Ahora todos somos keynesianos
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Ahora todos somos keynesianos

Wall Street sufrió fuertes pérdidas esta semana después de que el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, respaldara las nuevas medidas fiscales del gobierno de George W.

Wall Street sufrió fuertes pérdidas esta semana después de que el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, respaldara las nuevas medidas fiscales del gobierno de George W. Bush. Los norteamericanos más conservadores se preguntan si Wall Street teme una vuelta a la estagflación de los años 70.

Estados Unidos vuelve a estar ante las puertas de la recesión y, como ya ocurrió en la última crisis de 2001, economistas y políticos, tanto republicanos como demócratas, están de nuevo de acuerdo en que la reactivación artifical del consumo por parte del gobierno es el único remedio para recuperar la salud de la economía norteamericana.

Es por ello que el gobierno de Bush procederá en breve a implementar una serie de políticas fiscales de carácer temporal destinadas a incentivar el consumo de las familias de clase media y baja y, en menor parte, la inversión de las empresas.

Como respuesta a estas políticas, el Wall Street Journal publicó un editorial el viernes pasado titulado, “Ahora todos somos Keynesianos” eligiendo la célebre frase que pronunció Richard Nixon en 1971. En contra de las teorías del economista John M. Keynes, que pusieron de moda la intervención fiscal de los gobiernos para acelerar el consumo en épocas de crisis, el periódico conservador atacó el paquete de medidas fiscales de Bush, y, más aún, el hecho de que Bernanke lo respaldara.

“Pensábamos que el ciclo económico de 1971 era diferente al actual, pero después de la intervención de Bernanke de ayer no sabemos muy bien en qué década nos encontramos,” escribió el Wall Street Journal.

Al igual que los editores del Wall Street Journal, la irritación del presentador de la CNBC, Lawrence Kudlow, uno de los pocos economistas que aún mantiene la necesidad de regir a la economía por los principios de la productividad y no del consumo, crecía por momentos. “Todo el mundo se centra en los consumidores norteamericanos,” protestaba Kudlow. “Pero ¿qué pasa con las industrias?”

Mientras que Bernanke apoyaba las ayudas públicas a las familias norteamericanas, la Reserva Federal de Filadelfia publicaba los nuevos datos de su Índice Industrial, el indicador más importante de productividad de Estados Unidos. En contra de las expectatias de los analistas, éste había descendido a –20.9, el nivel más bajo de los últimos 7 años.

Sin embargo, a juzgar por la opinión mayoritaria, las teorías de Keynes se presentan como la única escapatoria real a la recesión en Estados Unidos. Francesco Trebbi, profesor de economía de la Universidad de Chicago, dijo a Cotizalia que la moderación de las recesiones y de la volatilidad de los ciclos económicos de los últimos 20 años puede atribuirse a una intervencion cada vez más oportuna por parte de las autoridades fiscales y monetarias.

Lo mismo argumentó en el Financial Times el pasado 6 de enero, el famoso profesor de economía de la Universidad de Harvard, Lawrence Summers. En el editorial, Summers urgía al gobierno y al Congreso la puesta en marcha de un plan para reactivar el consumo de los norteamericanos.

“En los últimos años, la economía se ha mantenido más estable que a lo largo de la historia gracias a los mercados de crédito al consumo, que, ante una mala situación económica, han permitido a las familias continuar comprando, tirando de sus tarjetas de crédito o del valor de sus casas,” dijo Summers. Ahora, ante la crisis inmobiliaria y crediticia, el consumidor norteamericano sólo tiene al gobierno para poder mantener sus niveles de consumo.

En la crisis del 2001 similares políticas fiscales funcionaron con éxito porque había otras circunstancias a favor, como un floreciente mercado inmobiliario y una inflación controlada. Pero en la crisis actual, con una reducción de la productividad y una inflación galopante es lógico que los inversores contemplen la posibilidad de una estagflación, o ciclo de fuerte inflación y débil crecimiento económico.

Sólo el tiempo nos dirá si las medidas de esta semana son pan para hoy y hambre para mañana. Para entonces, los votantes ya habrán elegido a un nuevo presidente.

Wall Street Journal