonia otros 42 millones de toneladas, mientras que las emisiones de CO2 provocadas por la UE para producir electricidad alcanzaron hasta junio los 226 millones de toneladas, según el informe de la consultora londinense Ember. Mientras la energía eléctrica no sea 100% renovable, el coche eléctrico no es la solución definitiva y tampoco es cero emisiones.

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