Demócratas, existe una estrategia mejor que el 'impeachment' a Donald Trump

Muchos piensan que es un imperativo legal iniciar un procedimiento contra el presidente de los Estados Unidos, pero un vistazo a la historia nos enseña por qué no es una buena idea

Foto: Donald Trump. (Reuters)
Donald Trump. (Reuters)

Considere por un momento cómo les pueden sonar las conversaciones sobre el 'impeachment' (proceso de destitución) a las decenas de millones de personas que votaron a Donald Trump. Muchos de ellos le apoyaron porque se sentían ignorados y ridiculizados por las élites urbanas, universitarias y cosmopolitas, especialmente por los abogados y periodistas. ¿Y qué pasa cuando uno de los suyos es elegido?

Estas élites llevaron a cabo una serie de maniobras para tratar de revertir los resultados de las elecciones de 2016. Por eso, en caso de 'impeachment', aumentaría masivamente el resentimiento de clase que alimenta el apoyo al presidente. Por otro lado, las obsesiones de los Demócratas ocultarían el verdadero motivo de las fechorías de Trump. Y por último, por supuesto, acabaría fracasando -ya que el Senado, controlado por dos tercias partes por los republicanos, no votarían para condenarle- permitiendo a Trump lucir su liberación como si fuera una medalla de oro.

Lo sé. Sé que muchos dirán apasionadamente que esto no consiste en un asunto político sino en un asunto legal y moral. Después de leer el informe Mueller, dicen, el Congreso no tiene otra opción que cumplir con su obligación y recusar a Trump. Pero esta visión malinterpreta el 'impeachment' por completo. Consiste, por naturaleza, en un proceso inherentemente político, no en uno legal. Por esa misma razón su uso normal -Delitos graves y faltas leves - no es igual que en los procedimientos criminales. De esta forma la decisión queda en manos de una institución política, el Congreso, y no en los juzgados.

En 1970, cuando era un líder minoritario en la Cámara, Gerald Ford dio la definición más honesta que se ha dado sobre el 'impeachment': "Toda aquella mayoría de la Cámara de Representantes que lo considere necesario en cualquier momento de la historia". De los tres casos en la historia de Estados Unidos, solo uno - el procedimiento de 'impeachment' contra el presidente Richard M. Nixon - fue completamente justificado. La decisión del presidente Andrew Johnson de despedir a su secretario de guerra - claramente legal - no debería haber conducido a su 'impeachment'. Pasa lo mismo con el intento fallido de Bill Clinton en el caso Whitewater, que desencadenó un Consejo de Investigación Independiente, se adentró en campos que no tenían que ver y usó métodos de investigación cuestionables.

El profesor de la Harvard School Noah Feldman señalaba que ni la historia ni los legisladores han conseguido dar lecciones claras sobre el asunto: "Es muy posible que muchos fundadores hubieran apoyado el 'impeachment' para temas serios como la usurpación de poder por parte del presidente. A ese nivel, ¿habrían sido ofensas recusables que Abraham Lincoln hubiera suspendido el 'habeas corpus', Roosevelt el internamiento de los japoestadounidenses o la masiva expansión de Lyndon Johnson de la guerra de Vietman? Quizá". Pero esos presidentes no fueron recusados porque el Congreso y el país llevó a cabo un razonamiento político. Y por esa misma razón es totalmente apropiado que los demócratas piensen esto desde un punto de vista político.

Para algunos demócratas, hablar de 'impeachment' podría ser un movimiento inteligente a corto plazo. Incluso cínico. Es una buena forma de conseguir atención si te presentas a la nominación Demócrata y languideces en las encuestas. Si tratas de consolidar tu apoyo con la base del partido, cuando más agresivo contra Trump seas, mejor. Pero todos estos movimientos solo funcionan hasta que la Portavoz de la Cámara Nancy Pelosi detenga el procedimiento antes de que sea demasiado tarde. Otros pueden ser irresponsables asumiendo que Pelosi será responsable. ¿Pero qué pasa si todo acaba siendo una bola de nieve, tal y como suele ocurrir en política?

Los Demócratas tienen un camino mucho más provechoso delante de ellos. Deberían llevar a cabo investigaciones legítimas contra Trump, presentando testigos y publicando pruebas documentales de actos ilícitos y explicando al país como ha actuado Trump de presidente. Pero deberían, al mismo tiempo, enseñar al público que ellos serían un contraste refrescante a Trump - substancial, orientado políticamente, cívico y centrado en el país, no en su estrecha base-. Estados Unidos está cansado del circo de Trump. Pero no quiere decir que quieran el circo de la Cámara de los Demócratas.

Combatir el trumpismo, no a Trump

El presidente es vulnerable. Pese a sus gran cifras económicas sus índices de aprobación son sorprendentemente muy bajos. Probablemente competirá en la campaña de 2020 con un discurso de nacionalismo cultural, tal y como ya hizo en 2016. Los demócratas necesitan decidir cuál será su visión. Deberían centrarse en eso, y no en la ilusión infundada de que si persiguen el 'impeachment', una serie de varios milagros tendrán lugar de alguna manera y que un país profundamente dividido se fusionará en torno a ellos y los Republicanos abandonarán a su presidente.

El gran reto de los Demócratas va más allá de Trump. Es el trumpismo - un populismo de derechas que ha aumentado en los Estados Unidos en la última década- . La mejor forma de combatirlo es ideológicamente... y derrotarlo electoralmente. Es la única forma para dar a los Demócratas el mejor resultado, que no consiste en la cabeza de Trump, sino el poder y la legitimidad para forjar una mayoría gobernable.

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