El informe final sobre el 'Rusiagate' será el gran test de la democracia en EEUU

¿Cómo van a manejar los estadounidenses las conclusiones de la investigación del fiscal especial? ¿De una forma descaradamente partidista, o como una forma de reforzar el sistema constitucional?

Foto: El primer ministro de la república checa, andrej babis, visita washington
El primer ministro de la república checa, andrej babis, visita washington

El informe del fiscal especial Robert Mueller sobre la investigación de la presunta 'trama rusa', que se espera que sea entregado al fiscal general muy pronto, acabará siendo una gran prueba para la democracia estadounidense. ¿Cómo vamos a manejarla? ¿De una forma descaradamente partidista, o como una forma de reforzar nuestro sistema constitucional?

Se ha señalado mucho que estamos en una era de democracia iliberal. Los gobiernos y líderes elegidos de forma popular -en países tan variados como Venezuela, Polonia, Hungría, Turquía y Filipinas- están minando las instituciones independientes, violando normas importantes y acumulando un poder desenfrenado. En la mayoría de estas naciones, los sistemas de contrapesos democráticos han sido constreñidos a medida que las instituciones que protegían los derechos han sido debilitados, los partidos políticos intimidados, los tribunales cooptados y la prensa subyugada.

En EEUU, la historia es una mezcla de todo eso. El sistema político ha funcionado pobremente, controlando los excesos del presidente Trump solo conforme a líneas partidistas. Esto se debe en gran medida a que el Partido Republicano ha capitulado ante Trump, incluso cuando los líderes de la formación estaban convencidos de que estaba minando la propia democracia. Senadores que se han pasado la vida luchando contra la apropiación de competencias por parte del poder ejecutivo han aceptado de forma sumisa la fraudulenta emergencia nacional de Trump. Han aceptado en silencio que el poder central del Congreso, el desembolso presupuestario, ha sido subvertido a voluntad por la Casa Blanca.

Por otra parte, algunas instituciones estadounidenses han contraatacado. La judicatura ha mantenido su independencia. Las diversas ramas de la autoridad investigativa -el FBI y los demás órganos del Departamento de Justicia- han demostrado que sirven al país y a la Constitución por encima del inquilino actual de la Casa Blanca. La prensa, en gran medida, ha sido capaz de resistir la extraordinaria presión de un presidente que casi a diario ataca y amenaza su libertad e independencia.

Pero el gran freno a Trump ha sido sin duda la propia ciudadanía, poniendo límites al comportamiento del presidente al votar en las 'midterm' y expresándose a través de encuestas de opinión y protestas. Y esto, en último término, tiene que ser la esperanza de la salud y fortaleza de cualquier democracia: el que, en palabras a menudo atribuidas a Abraham Lincon, “no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”.

Mi fe en el poder de la gente se ha visto reforzada al ver lo ocurrido a más de 11.000 kilómetros de EEUU, en la Inida. Ahí, también, un líder elegido democráticamente, Narendra Modi, ha acumulado poder de forma a veces autoritaria. En este caso, la presión que ha ejercido sobre la burocracia y la judicatura a menudo han funcionado. Igual que la intimidación de la prensa, que, antaño combativa y libre, se ha convertido en esencia en una sirviente del partido gobernante. Los empresarios han sido forzados a apoyar al partido de Modi, el BJP, y a proporcionarle fondos.

Partidarios del opositor Partido del Congreso queman un muñeco de Narendra Modi durante una protesta anticorrupción en Calcuta, el 7 de marzo de 2019. (Reuters)
Partidarios del opositor Partido del Congreso queman un muñeco de Narendra Modi durante una protesta anticorrupción en Calcuta, el 7 de marzo de 2019. (Reuters)

Y aún así, recientemente el BJP recibió un varapalo en las urnas. A pesar de las ventajas abrumadoras en cobertura mediática, dinero y recursos de los funcionarios locales, el partido dominante en la India perdió varios estados claves en las elecciones regionales hace unos meses. ¿Por qué? En una palabra: diversidad.

En un nuevo libro sobre su cuarto de siglo como observador de la política india, Ruchir Sharma señala que la realidad dominante de la política india es su heterogeneidad. India está compuesta de docenas de comunidades lingüísticas, grupos étnicos, castas, tribus y clases diferentes. Y esas identidades son profundas, dando forma a las perspectivas de la gente en todos los ámbitos, desde la vida diaria hasta las preferencias políticas. Sharma cita al jefe de una gran compañía de productos de consumo, que explica que su empresa divide la India en 14 subregiones debido a su abrumadora pluralidad… en comparación con los veinte países de Oriente Medio, a los que la compañía divide en solo 4 grupos.

Esta diversidad ha demostrado ser la mayor fortaleza de la India como democracia, asegurando que ningún partido se vuelve demasiado grande para ella. Durante 40 años, la mejor predicción sobre las elecciones indias ha sido que “el gobernante será derrotado”. En las elecciones nacionales que vienen, Modi tiene inmensas ventajas: dinero, una gran mayoría parlamentaria, unos medios aduladores y un montón de programas populistas de gasto expansivo para comprar votos. Incluso así, las últimas encuestas señalan que su coalición no lograría la mayoría.

Las cosas han cambiado debido al encontronazo militar entre India y Pakistán, que Modi ha usado para promover una agresiva línea nacionalista. Sin evidencia alguna, ha acusado a todos los partidos de la oposición de ser anti-nacionales y pro-Pakistán. Esta estrategia podría funcionar, pero aún así probablemente volverá al Gobierno con una mayoría reducida.

En su libro “Así mueren las democracias”, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt argumentan que la diversidad ayuda a forjar una cultura de acuerdos y tolerancia que es crucial para el éxito de la democracia. Sostienen que el Partido Republicano se ha vuelto tan rígido, intolerante y abusivo con sus reglas en parte porque se ha vuelto una formación étnica y racialmente homogénea.

La mayoría de los países occidentales se van a volver más diversos. Eso es una simple realidad demográfica. La India demuestra cómo esa diversidad -cuando es aceptada y celebrada- puede ayudar a rescatar y reforzar la democracia.

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