Los demócratas necesitan un antídoto contra el nacionalismo

Los nacionalistas piensan que hay un mundo desagradable ahí fuera y que solo un hombre fuerte nos va a salvar, mientras que los liberales parecen no haber entendido el signo de nuestros tiempos

Foto: Una simpatizante de Bernie Sanders durante la Convención Nacional Demócrata, en Filadelfia, Pennsylvania. (Reuters)
Una simpatizante de Bernie Sanders durante la Convención Nacional Demócrata, en Filadelfia, Pennsylvania. (Reuters)

Hay muchas explicaciones para la victoria de Benjamin Netanyahu de esta semana que tienen que ver con la situación particular de Israel: el 'boom' económico, una situación de seguridad estable y el talento político de su primer ministro. Pero también forma parte de un fenómeno mucho más grande: la fortaleza del nacionalismo populista a lo largo de todo el mundo y la incapacidad de los partidos de izquierdas para hacerle frente.

La defensa del nacionalismo populista tiene algo que ver con esto: hay un mundo peligroso ahí fuera. La gente intenta quitarnos nuestros trabajos, debilitar nuestra seguridad y venirse a nuestro país. Las elites urbanas y cosmopolitas no se preocupan. De hecho, ellos se benefician de estos movimientos. Por lo tanto, necesitamos un hombre fuerte que represente a la nación contra los liberales que se ponen en medio.

En una variante o en otra, este es el argumento hecho por Netanyahu, Vladimir Putin, Recep Tayyip Erdogan, Narendra Modi, Viktor Orban, Jaroslaw Kaczynski, Jair Bolsonaro, los 'brexiters' y, por supuesto, el presidente Trump.

En 1972 el filósofo Isaiah Berlin escribió que el nacionalismo "expresa un inflamado deseo de aquellos que no son tenidos en cuenta para que se les escuche entre las culturas del mundo". Él sitúa las raíces del nacionalismo moderno en Alemania, un país obsesionado con encontrar su lugar en la tierra. Pero el sentimiento - una especie de mentalidad victimista - puede localizarse en prácticamente casi cualquier lugar, incluso entre las naciones poderosas y ricas.

Isaiah Berlin sitúa las raíces del nacionalismo moderno en Alemania, un país obsesionado con encontrar su lugar en el mundo

Fíjense en el argumento de Putin de que Rusia ha sido maltratado por Occidente desde la Guerra Fría, o la obsesión china por su humillación desde las guerras del opio, o la queja (correcta) de los israelíes de que el mundo está sesgado contra Israel o el estribillo constante de Trump de que todos los extranjeros - desde los mexicanos hasta los chinos pasando por los europeos - se aprovechan de Estados Unidos. Estos líderes prometen rectificar la situación y restaurar su situación en el mundo.

La aceptación de la palabra "nacionalismo" por parte de Trump ilustra los ataques simultáneos hacia las élites (con su lenguaje políticamente correcto) y en los malvados extranjeros. "Se supone que no podemos usar esa palabra", dijo Trump en octubre. "¿Sabes lo que soy? Soy un nacionalista, ¿vale? Soy un nacionalista. Nacionalista. No hay nada malo. Usemos esa palabra. Usemos esa palabra".

Cuando el día siguiente fue preguntado qué quería decir con ese término, Trump respondió: "Amo nuestro país... y nuestro país no se ha tomado en serio... Estamos regalando toda nuestra riqueza, nuestro dinero, a otros países. ¡Y no nos tratan adecuadamente!".

Netanyahu, por su parte, ha dicho siempre que Israel se merece un lugar "mucho mejor que el resto de países", una frase que era el título del libro que publicó en 1993 y que pedía un nacionalismo israelita más agresivo y sin complejos. Aunque la fuerza y seguridad de Israel ha crecido de forma desmesurada, sus históricos enemigos - Arabia Saudí y Siria, entre otros - se han convertido en colegas o causas perdidas y la idea de que el mundo está contra ellos ha persistido.

El debate real es si el nacionalismo debería estar influido por la libertad y la igualdad y si esos dos valores entran en conflicto cuál sería el preferido

De hecho, a pesar de la pose victimista adoptada por la mayoría de los populistas, el nacionalismo es probablemente la ideología más compartida en el mundo. ¿Qué político estadounidense no defiende a los Estados Unidos? El debate real es si el nacionalismo debería estar influido por otros valores como la libertad y la igualdad y si esos dos valores entran en conflicto cuál de ellos sería el preferido. Por ese motivo los más fogosos capitalistas - desde Friedich Hayek a Milton Friedman - siempre han estado a favor de la globalización y de la libertad económica por encima de controles nacionalistas.

El peligro para los liberales es subestimar el poder de estos atractivos emocionales. Durante siglos, los liberales asumieron que el nacionalismo era un apego irracional que se iría debilitando a medida que la gente se volviera más racional y se conectara con el mundo. De hecho, tal y como escribió Berlin, de la misma forma que una rama se dobla en una dirección y retoma su posición instantes después, a medida que la globalización ha crecido hasta su techo, el nacionalismo es la reacción violenta predecible.

Los nacional-populistas entienden el atractivo central de su ideología. Hace poco pregunté a un fan de Bolsonaro si su apoyo se debía a las políticas económicas del presidente de Brasil (que son reformistas y de libre mercado) o a su nacionalismo cultural. La respuesta del seguidor fue: "El nacionalismo es parte central; la economía simplemente habla de crecimiento y eficiencia".

Mientras tanto, los liberales en Estados Unidos siguen sin comprenderlo. El Partido Demócrata continúa pensando que la solución a sus penas es seguir moviéndose hacia posiciones más izquierdistas en economía. Esta semana, el Senador Bernie Sanders reveló su nuevo plan de Medicare para todos, el cual fue inmediatamente apoyado por otros cuatro candidatos presidenciales. Probablemente, el plan requerirá entre dos y tres billones de dólares en recaudación fiscal anual.

Al mismo tiempo, Trump tuitea sobre lo mucho que les gusta a los demócratas "abrir las fronteras" mientras él se dedica a insistir que protegerá el país y hará cumplir las leyes. ¿Es posible que Trump entienda mejor el signo de nuestros tiempos que Sanders?

El GPS global

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