Lecciones básicas de la nación más competente del mundo

Hace cinco décadas, Corea del Sur era uno de los países más pobres. No tenía recursos naturales, la población era analfabeta y sus infraestructuras habían quedado destrozadas. Hoy es 'medalla de oro'

Foto: Surcoreanos disfrutan de un día de sol en el Olympic Park, en Seúl. (Reuters)
Surcoreanos disfrutan de un día de sol en el Olympic Park, en Seúl. (Reuters)

Ahora que la atención del mundo se aleja durante un tiempo del presidente Trump para centrarse en los Juegos de Invierno en PyeongChang, es importante no fijarse solo en las competiciones deportivas, sino también al país que ese año ejerce de anfitrión. Corea del Sur es, en algunos sentidos, la nación más competente del mundo, y su éxito nos aporta algunas lecciones decisivas.

Primero, la economía. Corea del Sur juega en primera división. En su libro de 2012 'Breakout Nations' Ruchir Sharma explicó que únicamente dos economías han crecido a una media anual superior al 5% durante cinco décadas seguidas: Taiwán y Corea del Sur. La trayectoria de Corea del Sur es, según Sharma, incluso más impresionante porque, al contrario que Taiwán, donde el sector manufacturero 'low-cost' está todavía muy arraigado, Corea del Sur ha sido capaz de avanzar hacia una economía post-industrial, con sectores como la electrónica de consumo, biotecnología y robótica. Seúl también es un centro neurálgico de la industria del entretenimiento, creando la mayoría de las series de televisión y la música de mayor éxito en el Este de Asia. Por ello, Sharma le concede la "medalla de oro" entre las naciones emergentes.

Estos logros son todavía más impresionantes cuando se tiene en cuenta el punto de partida. Hace medio siglo, Corea del Sur era uno de los países más pobres del planeta, y nadie habría augurado que podría conseguir semejante milagro económico. En 1960, su producto interior bruto per cápita era de 158 dólares, ligeramente inferior al de Ghana. Actualmente supera los 27.000 dólares -casi 20 veces el porcentaje de Ghana-. Sin embargo, la pobreza solo es el principio para describir los problemas de Corea del Sur tras la guerra de Corea. El país no tenía recursos naturales ni 'ventajas' geográficas, la mayor parte de la población era analfabeta y sus infraestructuras habían quedado destrozadas en la guerra. También se enfrentaba a la amenaza de Corea del Norte, que contaba por aquel entonces con el apoyo incondicional de una superpotencia, la Unión Soviética, y de China, que había enviado millones de soldados a combatir en la Guerra de Corea.

Junto a su 'boom' económico, no obstante, Corea del Sur ha experimentado una transformación política. Pasó sus primeras décadas gobernada por dictaduras represivas. En la década de 1980, el sistema comenzó a tambalearse cuando la población empezó a exigir cambios. La transición a una democracia liberal no fue sencilla, como sucede siempre, pero el país salió adelante. De hecho, en Corea del Sur se ha dado una alternancia política más genuina que en Japón, que esencialmente sigue siendo una democracia de partido único. Además, en los últimos años, Corea del Sur ha juzgado tanto a su presidente electo como al dueño de su mayor compañía, dos iniciativas impresionantes cuando se comparan con democracias occidentales más estables.

El éxito no se mide solo por dónde estás, también por el punto de partida, la distancia que has recorrido. Y, bajo esa definición, ciertamente Corea del Sur es uno de los países más exitosos del mundo.

Podríamos sentirnos inclinados a concluir que los coreanos tienen un talento innato. De hecho, el caso surcoreano rebate esta idea. A lo largo del Paralelo 38 viven millones de norcoreanos, étnicamente indistinguibles de sus vecinos del sur. Pese a ello Corea del Norte es un desastre, una de las economías menos competentes del mundo y uno de los regímenes políticos más represivos. El éxito de Corea del Sur se debe a elegir las políticas correctas, aquellas que, tal y como concluyó en su día el Banco Mundial, son un apoyo básico para los mercados y el comercio, así como a las generosas inversiones en educación e infraestructuras.

Añadiría otro factor para explicar el éxito de Corea del Sur: Estados Unidos. Ha protegido y dado apoyo a Corea del Sur desde su infancia, cuando era un país frágil amenazado por sus vecinos y su economía, un caso perdido. Los estadounidenses fueron a la guerra para defender a esta pequeña nación, cruzando medio mundo, y han mantenido un compromiso militar y tropas en el país durante seis décadas. Washington también ha sido generoso en cuanto a ayuda financiera. Según un think tank surcoreano, EEUU ha proporcionado 60.000 millones en ayuda y préstamos a Corea del Sur entre 1946 y 1978, una cantidad cercana a todo lo gastado en el continente africano en el mismo periodo.

Los estadounidenses en ambos lados del espectro político están cansados de involucrarse en el mundo, escépticos sobre mantener tropas en el extranjero y convencidos de que la ayuda a otros países es tirar el dinero. Durante las próximas semanas, mientras siguen los Juegos en PyeongChang, puede que piensen otra vez en lo lejos que ha llegado Corea del Sur... incluso puede que les enorgullezca haber ayudado a este país.

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