Los republicanos deben replantearse su estrategia

El 2013 no es año electoral. La veracidad de tal postulado se constata con las excepciones que toda verdad conlleva. Ayer martes se celebraron elecciones en

Hay ocasiones, y las elecciones celebradas este martes en los Estados Unidos es una de ellas, en que lo intrascendente resulta ser lo determinante. Normalmente estos comicios no hubieran tenido una especial relevancia, sin embargo la turbulencia política de las últimas semanas, con el cierre parcial del Gobierno y lo que hubiera supuesto la suspensión de pagos, propician una interesante y singular lectura de resultados.

Además de elegir al sustituto de Michael Bloomberg en Nueva York, en los estados de New Jersey y Virginia se votó para escoger gobernador (además de la composición del Congreso Estatal y otros cargos comparativamente menores). Los resultados finales ofrecen una idea bastante precisa del impacto que la(s) reciente(s) crisis ha(n) tenido en la sociedad norteamericana. El partido demócrata fue el primer interesado en que así se entendiera y entre sus filas se utilizaron expresiones del tipo "barómetro" o "termómetro político" para evaluar el desenlace final; un desenlace final que se ha ajustado a lo que preconizaban las encuestas: la derrota republicana en lo que tradicionalmente eran feudos seguros (Nueva York y Virginia).

La derrota del radicalismo de Cuccinelly en Virginia y la victoria Chistie, un republicano moderado, en New Jersey, obligará a un serio replanteamiento de las estrategias republicanas en general y de los seguidores del Tea Party en particularEn Nueva York el demócrata Bill de Blasio, como se esperaba, ha puesto fin a las dos décadas de alcaldes republicanos que han supuesto los mandatos de Giuliani y Bloomberg. Su nombre no era uno de los favoritos al inicio de la campaña electoral, pero su perfil multiétnico y multicultural ha resultado determinante en su elección. En cuanto a los gobernadores, resultaba casi imposible que alguien pudiera vencer en New Jersey al popular republicano Chris Christie justo un año después de haber manejado de forma modélica la devastación que produjo en su estado el huracán Sandy; sin embargo los votantes virginianos han castigado, como también se esperaba, a Ken Cuccinelli en beneficio de un demócrata, Terry McAuliffe.

Estos resultados han supuesto la verificación de algo que se venía contemplando desde hace tiempo: el error de la política republicana en los últimos meses centrada en la confrontación total y frontal con el presidente Obama. La alcaldía de Nueva York ahora en manos de los demócratas es la noticia de los principales titulares y también la esperada victoria de Christie, que vuelve a postularse -aunque él siempre lo ha rechazado- como un candidato firme para optar a la presidencia dentro de tres años o, en su caso, liderar el partido republicano.

Sin embargo el desenlace que los analistas políticos esperaban con especial interés era el de Virginia, un estado tradicionalmente republicano aunque en las dos últimas presidenciales votara a Obama. De forma más precisa, se esperaba el resultado que finalmente lograría Ken Cuccinelli, uno de los más destacados miembros del Tea Party.

Falta un año, una eternidad en política, para que se celebren las elecciones de "mid-term"; pero lo ocurrido en Virginia, pudiera marcar el rumbo que tomará el partido del elefante. La nominación de Cuccinelli para suceder al también republicano Bob McDonnell fue una arriesgada apuesta cuestionada entre bambalinas por más de un líder republicano, pero que mostraba la fuerza que el grupo conservador tiene dentro del GOP. Finalmente McAuliffe ha logrado derrotarle, aunque a falta de los resultados finales no por la considerable ventaja en torno a los 10 puntos que preconizaban las encuestas.

Como quiera que sea, la derrota del radicalismo de Cuccinelly en Virginia y la victoria Chistie, un republicano moderado que no se ha caracterizado precisamente por su radicalismo, en New Jersey, obligará a un serio replanteamiento de las estrategias republicanas en general y de los seguidores del Tea Party en particular.

Su inmovilismo y frontal beligerancia desde que el Tribunal Supremo ratificara la legalidad del Obamacare han resultado más perjudícales que beneficiosos para su propio partido. Esa derrota servirá para que republicanos más centrados como el otrora candidato presidencial, el senador John McCain, e incluso el cuestionado John Boehner puedan reconducir el partido hacia postulados más en la línea de lo que fue el programa electoral de McCain. También obligará a políticos "presidenciables" como Marco Rubio o Paul Ryan, que tácticamente se están manteniendo en segunda línea política, a reestructurar su estrategia si finalmente, y existen fundadas razones para pensar que así será, deciden competir en una hipotética carrera para la nominación presidencial.

La renovación del techo de deuda o el presupuesto federal en los primeros meses del año que viene serán la prueba que indicará el protagonismo que continuarían teniendo los más radicales tras estos resultados. También servirá de indicador el nivel de beligerancia ante la reforma de la ley de emigración que también se debatirá en unos meses. Todo parece indicar que Obama puede tener un segundo año de mandato mucho más tranquilo que este agónico primero.

Crónicas del Imperio
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