Un siglo después, el senado y los años de Marie Mattingly

Tenía 18 años cuando fue corresponsal en 'The Denver Post'. Entrevistó a Benito Mussolini cuatro veces y rechazó una entrevista con Adolf Hitler

Foto: Marie Mattingly Meloney en el centro
Marie Mattingly Meloney en el centro

Abducida por la política, enganchada al 'impeachment' que ya ha comenzado su fase en el Senado y con la homilía del viernes de Val Demings, ahora se cambia de pista, y el circo tiene nuevo escenario y nuevos protagonistas. La cámara alta y su mármol antiguo va a ser donde se juegue la última partida de esta timba trucada. Las cosas no deben estar tan claras para los republicanos, porque de manera bastante poco prudente me mandaron un email para cancelarme un encuentro con un senador, alegando que mientras dure el 'trial' tienen que estar todos en Washington y no pueden perderse ninguna sesión.

Yo no hubiera dado tantos detalles, pero así, leyendo respuestas inocentes, se acaban sabiendo cosas trascendentes. Y es que los indecisos, como siempre, se han convertido en el foco de todos los medios de comunicación. Una realidad que parecía escrita, hoy se ha convertido en una duda razonable a la espera de que puedan salir nuevas informaciones o se hagan realidad los deseos de los demócratas en la votación final.

Al intentar comprarlo me dijeron que ese ejemplar estaba de exposición y que tenía que esperar unos días. Nada más irritante

Sea como fuere, la cámara alta vive su momento. Y en medio de estas tribulaciones americanas que me torcieron ese desayuno por el que llevaba tiempo esperando, caminaba hace unos días por la Quinta Avenida. A toda prisa y antes de morir congelada vi en el escaparate de Barnes and Noble un libro con una portada de una señora en blanco y negro, una medio sonrisa elegante pero no especialmente guapa. De fondo, la bandera americana. El título: 'American Queenmaker: how Missy Meloney brought women into politics'.

Portada del libro sobre Marie Mattingly Meloney
Portada del libro sobre Marie Mattingly Meloney

Hay portadas y escaparates que son como un imán y te hacen girar la cabeza o no. Esta, me metió dentro de la tienda casi de una manera brusca porque no soy especialmente fan de las visitas físicas a los comercios. Por mucho que sea Nueva York, los grandes espacios significan sí o sí mucha gente, pocos empleados y música de consulta de dentista de Kenny G. No lo soporto.

Al intentar comprarlo me dijeron que ese ejemplar estaba de exposición y que tenía que esperar unos días. Nada más irritante. Luego todo el mundo echa pestes de Amazon, pero yo no estoy diseñada para la espera, y menos para la indefinición de "unos días" y menos, si cabe, para comprar un libro. No es cuestión solo de impaciencia, pero que no tengan varios ejemplares y que haya que encargarlos como si fuera una tarta de trufa, pues me disculpan, pero eso va contra el progreso del que tanto se alardea hoy.

Así que al teclear el título y añadirle la palabra "express", en 24 horas lo tenía en mis manos. Confieso que no leo igual de rápido en inglés que en español. Y eso me gusta. Tardo más, pero leo el doble. Y es que las letras que hablan de este país son historias que empezaron, como en este caso, en aquellos llamados locos años 20 y los leemos un siglo después porque nadie antes lo había escrito. Nadie había juntado los retales de la vida de Marie Mattingly Meloney hasta hace una semana. Y a saber cuántas historias estarán escondidas entre los cimientos de este país. Agradecimientos que no se han hecho. Tributos que no se han contado.

El día de su muerte 'The New York Times' publicó en su obituario que fue una de las pioneras del triunfo de las mujeres en el periodismo

El día de su muerte 'The New York Times' publicó en su obituario que fue una de las pioneras del triunfo de las mujeres en el periodismo. La mujer frágil, de cabellos grises y delgada, con 16 años ya era reportera en Washington y más tarde se convirtió en los primeros ojos de mujer que escrutaban los procedimientos del congreso y el senado estadounidense. Tenía dieciocho años cuando fue corresponsal de 'The Denver Post' y fue una de las primeras mujeres autorizadas para un puesto en la sala de prensa del Senado. Le costó sudar tinta conseguir su acreditación. Entrevistó a Benito Mussolini cuatro veces y rechazó una entrevista con Adolf Hitler. Así. Tal cual. A principios de la década de 1920, Missy Meloney como la llamaban, entonces ya casada, fue editora de la revista 'The Delineator', y en 1927, pasó a serlo de la revista dominical del 'New York Herald Tribune'.

Fue amiga de Marie Curie, la acompañó en sus viajes e hizo reportajes sobre ella. Ambas, madres, una experimentando con el radio, la otra contándolo. Mujeres que con el apoyo de sus maridos fueron estrellas que brillaron en medio de tiempos de guerra, convulsos, de enfermedades, pobreza y de muchos prejuicios. Aquellos años de baile, desastres económicos y muchas plumas. Las mismas que ayer llevábamos varias mujeres en la fiesta de cumpleaños que celebró por todo lo alto una rubia espectacular, que además es amiga mía. Estamos en 2020 y allí, abogadas, oncólogas, madres, arquitectos… con muchos collares de perlas, guantes negros y copas de 'champagne' imitamos al Gran Gatsby, pero sin saberlo estábamos siendo lo que ella hubiera pensado para el futuro.

Han pasado demasiados años desde que aquella joven periodista de Kentucky se atreviera a contar la política de un mundo de hombres

Fue Eleanor Roosvelt la que escribió estas palabras tras su muerte en 1943: "Una nunca sale deprimida de ver a 'Missy' Meloney. Si a veces estoy cansada y pienso que quizás no sirve de nada luchar por cosas en las que creo contra una oposición abrumadora, la idea de lo que ella diría me impide ser una vaga. Ella creía que las mujeres tenían un papel importante que desempeñar en el futuro. No solo ayudó a mujeres como Marie Curie, que eran grandes personalidades, sino que ayudó a muchas personas pequeñas como yo a sentir que teníamos una contribución y una obligación de tratar de crecer".

Han pasado demasiados años desde que aquella joven periodista de Kentucky se atreviera a contar desde la capital, la política de un mundo de hombres. No quiso que todo se quedara entre ellos y no permitió que le dejaran fuera de juego. Consiguió sentarse en el Senado, y escribir sobre Estados Unidos. Hoy por fin, han escrito sobre ella.

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