Mientras nos obsesionamos con Donald Trump, China está haciendo historia

China ha dejado claro que se ve a sí misma como la otra gran superpotencia del mundo, posicionándose como la alternativa, si no como el rival, de Estados Unidos

Foto: Revistas chinas muestran el rostro del presidente Xi Jinping en un kiosco de Shanghai, el 27 de octubre de 2017. (Reuters)
Revistas chinas muestran el rostro del presidente Xi Jinping en un kiosco de Shanghai, el 27 de octubre de 2017. (Reuters)

Mientras las noticias y análisis en EEUU siguen con su obsesión sobre las payasadas e insultos diarios de Trump, en la otra punta del mundo ha sucedido algo realmente histórico. China ha dejado claro que ahora se ve a sí misma como la otra gran superpotencia del mundo, posicionándose como la alternativa, si no como el rival, de Estados Unidos.

No es que esto sea mi opinión sobre la política china basada en leer hojas de té. Es la visión, articulada de forma clara, del líder supremo de China, Xi Jinping. En su discurso la semana pasada durante el 19º Congreso del partido Comunista, Xi declaró que China está en una “coyuntura histórica”, entrando en “una nueva era” que estará marcada por cómo el país se convertirá en una “poderosa fuerza” en el mundo y tendrá un papel modelo para el desarrollo político y económico. Afirmó que “el sistema político de China es una gran creación” que ofrece “una nueva elección para otros países”. Y ha insistido en que el gigante defenderá fieramente sus intereses al tiempo que se convierte en un líder global en cuestiones como el cambio climático y el comercio.

Desde que China abandonó su aislamiento maoista en los años 70, su filosofía guía fue establecida por Deng Xiaoping. En ese momento, China necesitaba aprender de Occidente, especialmente de EEUU, e integrarse dentro del orden internacional existente. De acuerdo con Deng, debía ser humilde y modesta en su política exterior, “esconder su luz bajo una pantalla” y “esperar el momento propicio”. Pero ese momento ya ha llegado, en opinión de Xi, que ha dicho que el gigante asiático está listo para “situarse en el centro del mundo”.

China quiere una revisión del sistema internacional que se acomode a su propio poder creciente, no una revolución

El discurso de Xi es importante porque el congreso de su partido dejó claro que no es un líder ordinario. Se ha asegurado un segundo mandato sin nombrar a ningún sucesor obvio de la nueva generación de funcionarios del partido, manteniendo así un control del poder mucho más firme que sus predecesores inmediatos. Más importante, el partido ha consagrado las ideas de Xi en la Constitución, un honor previamente concedido en vida solamente a Mao Zedong (las ideas de Deng fueron añadidas, pero solo de forma póstuma). Eso significa que durante el resto de su vida, Xi y sus ideas dominarán el Partido Comunista de China.

En un número reciente de la "New York Review of Books", Andrew Nathan señala que la política occidental hacia Pekín normalmente ha asumido que, con el tiempo, mientras China modernizaba su economía, se iría volviendo más plural en casa y más cooperativa en el extranjero. Nathan añade, sin embargo, que a unos pocos escritores y periodistas, como James Mann, les preocupaba que en lugar de eso China seguiría siendo un país autoritario y proporcionaría apoyo a otros países antidemocráticos.

Vista general de la Cumbre de los BRICS en Xiamen, en la provincia china de Fujian, el 4 de septiembre de 2017. (Reuters)
Vista general de la Cumbre de los BRICS en Xiamen, en la provincia china de Fujian, el 4 de septiembre de 2017. (Reuters)

La realidad no es tan extrema como Mann predijo. China ha seguido siendo resueltamente autoritaria, de hecho incluso más en los últimos años. Pero en cuestiones como el cambio climático, el comercio o Corea del Norte, de hecho ha sido más cooperativa. Mientras Pekín ha intentado establecer algunas instituciones internacionales alternativas por su cuenta, es también el tercer mayor donante de Naciones Unidas y el segundo mayor contribuyente al presupuesto del órgano de misiones internacionales de mantenimiento de la paz. China quiere una revisión del sistema internacional que se acomode a su propio poder creciente, no una revolución y un reemplazo completo del orden internacional creado por Occidente.

En parte, la nueva postura de China hacia el mundo, y la forma en la que ha sido recibida, son el resultado de la fortaleza continuada de la economía china y la creciente autoconfianza política del partido bajo Xi. Pero estos cambios también están ocurriendo en un contexto de colapso total de la autoridad política y moral de Estados Unidos en el mundo. Una reciente encuesta del Pew Research Center señala una caída de 14 puntos de aquellos que tienen una visión favorable de EEUU, entre más de 30 países donde ha tenido lugar el sondeo.

Países como Australia, Holanda y Canadá tienen ahora una visión más favorable de China que de EEUU

Países como Australia, Holanda y Canadá tienen ahora una visión más favorable de China que de Estados Unidos. Muchos de los países participantes en la encuesta -incluyendo Alemania, Chile e Indonesia- tienen una mayor confianza en el liderazgo de Xi que en el de Trump. China ha buscado agresivamente mejorar su imagen en el mundo, empleando miles de millones en ayuda exterior, prometiendo comercio e inversiones y abriendo Institutos Confucio para promover la cultura china.

Mientras tanto, consideren cómo debe verse EEUU desde el resto del mundo. Está paralizado políticamente, incapaz de tomar decisiones importantes. En mitad de una creciente burbuja de deuda, adolece seriamente de falta de inversión en educación, infraestructura y ciencia y tecnología. La política se ha convertido en una rama de la telerrealidad, con insultos diarios, respuestas y comentarios tiznados de opinión. El papel de liderazgo histórico de América en el mundo ha sido reemplazado por una ideología estrecha de miras. La política exterior se ha convertido en un juego partidista, con Washington rompiendo acuerdos, cambiando de rumbo y revirtiendo políticas casi exclusivamente para apuntarse tantos políticos en casa.

El cambio en la reputación al que estamos asistiendo en todo el mundo no tiene tanto que ver con el auge de China como con el declive de Estados Unidos.

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