La agenda política de la blasfemia

El Corán no habla de blasfemia, pero el Islam actual lo castiga como uno de los peores delitos. Occidente tiene que plantarle cara

Foto: Manifiestación en Afganistán contra un diario acusado de blasfemo
Manifiestación en Afganistán contra un diario acusado de "blasfemo"

Mientras perpetraban el atentado, los hombres que asesinaron a doce personas la semana pasada en Paris gritaron que "habían vengado al Profeta". Siguen el camino de otros terroristas que bombardearon oficinas de periódicos, apuñalaron a cineastas y asesinaron a escritores y traductores; todo para hacer justicia sobre lo que creen que es el correcto castigo del Corán para la blasfemia. 

Pero, en realidad el Corán no prescribe castigo alguno para la blasfemia. Al igual que muchos de los aspectos más fanáticos y violentos del terrorismo islámico actual, la idea de que el islam exige castigar con violencia los insultos a Mahoma es una creación de políticos y clérigos que cumplen una agenda política.

Hay un libro sagrado que presta profunda atención a la blasfemia: la Biblia. En el Antiguo Testamento, la blasfemia y los blasfemos son condenados y se ordena que reciban un castigo severo. El pasaje más conocido es el versículo 16 del capítulo 24 del Levítico: "Y el que blasfemare el nombre de Jehová, ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará; así el extranjero como el natural, si osa blasfemar el Nombre, que muera".

En cambio, la palabra blasfemia no aparece en ninguna parte del Corán (y el Corán tampoco prohíbe en ningún sitio la reproducción de imágenes de Mahoma, ni siquiera de manera incidental. Sin embargo, hay comentarios y tradiciones "hadith" que sí lo hacen, con el pretexto de protegerse contra la adoración de ídolos). El erudito islámico Maulana Wahiduddin Khan señala que "hay más de 200 versículos en el Corán que revelan que los contemporáneos de los profetas perpetraron reiteradamente el mismo acto, que ahora se llama "blasfemia o abuso del Profeta". 

Hay más de 200 versículos en el Corán que revelan que los contemporáneos a los profetas perpetraron reiteradamente la blasfemia

Pero el Corán no prescribe en ningún momento el correctivo a latigazos, la pena capital o cualquier otro castigo físico. De hecho, en varias ocasiones Mahoma trató con comprensión y bondad a las personas que lo ridiculizaban tanto a él como a sus enseñanzas. Khyan dice: "En el islam, la blasfemia es objeto de discusión intelectual más que objeto de castigo físico". 

Alguien se olvidó de mencionárselo a los terroristas. Sin embargo, el culto horripilante y sangriento que han adoptado los yihadistas es algo demasiado común en el mundo musulmán. Incluso entre los denominados musulmanes moderados, son muchos quienes creen que la blasfemia y la apostasía son delitos graves contra el islam y deberán ser ferozmente castigados. Y varios países con mayoría musulmana poseen leyes contra la blasfemia y la apostasía.

Hoy en día, Pakistán es el modelo más extremo en la campaña contra la blasfemia. En marzo de 2014, por lo menos 14 personas fueron condenadas a muerte y 19 cumplieron cadena perpetua, de acuerdo con la Comisión Norteamericana de Libertad Religiosa Internacional.

El dueño del grupo mediático más grande del país fue sentenciado a 26 años de prisión debido a que uno de sus canales transmitió una canción devota acerca de la hija del profeta Mahoma mientras recreaba una boda en un serial. Y Pakistán no es un caso único. Bangladesh, Malasia, Egipto, Turquía y Sudán han utilizado leyes contra la blasfemia para encarcelar y atormentar a muchas personas. En la "moderada Indonesia", 120 individuos han sido detenidos por esta razón desde el año 2003. Arabia Saudita prohíbe la práctica de cualquier religión que no sea su propia versión wahabita del islam.

El caso pakistaní es instructivo ya que su versión extrema de la ley contra la blasfemia es relativamente reciente y producto de la política. Mohammad Zia ul-Haq, dictador durante los últimos años de los 70 y los 80, deseaba marginar a la oposición democrática y liberal; y aceptaba a los fundamentalistas islámicos, sin importar cuán extremistas fueran. Aprobó una serie de leyes para islamizar Pakistán que incluían una ley contra la blasfemia que recomendaba la pena de muerte o prisión perpetua por insultar al profeta Mahoma de cualquier manera.

No es suficiente que los líderes musulmanes condenen a personas que han asesinado a quienes consideran blasfemos si su propio Gobierno está avalando la idea al mismo tiempo

Cuando los Gobiernos intentan lograr favores de los fanáticos, eventualmente estos acaban asaltando la ley. En Pakistán, los yihadistas han asesinado a decenas de personas, a las cuales acusan de blasfemos, incluyendo a un valiente político, Salmaan Taseer, que se atrevió a decir que la ley sobre la blasfemia es una "ley negra".

Deberíamos luchar contra el terrorismo. Pero también deberíamos atacar la raíz del problema. No es suficiente que los líderes musulmanes condenen a los terroristas que matan a quienes consideran blasfemos si su propio Gobierno avala la idea al mismo tiempo. La Comisión Norteamericana de Libertad Religiosa y el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas han declarado que las leyes contra la blasfemia por definición violan los derechos humanos universales (debido a que violan la libertad de palabra y expresión). Y están en lo cierto.

En los países de mayoría musulmana, nadie se atreve a dejar atrás estas leyes. En los países occidentales, nadie planta cara en estos temas. Pero la blasfemia no es un asunto puramente interno o circunscrito a los países musulmanes. Se ha convertido en el espacio fronterizo ente los islamistas radicales y las sociedades occidentales, con consecuencias sangrientas. Ya no puede ser ignorado. Los políticos occidentales, líderes musulmanes e intelectuales de todas partes deberían señalar que la blasfemia es algo que no existe en el Corán y que no debería existir en el mundo moderno.

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