¿Apoyar a Trump es racional o tribal?

Nuestras preferencias políticas no son producto de un racionamiento analítico minucioso. Al contrario, surgen de una combinación de intuición moral (instinto) y una afiliación tribal

Foto: Estadounidenses cantan el himno nacional antes de un mitin de Donald Trump en Akron, Ohio, el 22 de agosto de 2016 (Reuters).
Estadounidenses cantan el himno nacional antes de un mitin de Donald Trump en Akron, Ohio, el 22 de agosto de 2016 (Reuters).

Donald Trump es un extraño adalid para los republicanos. Apoya pocas de las posiciones tradicionales del partido y repudia a la mayor parte de sus iconos. Casi todas las publicaciones conservadoras importantes -'National Review', 'The Weekly Standard', 'Commentary'- se oponen a Trump, al igual que los analistas conservadores más conocidos, desde George Will a David Brooks pasando por Bret Stephens. De los cinco anteriores nominados a la presidencia del Partido Republicano, tres se niegan a afirmar públicamente que votarán por el magnate y apostaría a que el cuarto (John McCain) tampoco lo hará cuando esté en la intimidad de la cabina de votación. Y aún así, asombrosamente, Trump ha obtenido en las encuestas casi el mismo apoyo entre los republicanos que los anteriores candidatos a la Casa Blanca... hasta ahora. Las elecciones podrían depender de una simple cuestión: si los republicanos demuestran ser racionales o tribales.

La última vez que hubo una deserción en masa de líderes del Partido Republicano fue en 1964, y Barry Goldwater fue barrido por un desprendimiento. Sin embargo, la polarización es tan intensa en los EEUU de hoy en día que una figura de cartón con una "R" obtendría un 43% de los votos, al igual que otra con una "D".

Desde hace meses, muchos intelectuales conservadores tenían esperanzas de que la campaña revelase que Trump ni es republicano ni está cualificado. Así ha sucedido, en varias ocasiones, pero de forma más evidente en el debate de la semana pasada. Las encuestas muestran que Hillary Clinton ganó por un amplio margen. Pero cuando miembros del Partido Republicano y votantes que les apoyan participaron en una encuesta de la NBC, ante la pregunta de si el debate había mejorado su opinión de Clinton solo el 4% respondió "sí". Cuando se les preguntó si el cara a cara había empeorado su impresión de Trump, solo el 6% respondió de forma afirmativa (dichos porcentajes fueron del 50 y el 46%, respectivamente, entre demócratas y votantes del Partido Demócrata). Es decir, al ver el mismo debate, los ciudadanos de ambos bandos simplemente reafirmaron sus opiniones sobre el candidato.

Estas dinámicas me han hecho recordar el influyente libro de Jonathan Haidt, 'The Righteous Mind'. Haidt, un psicólogo social, usa evidencias exhaustivas para explicar que nuestras preferencias políticas no son producto de un racionamiento analítico minucioso. Al contrario, surgen de una combinación de intuición moral (instinto) y una afiliación tribal con personas con las que, creemos, compartimos esos instintos. Utilizamos la razón, hechos y análisis para sostener nuestras decisiones viscerales.

La señas que debemos buscar son aquellas que indiquen si Trump está perdiendo apoyo entre los republicanos. Ello mostraría que la política es algo más que una fidelidad tribal a un grupoSi crees que esto puede aplicarse a otras personas pero no a ti, considera el ejemplo de Peter Thiel, un inversor y emprendedor hoy multimillonario que cofundó PayPal. Es una persona extremadamente inteligente y culta, con puntos de vista libertarios. Apoya enérgicamente a Trump por una razón realmente extraña. Asegura que la declaración más destacable de Trump en la campaña, y que revela su forma de ver la vida, ha sido "afirmar que un sistema sanitario  gubernamental puede funcionar". Thiel citó a Trump elogiando los sistemas de Canadá y Escocia -el primero, un sistema nacionalizado; el segundo, un sistema de pagador único- como prueba de su inclinación a un pensamiento herético y su desafío a los dogmas republicanos.

Otra interpretación de las palabras de Trump es que fueron viscerales, que las expulsó de su cerebro, y que no significan nada. Cabe recordar que Trump ha esgrimido cinco opiniones diferentes sobre el aborto en tres días. NBC News calcula que el magnate ha cambiado de opinión 124 veces en 20 asuntos de gran calado desde el inicio de la campaña. En el debate del pasado lunes, mostró dos posturas diferentes sobre las armas nucleares en 30 segundos. Y, lo que es más importante, tras el comentario al que se refiere Haidt, Trump dio marcha atrás a su apoyo a un sistema sanitario público para pasar a recitar la ortodoxia republicana sobre las maldades del 'Obamacare'.

Así que un libertario inteligente ha elegido apoyar a un hombre cuyas posiciones sobre políticas públicas son, la mayoría, contrarias al libre comercio y a la inmigración porque está convencido de que Trump es un admirador secreto del sistema de salud británico. No se me ocurre mejor ejemplo para defender la tesis de Haidt de que primero decidimos y, después, razonamos nuestra decisión.

Paul Ryan realiza acrobacias similares. Se opone a todas las grandes propuestas políticas de Trump -el muro, las deportaciones masivas, el fin de la ciudadanía por nacimiento, aranceles unilaterales contra China, la renegociación del NAFTA- y las ha condenado públicamente. Y, aún así, asegura que Trump es su hombre.

La señas que debemos buscar son aquellas que indiquen si Trump está perdiendo apoyo entre los republicanos. Ello indicaría que la política es algo más que una fidelidad tribal a un grupo. Sería esperanzador a muchos niveles. Después de todo, la democracia depende de la habilidad para observar las evidencias y los argumentos, para utilizar la razón y el juicio, y para tomar en serio nuestro rol de ciudadanos de una gran república. 

*La dirección electrónica de Fareed Zakaria es comments@fareedzakaria.com.

© 2016, The Washington Post Writers Group

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