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El mundo ya no quiere a sus líderes (excepto a Obama y Trudeau)
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Fareed Zakaria

El GPS global

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El mundo ya no quiere a sus líderes (excepto a Obama y Trudeau)

Es un fenómeno a escala global. Líderes de todas las tendencias parecen estar afectados por la misma enfermedad: los bajos índices de aprobación. ¿Qué está pasando?

Foto: Barack Obama intenta secarse los ojos durante una tormenta en un evento de campaña en Glen Allen, Virginia, el 14 de julio de 2012. (Reuters)
Barack Obama intenta secarse los ojos durante una tormenta en un evento de campaña en Glen Allen, Virginia, el 14 de julio de 2012. (Reuters)

La reunión anual de líderes mundiales en Nueva York ha evidenciado que, para la mayoría de ellos, es hora de tener una terapia de grupo. En todo el mundo, los líderes de todas las tendencias parecen estar afectados de la misma enfermedad: bajos índices de aprobación. Ruchir Sharma, de Morgan Stanley, ha señalado que el promedio de aprobación de los líderes de las 20 economías emergentes y en desarrollo se ha reducido en 17 puntos en la última década. ¿Qué está pasando?

Sharma argumenta que la causa es económica. El crecimiento global se ha desacelerado desde un 3,5% de media después la Segunda Guerra Mundial al 2% a partir de 2008. No hay ninguna región del mundo que esté creciendo más rápido que antes de la crisis financiera global. Y, sin embargo, los ricos siguen prosperando. Sharma observa que el número de multimillonarios a nivel mundial se ha duplicado, a más de 1.800. De ellos, 70 viven en una misma ciudad, Londres.

Pero, en realidad, el problema es más profundo que una simple desaceleración. Hay un sentido más amplio de la parálisis política, lo que conduce a la frustración pública. Las causas subyacentes de esta ira son aún más fundamentales en muchos países occidentales. El crecimiento en Occidente ha estado cayendo desde la década de 1970, incluyendo Estados Unidos. El crecimiento de la productividad nunca ha vuelto a los niveles de la posguerra, a excepción de un breve periodo en la década de 1990.

Los dos principales líderes en el mundo occidental con los porcentajes de aprobación más altos son, hoy en día, Barack Obama y Justin Trudeau. El centro todavía puede mantenerse en pie

Tal y como argumento en un ensayo sobre asuntos exteriores, hoy en día los países occidentales se enfrentan a cuatro retos estructurales: demografía, globalización, automatización y aumento de la deuda. El reto demográfico podría ser el más importante. En casi todas las economías avanzadas, la fecundidad se ha reducido drásticamente, de Japón a Corea del Sur, de Alemania a Italia. El número de centenarios en Japón es más del doble de lo que era hace una década, con 32.000 personas en el país.

La globalización y la revolución de la información estimula el crecimiento general, pero con especial hincapié en los costes de los trabajadores cualificados y semicualificados, en particular en las industrias manufactureras básicas que una vez proporcionaron un gran número de puestos de trabajo estables y bien remunerados.

Como respuesta a la crisis financiera global, los gobiernos han adquirido enormes deudas. Además, el envejecimiento de la población significa que el gasto público en los ancianos está desplazando a la inversión necesaria para el crecimiento —en infraestructuras, educación, ciencia y tecnología—.

Frente a estas fuerzas, los líderes no tienen un camino fácil para restaurar el crecimiento y lograr que sus países revivan. Las reformas radicales profundas son impopulares, y en este clima no parecen conducir a un gran crecimiento. Irlanda, Portugal y México han promulgado reformas de mercado en general, y, sin embargo, el crecimiento no ha marcado un nuevo auge. Japón ha gastado cientos de miles de millones en planes de estímulo y, sin embargo, no ha dado grandes frutos. Por lo tanto, incluso los líderes que alcanzan el poder con una fuerte aprobación del público y muchas promesas se encuentran atrapados por las mismas fuerzas. Sus niveles de aprobación comienzan a caer rápidamente y crece una nueva rabia popular. El primer ministro italiano, el reformista Matteo Renzi, ha visto caer sus índices por debajo del 30%. El líder populista griego, Alexis Tsipras, ha caído hasta un 19%.

El presidente Obama esbozó muchas soluciones para los problemas del crecimiento y la desigualdad en su discurso el pasado martes ante Naciones Unidas. Explicó cómo Estados Unidos ha centrado sus esfuerzos de reforma y recuperación en ayudar a la clase media a obtener un mejor acceso a los puestos de trabajo, salud, formación y vivienda. Sostuvo que la promoción de estos esfuerzos —con nuevas inversiones en el cuidado de niños, en infraestructura e investigación básica— mantendría este impulso. Señaló que la inmigración y la asimilación de los migrantes pueden ser positivas para la sociedad.

Pero las soluciones de política que Obama expuso y las que otros países están adoptando son todas de pequeño calibre, específicas. Son esfuerzos poco firmes para empujar al mercado, Gobierno y ciudadanía de forma que trabajen de forma gradual. Mientras tanto, los populistas prometen soluciones dramáticas, audaces, que suenan mucho más gratificantes. Donald Trump dice a los estadounidenses que sus vidas son difíciles y que hay una razón simple: los extranjeros. Roban empleos en Estados Unidos, son una carga para el bienestar del país y dejan a los estadounidenses en una situación de inseguridad. Su solución es ser duro con ellos. Eso hará que el país sea grandioso otra vez, promete.

No es difícil entender el atractivo de la simplicidad en un mundo complejo. Hay cierto drama en los planes para ampliar la educación de la primera infancia —y sin embargo, funciona—. Los esfuerzos de reforma persistentes y enérgicos valen la pena. Una política gubernamental sensata, basada en hechos, favorable al mercado, hace la diferencia. Un reciente informe de la Oficina del Censo muestra la mayor caída de la pobreza en un año en Estados Unidos en casi cinco décadas, y deja claro que dichos esfuerzos en EEUU están resultando. En el norte, Canadá es el ejemplo de cómo manejar una desaceleración del crecimiento, dando la bienvenida a miles de refugiados, y celebrar la diversidad. Y los dos principales líderes en el mundo occidental con los porcentajes más altos de aprobación son, hoy en día, Barack Obama y Justin Trudeau. El centro todavía puede mantenerse en pie.

*La dirección electrónica de Fareed Zakaria es comments@fareedzakaria.com.

© 2016, The Washington Post Writers Group

La reunión anual de líderes mundiales en Nueva York ha evidenciado que, para la mayoría de ellos, es hora de tener una terapia de grupo. En todo el mundo, los líderes de todas las tendencias parecen estar afectados de la misma enfermedad: bajos índices de aprobación. Ruchir Sharma, de Morgan Stanley, ha señalado que el promedio de aprobación de los líderes de las 20 economías emergentes y en desarrollo se ha reducido en 17 puntos en la última década. ¿Qué está pasando?

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