Las cicatrices de Nueva Orleans

El 28 de agosto de 2005 Kimberly Rivers Roberts encendió su cámara de vídeo para grabar la llegada del peor huracán de la historia de Nueva

El 28 de agosto de 2005 Kimberly Rivers Roberts encendió su cámara de vídeo para grabar la llegada del peor huracán de la historia de Nueva Orleans. Rodeada de sus vecinos, inmortalizó desde los primeros azotes de la tormenta hasta la rotura de los diques al día siguiente, cuando el agua inundó el barrio más pobre de la ciudad. Desde el rugido del huracán en la oscuridad hasta la huida al tejado de su casa. La grabación sirvió de arranque para Trouble the Water, la obra que se llevó el Oscar al mejor documental el año pasado.

Roberts representa sólo uno de los muchos esfuerzos de ciudadanos locales para narrar la historia de Nueva Orleans, desde los días previos al huracán, hasta hoy.

1.800 víctimas, 300.000 desplazados y 20.000 ciudadanos que todavía no han regresado a la que fuera su ciudad son las cifras de la tragedia. Incalculable, pero no menos tangible, fue la sensación de un país que veía acercarse el desastre sin que reaccionaran las autoridades. Con la rotura de los diques que protegían Nueva Orleans se ahogó la actuación del gobierno local y estatal. Encharcada quedó la actuación del gobierno de Bush, lento en reaccionar.

Han pasado cinco años desde el paso del huracán Katrina por el Golfo de México de Estados Unidos y puede que el país no haya aprendido aún la lección. Al menos así lo sienten sus ciudadanos. El Centro Pew encontró esta semana que un 57 por ciento de los estadounidenses desconfían que las autoridades estén preparadas para afrontar una situación similar. La temporada de huracanes este año puede ser especialmente intensa en una zona que ahora, además, se recupera por el impacto del vertido de petróleo.

Son cinco años que también han servido para investigar y asignar responsabilidades. Los medios de comunicación norteamericanos preguntaban entonces por qué nadie había facilitado las labores de evacuación en una ciudad con una parte importante de la población sin recursos para abandonarla. Tanto antes como después del paso del Katrina. Ahora miran atrás intentando dibujar una versión completa de los hechos: desde la desigual distribución de las ayudas para reconstruir la ciudad hasta la actuación de las autoridades cuando cedieron los diques.

Especialmente intensa ha sido la labor del diario local Times Picayune, en colaboración con otras organizaciones como la cadena de televisión pública PBS o ProPublica. Cuando uno de sus reporteros, A.C. Thompson, viajaba en coche con un fotógrafo en los días posteriores al huracán, presenciaron un incidente entre la policía y tres jóvenes afroamericanos. Uno de ellos estaba tendido en el suelo, herido, en una postura que les hizo sospechar. Durante las dos semanas que siguieron al Katrina la policía disparó contra tantos ciudadanos no armados como un año cualquiera en Nueva Orleans. Thompson no quiso que el agua, una vez que desapareciera de las calles, se llevara la verdad de los incidentes. Lleva cinco años tirando del hilo en una investigación que acaba de arrojar a varios policías locales ante la justicia.

Investigaciones como la de estas tres organizaciones han arrojado luz sobre el caos vivido en Nueva Orleans. Desde la inundación de las oficinas centrales de la policía, dejando a todos los efectivos desconectados entre sí, al sufrimiento de clínicas y hospitales también afectados por el huracán, las inundaciones posteriores, la falta de electricidad y las altas temperaturas del golfo en esta época del año. El retrato de lo que ocurrió hace cinco años es también el reflejo del reto que afronta la ciudad de contrastes que es Nueva Orleans.

Los ciudadanos reconstruyen la urbe

Un proyecto de miles de millones de dólares terminará el año que viene los nuevos diques que envuelven Nueva Orleans, protegiéndola del lago Borgne, el río Misisipí y el Canal Industrial. Y si el Gobierno del entonces presidente Bush falló en la preparación ante el huracán, parece que son los ciudadanos locales de Nueva Orleans los que mejor han aprendido las lecciones del desastre. No quieren esperar. La falta de ayudas del estado ha empujado a vecinos y voluntarios a unir sus esfuerzos para reconstruir la ciudad. Con el mismo espíritu que le hizo famosa. Desde clínicas gratuitas hasta proyectos multimillonarios como Global Green, labor patrocinada por Brad Pitt, o Habitat for Humanity, que reconstruyen las miles de viviendas afectadas por la crecida del agua.

El impulso local y las nuevas ayudas aprobadas por el presidente Obama, que mañana visitará la ciudad para participar en las celebraciones del aniversario, no han sido suficientes para devolver a Nueva Orleans el rostro de antes. Hasta un 20% de la población no ha regresado. Sí han vuelto los músicos, la cultura y el carácter de una de las ciudades más simbólicas de Estados Unidos. Artistas como el director de cine Spike Lee, volcado con la ciudad, tomaron el relevo de artistas como la protagonista de Trouble the Water. Los documentales de Lee registran lo ocurrido hace cinco años y los pasos que ha dado la Big Easy para volver a ser la misma ciudad. Escritores locales y periodistas han invertido su tiempo en relatar anécdotas que van desde la muerte de ciudadanos de Nueva Orleans en el anonimato hasta tareas tan amplias como salvar el honor de tantos protagonistas de las imágenes que vio el resto del mundo por televisión.

El honor de esos ciudadanos locales es una de las heridas que, para muchos, quedan todavía por cicatrizar.

La llegada del huracán Katrina abrió un importante debate en Estados Unidos sobre cómo se informó acerca de la población local. Los medios de comunicación sufrieron muchas críticas por el retrato que hicieron de las víctimas. Hoy las escuelas de periodismo todavía debaten si tenía sentido hablar de supervivientes en busca de comida cuando éstos eran blancos, o de ladrones de supermercados, cuando eran afroamericanos. Siempre quedará en la memoria de muchos la pregunta de cómo hubiera reaccionado el gobierno de haberse tratado de una ciudad con muchos más recursos. Con menos ciudadanos tan pobres.

Atrás quedan las imágenes de barrios enteros inundados y misas improvisadas dentro del estadio Super Dome. Cinco años después, sigue sin haber respuestas. Pero Nueva Orleans parece empeñada en seguir brillando en el sur, a pesar de las cicatrices. Ya sea con una victoria histórica del equipo local en la Super Bowl el año pasado, con su vibrante carnaval o al ritmo de los tambores callejeros que marcan el paso de la recuperación.

Crónicas del Imperio
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