Que Donald Trump amenace a alguien no es novedad. Y nunca hace nada

Para que una amenaza logre algo, debe ser creíble. Y el presidente pretende que ahora funcione como si los norcoreanos no fuesen conscientes de su historial de promesas incumplidas y faroles

Foto: El presidente Trump durante una rueda de prensa el pasado 10 de agosto de 2017. (Reuters)
El presidente Trump durante una rueda de prensa el pasado 10 de agosto de 2017. (Reuters)

¿Cómo hemos llegado aquí? ¿Por qué parece que estemos al borde de una guerra en Asia, una que podría incluir armas nucleares? Corea del Norte ha tenido armamento nuclear durante al menos 10 años. ¿Han sido sus recientes avances tan dramáticos y significativos como para forzar a Estados Unidos a lanzar una guerra preventiva? No. La crisis en la que nos encontramos ahora ha sido exagerada y mal manejada por la Administración Trump hasta un grado profundamente preocupante y peligroso.

Desde el principio, la Casa Blanca ha querido parecer dura hacia Corea del Norte. En los primeros meses de la administración del presidente Trump, antes de que pudiese haber una revisión seria de la política anterior, el Secretario de Estado Rex Tillerson advirtió de que la era de la paciencia estratégica con Corea del Norte se había acabado. La semana pasada, el asesor de seguridad nacional H.R. McMaster dijo que el potencial de Corea del Norte de atacar Estados Unidos con armas nucleares era una amenaza “intolerable”. No el uso de armas por parte de Corea del Norte, recuerden; solo el potencial.

Trump, naturalmente, ha ido más lejos, diciendo el martes que si Corea del Norte no cesa en sus amenazas, será tratada con “fuego y furia como el mundo nunca ha visto”. Cuando se le preguntó el jueves, Trump dobló la apuesta, diciendo: “Si acaso, tal vez esa declaración no fue lo suficientemente dura”. En otras palabras, Trump ha dejado claro que Estados Unidos responderá a las amenazas norcoreanas con un ataque militar masivo, que posiblemente incluya armas nucleares.

Fareed Zakaria. Nueva YorkFareed Zakaria. Nueva York

¿Es creíble? No. Estados Unidos no va a lanzar una guerra nuclear preventiva en Asia. Los comentarios de Trump sin duda han inquietado a los aliados más cercanos de Washington en la región, Japón y Corea del Sur. Las amenazas vacías y la retórica vaga solo abaratan el prestigio y el poder estadounidense, volviéndose contra la administración.

Entonces, ¿por qué hacerlo? Porque es la forma básica de actuar de Trump. Durante toda su vida, Trump ha hecho promesas grandilocuentes y amenazas ominosas… y raramente ha cumplido ninguna. Cuando estaba en el mundo de los negocios, según averiguó Reuters, frecuentemente amenazaba con demandar a medios informativos por libelo, pero la última vez que lo hizo fue hace 33 años, en 1984. Trump dice que nunca llega a acuerdos judiciales fuera de los tribunales. De hecho, lo ha hecho al menos cien veces, según USA Today.

Una persona disfrazada de Trump protesta cerca de la Embajada estadounidense en Londres, el 11 de agosto de 2017. (EFE)
Una persona disfrazada de Trump protesta cerca de la Embajada estadounidense en Londres, el 11 de agosto de 2017. (EFE)

En su vida política, ha seguido la misma estrategia de bravatas. En 2011, dijo que tenía investigadores que “no podían creer lo que estaban encontrando” sobre el certificado de nacimiento del presidente Barack Obama, y que en cierto momento “iba a revelar algunas cosas interesantes”. No tenía nada. Durante la campaña, prometió que consideraría a China un manipulador de divisas, movería la embajada estadounidense en Israel a Jerusalén, haría que México pagase por el muro fronterizo, e iniciaría una investigación sobre Hillary Clinton. Por ahora, niente. Tras ser elegido, le dio a entender a China que podría reconocer Taiwán. A las pocas semanas de empezar en el cargo, dio marcha atrás. Dejó entender que tenía cintas de sus conversaciones con el entonces director del FBI, James B. Comey. Por supuesto, no había ninguna.

Incluso ahora, mientras lidia con una crisis nuclear, Trump ha hecho afirmaciones que pueden ser fácilmente probadas como falsas. Ha tuiteado que su primera orden presidencial era “modernizar” el arsenal nuclear de Estados Unidos. De hecho, solo continuó un mandato del Congreso para autorizar una revisión del arsenal, que aún no ha sido completada. ¿Cree que los norcoreanos no saben eso?

Fareed Zakaria. Nueva YorkFareed Zakaria. Nueva York

Cuando Estados Unidos vio cómo la URSS de Stalin desarrollaba armas nucleares, fue cuidadoso en su retórica. Cuando vio a un líder mucho más amenazante, Mao Zedong, buscando armas nucleares, fue aún más cauto. Mao insistió que no tenía miedo de una guerra nuclear porque China aún tendría supervivientes más que suficientes para derrotar al imperialismo occidental. Y aún así, las sucesivas administraciones estadounidenses mantuvieron la calma.

El mundo ya está viviendo con una Corea del Norte nuclear. Si esa realidad no puede ser revertida mediante negociaciones y diplomacia, el objetivo será desarrollar un robusto sistema de disuasión, el mismo que mantuvo la paz con la Rusia de Stalin y la China de Mao. Las fanfarronadas del presidente pueden incrementar los peligros de una mala interpretación o causar una peligrosa espiral descendente de políticas de alto riesgo.

“Creo que los estadounidenses deberían dormir bien por las noches, no preocuparse por la retórica particular de los últimos días”, dijo Tillerson el miércoles. Ese es un comentario inusual, tal vez sin precedentes. El secretario de Estado parece haberles dicho a los estadounidenses -y el mundo- que ignoren la retórica, no del dictador norcoreano, sino de su propio jefe, el presidente de los Estados Unidos. Eso es probablemente lo que los socios de Trump han estado haciendo por él toda su vida. Saben que el principio guía para él no ha sido el arte del trato, sino el arte del farol.

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