Doblar la apuesta con tal de no ceder: Trump está a punto de repetir una tragedia histórica

Lyndon Johnson sabía que la guerra de Vietnam no podía ganarse, pero fue incapaz de ordenar la retirada. El presidente actual prepara un desastre con Corea del Norte e Irán, sin un motivo real

Foto: Donald Trump en el Despacho Oval, el 19 de octubre de 2017. (EFE)
Donald Trump en el Despacho Oval, el 19 de octubre de 2017. (EFE)

La exhaustiva serie documental de Ken Burns y Lynn Novick sobre la guerra de Vietnam, que está siendo un fenómeno televisivo en EEUU, está llena de historias y voces de soldados ordinarios de todas las partes del conflicto. Pero el aspecto más trágico del relato, para mí, fue escuchar una grabación del presidente Lyndon B. Johnson, antes de la plena implicación estadounidense, admitiendo que la guerra no podía ganarse. El dilema de Johnson es uno al que los presidentes temen enfrentarse… y al que el presidente Trump se está abocando por propia iniciativa en Corea del Norte e Irán.

En mayo de 1964, cuando EEUU tenía menos de 20.000 combatientes en Vietnam, sirviendo como asesores y formadores, Johnson le dijo a su asesor de seguridad nacional, McGeorge Bundy: “Me he quedado despierto toda la noche pensando en esto… Me tiene absolutamente preocupado. No veo que podamos aspirar jamás a salir de allí una vez que nos hemos comprometido…. No creo que podamos combatirles a 10.000 millas de casa y llegar nunca a ningún lado en esa zona. No creo que merezca la pena luchar por ello, y no creo que podamos salir”.

“Miro a mi sargento esta mañana”, continuó Johnson. “Ha tenido siete pequeñajos… ¿En nombre de qué demonios le estoy ordenando que vaya allí? ¿Qué carajo me importa a mí Vietnam? ¿Cuál es su interés para este país?”.

Johnson se estaba haciendo las preguntas adecuadas. Entendía que Vietnam en realidad no era un asunto vital y que podía fácilmente convertirse en un avispero. Y aún así, nunca pudo llegar a la conclusión lógica: la retirada. Como muchos presidentes antes y después que él, no era capaz de ver cómo podía admitir la derrota. Ningún presidente puede hacer eso. En otra conversación, con su mentor en el Senado, Richard Russell, Johnson especuló que “le harían un impeachment a un presidente, sin embargo, que saliese corriendo [de Vietnam], ¿no?”.

Y así, debido a que el presidente de los Estados Unidos no podía concebir una forma de admitir que EEUU necesitaba cambiar de rumbo, Johnson incrementó el número de tropas en Vietnam desde poco menos de 20.000 a más de 500.000, destruyendo Indochina, la sociedad estadounidense y su presidencia. El ejemplo es dramático, pero es por lo general cierto que en política exterior, cuando EEUU se enfrenta a una elección entre dar marcha atrás o duplicar la apuesta, elige lo último.

En dos escenarios cruciales, Corea del Norte e Irán, Trump ha aumentado de forma dramática los riesgos para Estados Unidos, y sin ninguna buena razón. Decidido a parecer más duro que su predecesor, ha fijado posiciones maximalistas acerca de ambos países. Quiere una Corea del Norte totalmente desnuclearizada y un Irán que deje de fabricar misiles balísticos y deje de apoyar a fuerzas ‘proxy’ en países como Siria, Irak y Yemen. Hay una mínima y decreciente posibilidad de que Corea del Norte e Irán simplemente capitulen porque Washington lo exige. Pero si no lo hacen, ¿qué hará Trump? ¿Dará marcha atrás o duplicará la apuesta? ¿Y dónde termina esa escalada?

El presidente mexicano Enrique Peña Nieto saluda al matrimonio Trump durante la cumbre del G20 en Hamburgo, en julio de 2017. (EFE)
El presidente mexicano Enrique Peña Nieto saluda al matrimonio Trump durante la cumbre del G20 en Hamburgo, en julio de 2017. (EFE)

Trump parece concebir las negociaciones internacionales tal y como lleva a cabo acuerdos de negocios. Él tiene que ganar. Pero hay una enorme diferencia. En la arena internacional, la otra persona tiene que preocuparse también por su política nacional. Él o ella tampoco pueden aparecer como derrotados.

Un hombre de negocios destacado me dijo recientemente: “Trump está llevando a cabo una negociación a dos, creyendo que es sólo él y el otro tipo, dos figuras importantes llegando a un acuerdo, igual que en los negocios. Pero en realidad hay gente fuera de la habitación –los ciudadanos de ambas naciones- que imponen grandes restricciones a los negociadores. No es para nada un juego de dos personas”.

Para que una negociación internacional tenga éxito, tiene que haber algún elemento de “todos ganan”. De otro modo, la otra parte simplemente será incapaz de vender el acuerdo en casa. Pero Trump parece creer por encima de todo que él debe ganar y el otro debe perder.

Un alto funcionario mexicano me dijo que habría maneras de renegociar el NAFTA, incluso encontrando una manera de financiar el muro fronterizo, “pero Trump tendría que permitirnos también proclamar algún tipo de victoria, darnos algunas concesiones. En lugar de eso, empezó humillándonos y haciendo imposible para [el presidente Enrique] Peña Nieto llegar a un acuerdo. Después de todo, ningún gobierno mexicano puede ser visto como que simplemente se rinde ante Washington”.

La forma de negociar de Trump puede haberle funcionado durante su vida anterior, aunque allí, también, muchos aseguran que no era la forma de forjarse una gran reputación. Pero ya no está haciendo tratos inmobiliarios. El escenario es diferente, las condiciones son mucho más complejas, y los riesgos son más altos. Astronómicamente altos.

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