Trump aprisiona a EEUU en su eterna guerra de Afganistán

Trump promete apartarse de la reconstrucción del país, enfatizar las medidas antiterroristas, acabar con la corrupción y pedir cuentas a Pakistán. Pero Barack Obama prometió lo mismo

Foto: Tropas estadounidenses en la provincia de Uruzgan, Afganistán. (Reuters)
Tropas estadounidenses en la provincia de Uruzgan, Afganistán. (Reuters)

La señal más clara de la bancarrota que sufre la política exterior de EEUU puede verse en las políticas de Afganistán. Tras más de quince años de guerra y un despliegue de cientos de miles de tropas, un nuevo presidente ha entrado en la Casa Blanca con la determinación de transformar esa política. Pero tras varios meses, y con gran fanfarria, presentó una continuación de la misma. ¿El resultado? Estados Unidos se encuentra completamente aprisionado en su eterna guerra de Afganistán.

La estrategia del presidente Trump difiere de la heredada por la administración Obama en una solo elemento: la adición de 4.000 soldados. Trump promete apartarse de la reconstrucción del país, enfatizar las medidas antiterroristas, acabar con la corrupción en Afganistán y pedir cuentas a Pakistán. Barack Obama prometió lo mismo. "Es hora de centrarse en la construcción de la nación aquí, en casa", dijo en 2011, explicando su cambio de enfoque en contraste con la estrategia de George Bush.

Los comentarios de Trump sobre Pakistán fueron percibidos por muchos como una clara ruptura con respecto a la administración anterior. Al parecer, la gente ha olvidado el franco y poco habitual testimonio de Mike Mullen -por entonces jefe del Estado Mayor Conjunto- ante el Congreso en 2011. En su declaración, definió a la red Haqqani, uno de los grupos terroristas más peligrosos de Afganistán, como "un verdadero brazo de la agencia de inteligencia pakistaní ISI".

Ese mismo año, la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, y el exdirector de la CIA, David Petraeus, realizaron un viaje a Pakistán para -en palabras de Clinton- "presionar a los pakistaníes con mucha dureza" con el fin de que retiren su apoyo a grupos militantes afganos. Esta es solo una del conjunto de medidas que se tomaron. Dichas medidas ultrajaron tanto a Pakistán que las autoridades del país cerraron durante siete meses las vías de suministro para las tropas estadounidenses basadas en Afganistán.

Para expresar su apoyo al compromiso indefinido de Trump, el presidente de la Cámara de Representantes de EEUU, Paul Ryan, utilizó el viejo dicho que afirma que Estados Unidos tiene el reloj, pero los talibanes tienen el tiempo. "Si creen que tenemos una fecha límite, un calendario, estarán al acecho", dijo. Pero esta visión pasa por alto la naturaleza de un conflicto extranjero como este. Los talibanes estarán siempre al acecho por un simple motivo: viven allí.

Dos hombres de Kabul escuchan el discurso de Trump sobre la nueva estrategia en Afganistán. (Reuters)
Dos hombres de Kabul escuchan el discurso de Trump sobre la nueva estrategia en Afganistán. (Reuters)

Harry Summers, un sabio oficial del ejército que luchó en Vietnam, escribió el libro más autorizado sobre las lecciones militares que se extrajeron de dicha guerra, titulado "Sobre estrategia: análisis crítico de la Guerra de Vietnam". En el prólogo, narra su encuentro con un oficial vietnamita del norte en 1975, antes de la caída de Saigón. "Sabes que nunca nos habéis derrotado en el campo de batalla", le dijo. El oficial replicó: "Puede ser, pero es irrelevante". Todas y cada una de las fuerzas locales saben una cosa a la perfección. Que, al final, los extranjeros tienen que regresar a su país.

¿Por qué los talibanes están ganando territorio en Afganistán? Le formulé esta pregunta a Dexter Filkins, colaborador de The New Yorker y uno de los corresponsales de guerra en Afganistán más perspicaces que ha habido. "A los afganos corrientes no les gustan los talibanes. Pero el Gobierno afgano les gusta aún menos. Decimos que no queremos ocuparnos de reconstruir la nación, pero no se puede construir un ejército sin un Estado previo. La gente no muere por un ejército, muere por su país. ¿Y quién quiere morir por el Gobierno afgano actual?

Los militares estadounidenses sobre el terreno conocen el problema a fondo, motivo por el que definen al Gobierno afgano como un conjunto de redes corruptas que se extienden por todo el país. Incluso tienen un acrónimo para ello: VICE (Empresa Criminal Verticalmente Integrada). Barnett Rubin, experto líder en la política afgana y consejero ante la ONU y el Gobierno de EEUU, explica el problema desde su perspectiva: "El Estado afgano no se sostiene sin ayuda de fuera", me dijo. "No puede pagar sus deudas sin el Gobierno estadounidense. Es incapaz de construir una sociedad estable sin la ayuda de Pakistán. No puede crecer económicamente sin comerciar con Irán".

En contestación a los informes en los que se menciona que Afganistán posee recursos minerales por valor de un billón de dólares, Rubin dijo: "Estoy seguro de que la Luna tiene más riqueza mineral, pero lo primero es buscar la forma de venderlo en el mercado. Y para ello, necesitas vecinos amistosos". Rubin cree que el enfoque escogido por Trump está condenado al fracaso porque parece totalmente unilateral y deliberadamente ajeno a los intereses de otras potencias regionales, en esepcial Rusia, China e Irán.

Mientras tanto, la administración de Trump ha duplicado los números, pero en más de lo mismo. Más financiación, más bombas, más tropas. Más presión sobre Pakistán y más mano dura con los afganos. Es un enfoque táctico, diseñado por generales que se resisten a perder. Pero ni siquiera intenta camuflarse bajo una estrategia de victoria. En otras palabras, medio siglo después, y por un coste humano inferior, Estados Unidos ha replicado la estrategia de Vietnam. Llámenlo atolladero.

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