¿Vienen curvas para la economía de EEUU? Estamos viviendo el "cénit de América"

Incluso el presidente Trump parece ser consciente de la probabilidad de una caída, por lo que ha estado preparando el terreno, culpando a la Reserva Federal por elevar los tipos de interés

Foto: Un billete de 5 dólares frente a una bandera estadounidense. (Reuters)
Un billete de 5 dólares frente a una bandera estadounidense. (Reuters)

La cumbre del G-20 en Argentina se celebra en un momento en el que Estados Unidos sigue estando en el centro del mundo. La economía estadounidense está en expansión, el dólar es todopoderoso, las empresas tecnológicas del país siguen dominando la nueva economía digital, y el ejército de EEUU sigue siendo el líder incontestado en tierra, mar y aire. Pero hay fuerzas, tanto a corto como a largo plazo, que están trabajando para erosionar esta hegemonía.

Como ha señalado Ruchir Sharma, de Morgan Stanley, la economía global parece estar en “el cénit de América”. Los stocks estadounidenses han tenido mejores resultados que los del resto del mundo en esta década, y ese tipo de tendencia rara vez dura mucho. La recuperación actual es ya la segunda mayor de la historia, y está lista para una recesión. Los tipos de interés van en alza, el crecimiento del beneficio corporativo se está ralentizando, y crecen los déficits presupuestarios. Incluso el presidente Trump parece ser consciente de la probabilidad de una caída, que es por lo que ha estado preparando el terreno, culpando a la Reserva Federal por elevar los tipos de interés.

Pero además hay realidades estructurales más amplias. Mientras EEUU sigue superando a otras economías avanzadas, el “auge del resto” también continúa, con China, la segunda mayor economía del mundo, creciendo a tres veces el ritmo de Estados Unidos. Hace un cuarto de siglo, China suponía menos del 2% de la economía globa. Hoy es el 15% y subiendo. China acoge a 9 de las 20 empresas tecnológicas de mayor valor del mundo.

Esta realidad económica tiene un efecto geopolítico. China es el mayor socio comercial de muchas grandes economías en América Latina, África y Asia. Eso le da a uno influencia. Su Belt and Road Initiative está diseñada para extender la influencia de Pekín a lo largo de Asia y más allá, creando no solo un mercado sino también una red de aliados y dependencias. Ha expandido su control sobre el mar del sur de China de forma que ni la Administración Obama ni la de Trump ha podido bloquear o contrarrestar.

Donald Trump y Theresa May en la apertura de la cumbre del G20, en Buenos Aires. (Reuters)
Donald Trump y Theresa May en la apertura de la cumbre del G20, en Buenos Aires. (Reuters)

Vaya donde vaya uno en el mundo estos días, los líderes hablan sobre la retirada de Estados Unidos de la escena mundial. Señalan que empezó antes de Trump. Muchos lo datan en la posguerra de Irak, a lo largo de las administraciones de George W. Bush, Barack Obama y ahora Trump. Y mientras el Gobierno actual es belicoso en sus políticas, especialmente en comercio, estas están todas al servicio de una mentalidad de Fortaleza América que busca una menor implicación en el mundo, tanto política como económica.

Los líderes extranjeros también indican que es probable que EEUU se vea cada vez más constreñido por sus crecientes problemas presupuestarios. Gillian Tett, del Financial Times, señala que el Gobierno estadounidense gasta ahora 1.400 millones de dólares al día en su deuda, diez veces más de que el siguiente país industrializado de importancia. A medida que suben los tipos de interés y más estadounidenses llegan a la edad de emplear la seguridad social y el Medicare, el Gobierno federal será incapaz de financiar mucho más. El periodista Ezra Klein bromea diciendo que el Gobierno estadounidense es “un conglomerado de aseguradoras protegido por un ejército enorme”, y se está volviendo más verdad cada día.

La retirada estadounidense no producirá un mundo mejor. Será más caótico y desagradable. Como muestra, miren a Oriente Medio hoy. A medida que EEUU se ha ido retirando de su papel tradicional de mediador en la región -manteniendo relaciones con todas las partes y tratando de lograr cierto grado de estabilidad-, Irán, Turquía y Arabia Saudí compiten por la influencia. Estados Unidos simplemente ha subcontratado su política con Riad, animando el comportamiento imprudente de los saudíes y provocando la crisis humanitaria más severa del mundo, la guerra en Yemen, donde 12 millones de personas están al borde de la hambruna.

En un momento en el que estas fuerzas de entropía se intensifican, cuando Estados Unidos se enfrenta a limitaciones reales sobre lo que puede hacer internacionalmente, la estrategia más sabia sería reforzar las instituciones y las regulaciones internacionales que estableció tras la Segunda Guerra Mundial, tanto para mantener cierto grado de estabilidad y orden como para preservar y extender los intereses y valores estadounidenses. La forma más inteligente de constreñir a China no viene de una política frontal de contención sino de una sutil que obligue a Pekín a seguir imbricada e interdependiente de la comunidad internacional. China lo reconoce e trabaja duro para librarse de los grupos multilaterales, favoreciendo los acuerdos de uno a uno con países en los que su rival en la negociación se vea siempre abrumado por su tamaño.

Y sin embargo, nada anima más a la Administración Trump que su oposición a cualquier forma de multilateralismo. De ese modo, mientras el mundo se vuelve más caótico, las fuerzas que podrían proporcionar un orden se van viendo erosionadas. Y como es a menudo el caso, China simplemente observa desde la barrera mientras aprovecha los beneficios.

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