Gobierno de Donald Trump: La caravana infernal que pinta Trump no es sino una estrategia electoral

La 'caravana infernal' que pinta Trump no es sino una estrategia electoral

Al demonizar a un grupo de inmigrantes centroamericanos inofensivos, el presidente juega con los miedos de sus bases, porque con él, el Partido Republicano no tiene mucho más que ofrecer

Foto: Inmigrantes centroamericanos saltan de un vagón de tren a otro, parte de una caravana de personas con destino a EEUU, en Tlaquepaque, México, el 19 de abril de 2018. (Reuters)
Inmigrantes centroamericanos saltan de un vagón de tren a otro, parte de una caravana de personas con destino a EEUU, en Tlaquepaque, México, el 19 de abril de 2018. (Reuters)

El presidente Trump ha dicho que el grupo de inmigrantes que recientemente viajó desde América Central hasta Estados Unidos simboliza la inmigración descontrolada, la falta de legalidad y la violencia que asedian el país. “Se está poniendo más peligroso. Las 'caravanas' están llegando”, tuiteó el mes pasado. Esta semana añadió: “La 'caravana' inmigrante que está desafiando abiertamente nuestras fronteras muestra lo débiles e inefectivas que son las leyes de inmigración de EEUU”.

Los hechos sugieren lo contrario. El año pasado, según el informe de Protección de Fronteras y Aduanas de EEUU, los cruces migratorios transfronterizos ilegales están en su menor nivel jamás registrado.

Trump, por supuesto, asegura que esta caída es resultado de sus políticas. Consideren este extracto de un discurso del Estado de la Unión, asegurando que la administración había puesto “más botas en la frontera sur que en ningún momento de nuestra historia” y que había acortado “los cruces ilegales hasta su menor nivel en 40 años”. El problema de concederle el crédito a Trump, sin embargo, es que ese fue el discurso del Estado de la Unión de febrero de 2013, y que el presidente que lo hizo era Barack Obama.

El declive de la inmigración ilegal ha sido una tendencia desde hace dos décadas. En ese tiempo, el número de arrestos de la Patrulla Fronteriza en la frontera sur ha caído en aproximadamente un 80%, de 1,6 millones en 2000 ha 300.000 en 2017.

En lo que respecta a la inmigración mexicana, incluso antes del auge de Trump, más mexicanos abandonaban EEUU de los que entraban. Según un estudio del Pew Research Center, de 2009 a 2014, 1 millón de mexicanos y sus familias (incluyendo a niños nacidos en Estados Unidos) volvieron a su país de origen, mientras que sólo 870.000 llegaron.

Y respecto a esta caravana, los más de mil inmigrantes en su mayoría de Centroamérica, que huyen de la pobreza, la violencia de las bandas y la represión, se agruparon como medida de seguridad. Son un grupo pacífico en su mayoría compuesto de mujeres y niños. Muchos probablemente acabarán viviendo en México. Un pequeño número, unos doscientos, se espera que soliciten asilo en Estados Unidos, y las tasas de admisión previas sugieren que sólo un cuarto serán aceptados. Esta es la realidad de la supuestamente amenazadora caravana que conjura Trump.

El presidente Trump saluda a los asistentes a la Casa Blanca, el 3 de mayo de 2018. (Reuters)
El presidente Trump saluda a los asistentes a la Casa Blanca, el 3 de mayo de 2018. (Reuters)

Y aún así, Trump no ceja en sus ataques contra estas personas desposeídas e indefensas. Las demoniza, describiéndolas como amenazas a Estados Unidos, símbolos de la ilegalidad y la violencia que supuestamente permean el país (de hecho, el crimen violento ha caído un 66% desde principios de los 90). ¿Por qué lo hace?

La respuesta más probable es que está buscando una estrategia para las próximas elecciones de mitad de mandato, que se presentan oscuras para los republicanos, que no tienen mucho de qué hablar. No hay un programa de infraestructuras de un trillón de dólares. La nueva legislación fiscal es impopular, vista en gran medida como un regalo para los ricos y las grandes corporaciones. No ha disparado el crecimiento económico como prometió. El sistema de salud pública es ahora aún más complejo, dada la revocación parcial del Obamacare.

Y luego están las cifras de aprobación de Trump, más bajas que las de ningún otro presidente en la historia moderna en este punto de su mandato excepto las de Jimmy Carter. Oh, y añadan a eso el nubarrón de la investigación especial de Robert Mueller.

¿Qué vía de salida les queda a los republicanos? Enfocarse en las ansiedades culturales del público estadounidense. Nada encarna mejor esos miedos que la inmigración. Se ha convertido en un concepto atrapalotodo, especialmente entre los blancos no universitarios, el núcleo de los partidarios de Trump. El presidente ha señalado a menudo lo crucial que el muro fronterizo es para sus bases, declarando que “lo que quieren más que nada es el muro”. De hecho, una encuesta reciente señala que el 81% de los republicanos quieren que se construya.

En unas elecciones de mitad de mandato, en las que es crucial movilizar a tus más ardientes partidarios, nada funcionará tan bien como la inmigración (aunque no se sorprendan si Trump también empieza algunas peleas con atletas negros o víctimas de la violencia policial en los próximos meses). Un estudio publicado la semana pasada por la Academia Nacional de Ciencias señala que los votantes de Trump en las elecciones de 2016 estaban menos motivados por la ansiedad económica y más por la ansiedad por su estatus: el miedo a un poder y un estatus que se desvanecen en un país en proceso de cambio. Y un análisis anterior del Instituto de Investigación sobre Religión Pública ha llegado a conclusiones similares, subrayando los “miedos sobre el desplazamiento cultural” como la clave para entender las motivaciones de los votantes blancos de clase trabajadora de Trump.

Trump puede que no lea estudios académicos, pero claramente comprende de forma instintiva lo que revuelve a sus bases. Y está decidido a inflamar esos miedos, independientemente de los hechos o el efecto que vaya a tener en el país.

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