Las crisis en Occidente se han acabado, pero los populistas siguen vivos: ¿por qué?

En el momento en el que la gente se empieza a preocupar de un tema, ese problema ya está llegando a su fin. Los mejores ejemplos son la inmigración y la crisis económica

Foto: Donald Trump. (Reuters)
Donald Trump. (Reuters)

Los resultados de las elecciones europeas de la semana pasada fueron complejos, lo que significa que todo el mundo puede decir que ha ganado. Los populistas de derechas han avanzado, pero también lo han hecho de forma destacada algunos partidos de izquierdas, como los Verdes. La única conclusión es que los partidos tradicionales que han dominado la política continental desde 1945 siguen viendo cómo su poder se desvanece y su atractivo pierde fuerza.

Sin embargo, las elecciones siempre son un indicador tardío del cambio social. Cuando la gente se empieza a preocupar por un tema, ese problema ya se está desvaneciendo. Piense cuáles son los dos temas que están avivando el populismo en Occidente: el temor a los inmigrantes y la falta de oportunidades económicas. En ambos casos, la crisis parece haberse acabado, pero la furia permanece.

El número de inmigrantesilegales que han llegado a la Unión Europea es el más bajo de los últimos cinco años. En 2018, unas 117.000 personas cruzaron el Mediterráneo, una caída del 89% respecto a 2015. Esto es producto de la cooperación entre Unión Europeay los países del norte de África y Oriente Medio para fortalecer sus fronteras y estimular el desarrollo económico, al mismo tiempo que se dificultan los procesos de asilo. Los solicitantes son rechazados en una proporción dos a uno, justo lo contrario que en 2015.

El patrón es similar en Estados Unidos. La inmigración mexicana, el tema preferido de Trump cuando anunció su candidatura, ha ido en la dirección contraria a lo largo de estos años. De hecho, el número de mexicanos sin documentar que viven en EEUU ha caído en 1,5 millones de 2007 a 2016. Por otro lado, ha habido un aumento de inmigrantes de América Central, las caravanas contra las que Trump descarga su ira. Pero estos suelen solicitar el asilo en vez de cruzar la frontera de forma ilegal, entregándose a las autoridades estadounidenses pese a que esta protección solo se otorga un porcentaje muy pequeño.

En otras palabras, ya no existe más la gran crisis de la inmigración en Occidente.

Escenarios apocalípticos

¿Qué ocurre con el paro y el estancamiento de los salarios de la clase media, catalogado como el otro motor del populismo? Cuando Trump hacía campaña, sugirió que la tasa de paro real en Estados Unidos podía ser del 42%. Pintó un escenario apocalíptico para la vida de la clase media - trabajos precarios a tiempo parcial, salarios que nunca crecen y beneficios que desaparecen -, el mismo retrato que presentaban Bernie Sanders y otros populistas de izquierdas.

La semana pasada, The Economist señaló que este retrato, tan anclado en nuestro imaginario mental, no tiene nada que ver con los hechos. "La mayoría del primer mundo se está aprovechando de un 'boom' de puestos de trabajo sin precedentes", escribió, explicando que dos tercios de los países de la OCDE disfrutan de una tasa de empleo récord. El paro estadounidense está en mínimos de los últimos 50 años. "Respecto a la precariedad" -escribía la publicación británica- "la economía digital afecta tan solo a un 1% de los trabajos [en Estados Unidos]". Por último, unos mercados de trabajo rígidos y las leyes del salario mínimo están impulsando los sueldos.

Nada de esto pretende sugerir que la vida sea fácil para la gente que viva fuera de estos países. Pero el retrato de estancamiento que nos hemos acostumbrado a usar no corresponde con la realidad y tenemos que entender qué está pasando. Por ejemplo, The Economist cree que los países con una tasa de desempleo muy alta como Italia, las regulaciones y los sindicatos suelen proteger a los trabajadores, lo que mantiene a los parados sin empleo.

Existe la tendencia de culpar al sistema político y económico cada vez que estalla una crisis en una sociedad democrática, liberal y capitalista. La gente busca nuevas fórmulas, mirando con admiración a aquellos países que no son democráticos ni capitalistas. Es lo que ocurrió en la década de los setenta, cuando Occidente estaba sumido en la estanflación y en la parálisis política y muchos pensaron que la Unión Soviética se mantenía firme en su camino. En 1975, la Comisión Trilateral publicó un famoso análisis titulado "La crisis de la democracia". Una década después la estanflación se había solucionado, Occidente iba como un tiro y la Unión Soviética empezaba a colapsar.

Las sociedades abiertas suelen parecer débiles, simplemente porque sus problemas son discutidos y debatidos en público. Lo que no se llega a comprender son la innumerable cantidad de respuestas que salen de los mercados, la sociedad civil y los gobiernos para estos problemas. La democracia y el capitalismo son sistemas receptivos, que reaccionan y se ajustan a las preocupaciones de la gente, incluso cuando los populistas intentan esparcir engaño, demagogia y desesperanza.

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