El circo de la Administración Trump empieza a tener consecuencias en el mundo

EEUU está sentando un mal ejemplo para países como los asiáticos, que vuelven a copiar un proteccionismo nacionalista que ya en el pasado se ha demostrado devastador para la economía

Foto: Donald Trump durante la cumbre de la ASEAN del año pasado en Manila, el 13 de noviembre de 2017. (Reuters)
Donald Trump durante la cumbre de la ASEAN del año pasado en Manila, el 13 de noviembre de 2017. (Reuters)

Es fácil distraerse por el circo de la presidencia de Donald Trump. Pero, ¿cuál es su efecto a largo plazo? Para responder a esa cuestión, miren a tres reuniones que han tenido lugar en la otra punta del planeta.

Las cumbres de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y de Extremo Oriente en Singapur, y la conferencia de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Papua-Nueva Guinea, a las que asistieron todos los grandes países asiáticos, son particularmente importantes, porque los países de la región están intentando navegar en las aguas del cambio de poder excepcional que está teniendo lugar: el auge de China. Para eso, es crucial que entiendan el papel del mayor superpoder en la actualidad, Estados Unidos.

Pero el presidente de EEUU está ausente. Donald Trump optó por saltarse esas cumbres y enviar al vicepresidente Mike Pence en su lugar. Pero el chino Xi Jinping, el ruso Vladímir Putin y el indio Narendra Modi han viajado a Singapur o a Papua-Nueva Guinea, y el japonés Shinzo Abe y el surcoreano Moon Jae-in han ido a ambos. Lo cierto es que todo el mundo, salvo el presidente Trump, ha asistido.

Una queja persistente de los países asiáticos es que mientras EEUU se preocupa por el ascenso de China -como hizo Pence en su discurso en la cumbre de la ASEAN-, está dejando el campo libre a Pekín. No lleva mucho tiempo asistir a este tipo de encuentros, dar forma a la agenda, fortalecer las alianzas o profundizar en los lazos en la región. La continua falta de interés de Trump solamente va a seguir alimentando este miedo.

Estamos viendo el efecto de la retirada de Trump en el comercio en Asia. Los dos mecanismos para una mayor cooperación y prosperidad que estaban a punto de completarse en la región habían sido el Acuerdo Transpacífico (TPP) y la Asociación Económica Integral Regional (RCEP). Trump sacó a EEUU del TPP, minando los objetivos del acuerdo de proporcionar a los países asiáticos una alternativa a un sistema dominado por China. El RCEP, que incluye a China, busca también abrir las economías asiáticas e incrementar el comercio y los contactos en la región. Pero tras 24 rondas de negociaciones, el impulso parece haberse ralentizado, tal vez incluso detenido.

Cumbre de la APEC en Port Moresby, Papua-Nueva Guinea, el 17 de noviembre de 2018. (Reuters)
Cumbre de la APEC en Port Moresby, Papua-Nueva Guinea, el 17 de noviembre de 2018. (Reuters)

India está intentando proteger sus mercados de las importaciones chinas, otros países están intentando mantener fuera a las industrias de servicios indias, y todo el mundo puede hallar consuelo en el hecho de que todo eso es simplemente un eco de lo que la gran superpotencia mundial, Estados Unidos, está haciendo en sus propias negociaciones de comercio.

He escrito anteriormente, y sigo creyendo, que la Administración Trump tiene bastante razón sobre el abuso por parte de China del sistema de comercio internacional, y está en lo correcto al ponerse dura con Pekín. Pero está tremendamente equivocada en su oposición instintiva al comercio, como ha voceado repetidamente el presidente. “Si no comerciásemos, ahorraríamos un maldito montón de dinero”, dijo Trump en un discurso en julio, una frase que es simplemente falsa. Según los cálculos de Gary Hufbauer y Lucy Lu del Instituto Peterson de Economía Internacional, la expansión del comercio desde 1950 ha elevado el PIB de EEUU hasta los 2.100 billones de dólares en 2016. Eso es equivalente a una ganancia por persona de 7.014 dólares, o 18.131 dólares por unidad familiar.

Ver cómo el Gobierno de India intenta ahora proteger sus mercados y elevar los aranceles es un triste caso de país que parece haber olvidado su propia historia. India tiene décadas de experiencia con los altos aranceles, que fueron diseñados para impulsar sus industrias nacionales. El resultado fue compañías no competitivas, productos chapuceros, una corrupción generalizada y estancamiento económico. Entonces, a principios de los años 90, acabó con las tarifas y los sobornos, convirtiéndose en apenas tres décadas en la segunda economía de crecimiento más rápido de todo el mundo, sacando de la pobreza extrema a más de 150 millones de personas. ¿De verdad quiere volver a intentar hacer grande de nuevo al socialismo indio?

Pocas ideas han sido testadas tan cuidadosamente a lo largo de la historia como la noción de que el comercio eleva los ingresos y estándares de vida de un país. También puede crear hábitos de cooperación, incluso paz, como ha hecho en Europa y podría ayudar a hacer en Asia. Los líderes estadounidenses lo han entendido durante décadas, hasta ahora. En 1988, el presidente Ronald Reagan advirtió: “Deberíamos tener cuidado de los demagogos dispuestos a declarar una guerra comercial contra nuestros amigos -debilitando nuestra economía, nuestra seguridad nacional y a todo el mundo libre- mientras agitan cínicamente la bandera estadounidense. La expansión de la economía internacional no es una invasión extranjera: es un triunfo estadounidense, uno que hemos trabajado duro para lograr, y algo fundamental en nuestra visión de un mundo de libertad, pacífico y próspero”.

El GPS global

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