Reforma fiscal: tal vez Trump conozca a sus bases de votantes mejor que nadie

Sus políticas presupuestarias serán devastadoras para las comunidades rurales y de ingresos medios que le ayudaron a lograr el cargo. ¿Por qué votan en contra de sus "intereses"?

Foto: Donald Trump estrecha la mano de dos niños disfrazados de él y del vicepresidente Mike Pence, en Salt Lake City, Utah, el 4 de diciembre de 2017. (Reuters)
Donald Trump estrecha la mano de dos niños disfrazados de él y del vicepresidente Mike Pence, en Salt Lake City, Utah, el 4 de diciembre de 2017. (Reuters)

Al ver el itinerario del plan republicano sobre impuestos en el Congreso, se percibe una gran diferencia aparente entre el programa del presidente Trump y otros movimientos populistas en el mundo occidental. En Estados Unidos, Trump lidera algo que podemos definir con más precisión como populismo plutocrático, una mezcla de causas populistas tradicionales con otras extremadamente libertarias.

Los propios think-tanks del Congreso -el Comité Conjunto sobre Impuestos y la Oficina Presupuestaria del Congreso- calculan que, según la propuesta de ley del Senado, en 10 años la gente que gane entre 50.000 y 75.000 dólares (los ingresos medios en Estados Unidos) pagaría la espectacular cifra de 4.000 millones de dólares más en impuestos, mientras que las personas que ganen 1 millón de dólares o más pagaría 5.800 millones menos. Y eso no tiene en cuenta los recortes masivos en servicios, el sistema sanitario y otros beneficios que seguramente se derivarán de ello. Martin Wolf, el sobrio y bien informado comentarista económico del 'Financial Times', concluye: “Este es un esfuerzo determinado para desviar recursos desde la parte baja, media e incluso media-alta de la distribución de ingresos en EEUU hacia la parte más alta, combinado con un gran incremento de la inseguridad económica para la gran mayoría”.

El enigma, dice Wolf, es la razón de que sea una estrategia política exitosa. El Partido Republicano está persiguiendo una agenda económica para el 0,1%, pero necesita lograr los votos de la mayoría. Este es el asunto que el polítologo Paul Pierson, de Berkeley, discute en un ensayo recientemente publicado en el 'British Journal of Sociology'. Pierson señala que el programa de Trump tiene aspectos fuertemente populistas, especialmente en materia de comercio e inmigración. Pero, señala, “en los grandes temas económicos de impuestos, gasto y regulación -los que han animado a las elites conservadoras durante una generación- ha perseguido, o apoyado, una agenda que es extremadamente positiva para las grandes corporaciones, las familias ricas y los rentistas bien posicionados. Sus políticas presupuestarias (y las perseguidas por sus aliados republicanos en el Congreso), si son puestas en marcha, serán devastadoras para las mismas comunidades rurales y de ingresos medios que le ayudaron a lograr el cargo”.

Hay cada vez más evidencias de que las bases de Trump le apoyan porque sienten una profunda afinidad emocional, cultural y de clase con el presidente

Pierson argumenta que Trump llegó a la Casa Blanca con un paquete de ideas inconclusas y sin una organización real. De ese modo, su Administración estaba madura para ser tomada por los elementos más ardorosos, organizados y bien financiados del Partido Republicano: su ala libertaria. Alimentados y establecidos a lo largo de los años, este grupo de conservadores decidió aliarse con la Administración Trump para poner en práctica su agenda de larga duración. Pierson cita a Grover Norquist, el férreo operativo antiestatal del Partido Republicano, explicando en 2012 su visión sobre la selección de un candidato presidencial republicano. “No estamos haciendo un cásting para un líder sin miedo. No necesitamos un presidente que nos diga en qué dirección debemos ir. Sabemos en qué dirección ir… Solo necesitamos un presidente que firme estas cosas”.

¿Significa eso que el Partido Republicano está embaucando taimadamente y con éxito a sus partidarios, prometiéndoles populismo y poniendo en práctica en su lugar un capitalismo plutocrático? Esa opinión ha sido la esencia del análisis liberal durante años, cuyo ejemplo más prominente es el libro de Thomas Frank: '¿Qué pasa con Kansas?'. Frank argumentó que los republicanos han sido capaces de obrar este truco de magia enarbolando cuestiones sociales delante de los votantes de clase obrera, que pican el cebo y pierden perspectiva del hecho de que están votando contra sus propios intereses. Tanto Wolf como Pierson creen que este truco acabará siendo peligroso para los republicanos. “Los plutócratas están cabalgando un tigre hambriento”, escribe Wolf.

Donald Trump posa antes unos visitantes a la Casa Blanca antes de partir de viaje hacia Dallas. (Reuters)
Donald Trump posa antes unos visitantes a la Casa Blanca antes de partir de viaje hacia Dallas. (Reuters)

Pero, ¿qué pasa si la gente no está siendo engañada para nada? ¿Y si la gente se siente motivada mucho más profundamente por las cuestiones relacionadas con la religión, la raza y la cultura que por la economía? Hay cada vez más evidencias de que las bases de Trump le apoyan porque sienten una profunda afinidad emocional, cultural y de clase con él. Y mientras la propuesta de ley impositiva es analizada por los economistas, Trump se pelea con atletas negros, retuitea videos antimusulmanes y promete no ceder en inmigración. Tal vez conoce a sus bases mejor que nosotros.

De hecho, el populismo de Trump podría no ser tan único como promete ser. Las encuestas en Europa sugieren que los principales asuntos que mueven a la gente a apoyar el Brexit o los partidos de extrema derecha en Francia y Alemania, e incluso los partidos populistas de Europa del Este, son culturales y sociales.

La revolución más importante en economía en la pasada generación ha sido el auge de los científicos del comportamiento, formados en psicología, que están viendo que la gente sistemáticamente toma decisiones que van contra sus propios “intereses”. Esto podría ser la punta del iceberg en la comprensión de la motivación humana. La verdadera historia podría ser que la gente que sus propios intereses de forma mucho más emocional y tribal de lo que entienden los académicos. ¿Y si, a ojos de un enorme grupo de estadounidenses, estos otros asuntos los cuales por los que se alzarán, protestarán, apoyarán a políticos e incluso pagarán un precio económico? ¿Y si, para mucha gente, en EEUU y otras partes del mundo, esos son su verdaderos intereses?

El GPS global

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