Cómo unir a EEUU de una vez por todas en dos palabras: servicio nacional

Diversas fuerzas están dividiendo profundamente a Estados Unidos. La pregunta en la que deberíamos centrarnos es: ¿qué puede unir a nuestro país? El servicio social voluntario

Foto: Donald Trump y Barack Obama en el funeral del expresidente George H. W. Bush. (EFE)
Donald Trump y Barack Obama en el funeral del expresidente George H. W. Bush. (EFE)

Es la época de graduaciones en Estados Unidos y es un buen momento para dejar la universidad y buscar un trabajo. A pesar de los temblores del mercado financiero, la economía estadounidense camina a paso firme. 120 meses seguidos de expansión más tarde, la economía empieza a mostrar unos pocos señales de burbuja. El desempleo está en mínimos, la inflación contenida, los salarios crecen y, más importante de todo, la productividad aumenta. Algunas de estas tendencias podrían ser efímeras, pero nadie puede negar que estos indicadores económicos son positivos.

Estas buenas cifras, sin embargo, es poco probable que cambien otro conjunto de números que explican cómo está siendo el crecimiento. El pasado fin de semana di un discurso en la universidad del Estado de Ohio y predije dónde podían los graduados universitarios que buscaran un trabajo encontrar uno: en la ciudad.

Mark Muro ha calculado para la Brookings Institution que en la última década las 53 áreas más grandes del país han absorbido el 71% del crecimiento de la población, dos tercios del crecimiento de los empleos y tres cuartas partes del crecimiento económico. De hecho, la mitad de toda la creación del empleo en Estados Unidos ocurrió tan solo en 20 ciudades.

Mientras tanto, los pequeños pueblos y la América rural han perdido residentes y apenas han contribuido al crecimiento económico. Los números serían incluso peores si no fuera por el 'boom' del 'fracking', que ha creado muchos empleos en las zonas rurales.

El comité de integración económica del Congreso publicó un informe alertando de esta tendencia. Los jóvenes universitarios estaban dejando atrás los pequeños pueblos y las áreas rurales para encontrar oportunidades en las grandes ciudades. La fuga de cerebros hunde el crecimiento en este tipo de zonas, lo que provoca que más jóvenes emigren. Es el círculo vicioso clásico: más gente a las ciudades, menos en las áreas rurales.

Cultura de dos velocidades

Esta economía de dos velocidades ha producido una cultura de dos velocidades. Los urbanitas y los americanos rurales viven con más frecuencia apartados en sus mundos donde todo es distinto: el entretenimiento, las noticias y los bienes de consumo. El cliente de The Arby y el de Starbucks se miran entre ellos con desconfianza y sospechan el uno al otro. Viven vidas diferentes y discrepan profundamente en política. Esta tendencia se refleja en Washington. El Congreso está ahora más polarizado nunca.

¿Qué está pasando? La evolución económica es más fácil de explicar, ya que tiene que ver con la revolución tecnológica y la globalización. El trabajo intelectual es más valioso que el músculo. Las fuerzas culturales han propulsado las políticas de la identidad y el rechazo contra una sociedad más multicultural. Pero sean cuales sean las causas, estas tendencias probablemente continuarán -incluso se intensificarán- cuando la inteligencia artificial y la automatización conviertan el trabajo rutinario en obsoleto.

Vemos cómo estas fuerzas están dividiendo a Estados Unidos. La pregunta en la que deberíamos centrarnos es: ¿qué puede unir a nuestro país? Por supuesto, se ha convertido en la pregunta de nuestro tiempo.

Servicio nacional

Una respuesta que pienso cada vez más es el servicio nacional. Esta idea podría ser una de las pocas vías para unir el gran y creciente cisma que divide en Estados Unidos. Me emocionó ver a Pete Buttigieg y John Delaney, dos candidatos presidenciales demócratas, apoyar la propuesta. Donald Trump mencionó una vez sobre el servicio nacional en un acto de campaña de 2016, sugiriendo que los demócratas habían hablado mucho pero que el podría hacer cosas extraordinarias para impulsarlo. Por supuesto, una vez en la Casa Blanca, trató de cortar el presupuesto de esos programas.

Hay muchas formas de diseñar un programa de servicio nacional. Un sistema voluntario funcionaría probablemente mejor, con incentivos como el apoyo de matrículas universitarias o el condonamiento de la deuda. Un estudio de 2013 demostraba que los programas actuales podrían alcanzar un millón de voluntarios sin quitar los trabajos de los empleados, provocando beneficios sociales cuatro veces mayores que los costes. Hay programas que ya están en funcionamiento como AmeriCorps que hacen buen trabajo y tienen extraordinarios índices de aprobación en sus alumnos: el 94% dice que comprenden mejor a las distintas comunidades y el 80% afirma que el programa impulsó sus carreras.

Tal y como señaló Mickey Kaus en su libro 'The End of Equality', John F. Kennedy, uno de los herederos más ricos de América y graduado en Choate y Harvard, fue a la Segunda Guerra Mundial en un barco junto a otros hombres que habían sido mecánicos, trabajadores en de fábricas, conductores de tractores y pescadores. Imagine si en la América de hoy los hijos y las hijas de los 'managers' de los 'hedge-fund', de los millonarios de las tecnológicas y banqueros pasaran un año con los hijos de los mineros o granjeros, trabajando en colegios públicos, parques nacionales o en las fuerzas armadas.

El servicio nacional no solucionará todos los problemas de Estados Unidos. Pero podría unirnos como nación. Y ese es un paso fundamental.

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