La cobardía hipócrita de las élites americanas después de Charlottesville

¿No deberían preocuparse también por su país y su conciencia? ¿Acaso no deberían preguntarse antes de nada por qué decidieron dedicarse a la administración pública?

Foto: Manifestantes se reúnen frente a la oficina del representante de EEUU para pedir destitución de Trump y en solidaridad con las víctimas de Charlottesville. (eFE)
Manifestantes se reúnen frente a la oficina del representante de EEUU para pedir destitución de Trump y en solidaridad con las víctimas de Charlottesville. (eFE)

La mayoría de los ciudadanos estadounidenses apenas tardó en reaccionar con indignación ante la grotesca sugerencia de Donald Trump, cuando argumentó que había una equivalencia moral entre los supremacistas blancos que convergieron en Charlottesville el fin de semana pasado y aquellos que protestaban en su contra. En cambio, la reacción tardía, moderada e hipócrita por parte de la clase dirigente en EEUU ha dejado entrever el lado oscuro de las élites del país -y la razón por la que vivimos en una era de rebelión populista.

Hoy en día, los líderes menos respetados son, evidentemente, los políticos. La opinión pública les considera poco más que unos cobardes pusilánimes tratando de ser complacientes en encuestas y debates. Ante las palabras de Trump y su forma de actuar, muchos representantes republicanos han demostrado este tipo de comportamiento. Con pocas pero elogiables excepciones, el resto –que suele hablar con autosuficiencia en cuanto sale una noticia por televisión– se ha quedado mudo tras el episodio de Charlottesville, el asunto político clave del pasado fin de semana.

Lo sé. Se preocupan por la base, las primarias, la financiación que reciben de la extrema derecha. Pero, ¿no deberían preocuparse también por su país y su conciencia? ¿Acaso no deberían preguntarse antes de nada por qué decidieron dedicarse a la administración pública? Y siendo conscientes de que, en el más alto nivel administrativo, hay una persona pisoteando los valores de la nación, ¿no deberían alzar la voz, sin titubeos, clara y directamente?

Los dirigentes de negocios, entretanto, todavía se cuentan entre las personas más respetadas y envidiadas de Estados Unidos. Controlan empresas monumentales, reciben salarios tan desmesurados que hacen que sus predecesores de hace 25 años parezcan de clase media y viven en una burbuja de aviones, limusinas y helicópteros privados. En otras palabras, tienen toda la riqueza, el poder y la seguridad necesarios para liderar y establecer nuevas pautas.

Una vez más, nos encontramos con unas pocas excepciones elogiables y un porcentaje mayoritario de cobardes. La mayoría seguramente piensa que Trump es un charlatán, un hombre de negocios estafador. Antes de que convertirse en presidente, hubo muchos empresarios que decidieron no cerrar tratos con él porque le consideraban una persona poco ética. Al principio, algunos se divertían con su candidatura, pero consideraban repugnante su retórica sobre comercio, inmigración y refugiados.

Pero el caso es que casi ninguno se posicionó en su contra. Todavía menos se han distanciado de él después de que Trump haya culpado a "muchas partes" por la violencia de Charlottesville. Si Kenneth Frazier –CEO de la farmacéutica Merck– no hubiera rechazado el puesto en el Consejo de Fabricantes de Trump y este no hubiese respondido de forma airada, no sabemos cuántos otros CEO se habrían atrevido a hablar. Así y todo, algunos han declinado el puesto en el Consejo solo cuando ya era evidente que no quedaba otra alternativa.

Los CEO que rechazaron formar parte del Consejo de Fabricantes de Trump. (EC)
Los CEO que rechazaron formar parte del Consejo de Fabricantes de Trump. (EC)

Los pioneros tecnológicos en EEUU se posicionan tal vez como el grupo de personas más admirado del planeta. Se les considera brillantes, innovadores y exitosos. Algunos no solo poseen fortunas, sino que declaran poseer más conocimiento que nadie, una especie de profetas del futuro que opinan sobre viajes espaciales e inteligencia artificial. ¿Tan difícil es darse cuenta de lo que está pasando aquí en la Tierra, en la Casa Blanca, y condenar los hechos?

¿Y los pastores evangélicos? ¿Cómo enfocan esta cuestión de moralidad básica? Aunque algunos han alzado la voz, la inmensa mayoría no ha actuado o incluso ha respaldado las opiniones de Trump. ¿Es que solo les brota el deber moral para criticar la ley de baños transgénero y no para rechazar la violencia neonazi? EEUU tuvo alguna vez élites más orientadas al servicio público. Provenían de un mundo pequeño y exclusivo, el `establishment´protestante. No todos nacían siendo ricos, peor tenían asegurada una buena posición. Se expandían por los consejos, las oficinas públicas y los mejores colegios. Esta seguridad les otorgaba una mayor confianza para ejercer la autoridad moral.

Hoy en día, tenemos una élite más bien basada en la meritocracia. Personas de cualquier rango social pueden ascender a posiciones de poder e influencia. Pero estas nuevas élites son más inseguras, ansiosas y centradas en sí mismas. Entre los políticos abundan los emprendedores preocupados por las siguientes primarias o la financiación. Los CEOs viven con el miedo eterno a perder sus trabajos o a que los clientes desaparezcan de la noche a la mañana. A los líderes religiosos les preocupa la falta de parroquianos. Todos estos grupos tal vez no se hayan parado a pensar que pueden permitirse el lujo de tener una mentalidad superior, pero lo cierto es que se lo pueden permitir. Están mucho mejor asegurados que cualquier otro estadounidense o cualquier persona a lo largo de nuestra historia. Si ni siquiera ellos pueden actuar en aras de un beneficio común, ¿quién puede hacerlo?

Los cargos públicos que más reconocimiento han merecido esta semana han sido los mandos militares. En un acto de extraordinario liderazgo para tratarse de personas que trabajan a las órdenes del presidente, los altos mandos de las cinco ramas en las fuerzas armadas emitieron comunicados independientes en los que denunciaron de forma inequívoca el racismo y la intolerancia. A lo mejor es porque el Ejército es la institución donde mejor se ha integrado la diversa población de EEUU. Tal vez sea porque los militares siguen siendo de la vieja escuela, donde el honor, las reglas y los valores son lo que cuenta. Los dirigentes militares han demostrado porque todavía inspiran tanto respeto a nivel nacional. El resto de élites americanas deberían tomar nota.

El GPS global

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios