Susto o muerte, las dos únicas alternativas a un pacto nuclear con Irán

Mantener unas sanciones ineficaces y casi imposibles de sostener; o lanzarse a la opción militar, que fortalecería al régimen iraní y le animaría a construir armas nucleares. No hay mucho más.

Foto: Seguidoras iranies de Mir-Hossein Mousavi (Efe).
Seguidoras iranies de Mir-Hossein Mousavi (Efe).

Al hablar sobre la conveniencia de llegar a un acuerdo nuclear con Irán, a menudo nos concentramos sólo en los detalles. Pero para determinar si un pacto que limita e inspecciona el programa nuclear de Irán es aceptable, hay que considerar seriamente las alternativas. Y realmente sólo hay dos.

En primer lugar, podríamos volver a las sanciones. Si el Congreso de los Estados Unidos rechaza el acuerdo final que se firmaría en junio y mantiene las sanciones, estaríamos ante una situación sin precedentes, ya que las principales potencias del mundo, incluidos los vecinos de Irán, apoyan el pacto. Así que lo más normal es que las sanciones se debilitasen con el tiempo.

Muchos países están ansiosos de comprar petróleo en Irán, que además tiende a venderlo con descuento. El jugador clave aquí es probablemente Pekín. A medida que el Occidente ha rechazado a Irán, China ha profundizado sus vínculos económicos. En 2012 un estudio de Rand señalaba que "en los últimos años, China se ha convertido el cliente más grande de petróleo y el mayor socio económico de Irán". China ve el aislamiento de Irán como una oportunidad para construir una relación especial con Teherán y aprovecharse de los vastos recursos energéticos de ese país.

Sin embargo, si las sanciones se mantienen de alguna manera, Irán enfrentará problemas. Los precios del petróleo se han reducido a la mitad y el país está aprovechando recursos de Siria e Irak (y Yemen, aunque considerablemente menos). Teherán es un país orgulloso, nacionalista. Ha resistido desafíos en el pasado (durante la guerra contra Irak, que duró ocho años de conflicto brutal, ataques con armas químicas, y medio millón de muertos) aunque la presión será real.

En todo caso, ¿las sanciones detendrán el programa nuclear? Es muy poco probable porque Irán ha ampliado su programa bajo sanciones durante las últimas dos décadas. En 2003, tenían menos de 200 centrifugadoras. Hoy cuenta con 19.000. Las restricciones son ahora más estrictas pero sus instalaciones nucleares son también mucho mayores. Hay que tener en cuenta que Irán comenzó a mostrar interés en su propio programa nuclear ya en los años 50. Y que ahora cuenta con miles de científicos y técnicos que trabajan en ese campo.

El ministro de Exteriores iraní, Javad Zarif, gesticulando en una rueda de prensa (Reuters).
El ministro de Exteriores iraní, Javad Zarif, gesticulando en una rueda de prensa (Reuters).

La opción militar

Esto nos lleva a la segunda opción: un ataque militar. Se habla de un ataque contra Irán como los que lanzó Israel sobre un reactor iraquí en 1981 y contra un centro sirio en 2007. Pero aquellos fueron ataques individuales. Irán, por el contrario, posee una vasta industria, que comprende decenas de instalaciones repartidas por todo el país, algunas cercanas a centros de población y otras en terreno montañoso.

Estados Unidos tendría que ir a la guerra contra Irán, destruyendo sus defensas aéreas y luego atacando decenas (quizá cientos) de sus aeropuertos militares. Los bombarderos estarían equipados con armas altamente explosivas, demoliendo edificios, reactores, y laboratorios, pero también produciendo un daño colateral considerable.

¿Cuál sería el efecto de un ataque de ese tipo? Cuando un país es bombardeado por extranjeros, su gente tiende a agruparse en torno al régimen. La República Islámica probablemente reforzaría su apoyo interno. También respondería de varias maneras, a través de sus aliados en Afganistán, Irak, Líbano, y otros lugares. Y los ataques podrían dirigirse contra tropas aliadas o estadounidenses.

Una guerra significaría también la fragmentación de la coalición internacional contra Irán. Rusia, China y muchos otros países lo condenarían. E Irán sería visto como la víctima de una invasión no provocada. Las sanciones se derrumbarían, su programa nuclear sería devastado, pero Irán comenzaría a reconstruirlo pronto. Incluso bajo el actual régimen de sanciones, el país recauda decenas de miles de millones de dólares en ingresos petrolíferos, más que suficiente para darse el lujo de reconstruir sus instalaciones.

Por último, Teherán invocaría la necesidad de contar con un elemento de disuasión contra futuros ataques y trabajaría aún con más ganas. Ya no en un programa nuclear, sino en la fabricación de armas nucleares. En un artículo de opinión en el que aboga por declarar la guerra a Irán, el ex embajador ante la ONU, John Bolton, sostiene que los ataques "deben combinarse con un apoyo vigoroso a la oposición, dirigido a un cambio de régimen en Teherán”.

Pero los bombardeos y la propia amenaza de desaparición de la República Islámica producirían exactamente el efecto contrario: un gobierno fortalecido en casa y con la justificación perfecta para adquirir una fuerza de disuasión nuclear.

El GPS global
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
5 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios