Trump tiene razón: el sistema de asilo en Estados Unidos está en crisis

Dadas sus actitudes intolerantes y racistas, me duele mucho reconocer que Trump tiene razón cuando dice que el sistema de asilo de EEUU está en crisis

Foto: Donald Trump. (EFE)
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Dadas sus actitudes intolerantes y racistas, me duele mucho reconocer que Trump tiene razón cuando dice que el sistema de asilo de EEUU está en crisis.

Los Demócratas pueden confiar en que la situación en la frontera sur -fuera de control- socave la imagen de Trump en sus votantes por no ser el 'hombre fuerte' que proponía solucionar la inmigración. Sin embargo, no deberían ir tan rápido.

De hecho, Trump podría aprovecharse de ello. Desde 2014, el flujo de solicitantes de asilo ha aumentado de forma masiva en el país. En 2018 hubo más de 160.000 peticiones, un 240% más que en 2014. En la actualidad alrededor de 100.000 inmigrantes son detenidos cada mes en la frontera. Si esta tendencia continúa, el 1% de todos los guatemaltecos y hondureños habrán intentado migrar a EEUU, según la Oficina de Washington para Latinoamérica. ¿El resultado? Montones de informes sin resolver en las oficinas migratorias con más de 300.000 solicitudes pendientes y una media de 700 días para resolver un caso.

Un coladero

Las leyes de asilo son vagas y demasiado laxas. El primer paso de los solicitantes de asilo consiste en convencer a los funcionarios de que en su país existe una "amenaza creíble” de persecución. El 76% de los solicitantes encaja en este criterio. De forma sospechosa, algunos usan frases idénticas, aprovechándose de este sistema para entrar en EEUU yperderse entre la multitud o conseguir un permiso de trabajo mientras se resuelve su proceso.

Tal y como ha advertido un alto funcionario del Departamento de Seguridad Nacional, “el sistema está en llamas”.

EEUU ha construido un sistema migratorio que acoge legalmente a un millón de personas cada año. El asilo no debe ser un sustituto del proceso migratorio y se supone que existe para garantizar a un pequeño número de personas en circunstancias extremas. Pero ambos se mezclan y se confunden. De hecho, la idea de tener derecho al asilo data de los primeros años de la guerra fría, tal y como ha recordado el periodista de The Atlantic, David Frum.

Las Naciones Unidas crearon el derecho de asilo para proteger a aquellos que escaparan de regímenes que quisieran matarles o encarcelarles por su identidad o creencias, aunque también por el gran sentimiento de culpa por rechazar a muchos refugiados judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Es decir, el sistema estaba diseñado para ayudar a las víctimas de regímenes totalitarios como el de Hitler o Stalin.

Los beneficiados se han ido ampliando a lo largo de los años, incluyendo afectados por las amenazas de guerrillas y la violencia doméstica. Esto, unido al hecho de que es una forma fácil de entrar en EEUU, ha provocado que sea tan sencillo abusar del sistema de asilo.

Aunque la tasa de homicidio en Honduras, Guatemala y Salvador se haya reducido a la mitad, las solicitudes de asilo han aumentado. Uno podría preguntarse si los cientos de millones de personas que viven en zonas inestables y amenazadas por la violencia podrían solicitar el asilo. ¿Tienen el derecho legal de entrar a EEUU por la puerta de atrás, puenteando el proceso normal migratorio?

Los criterios deben endurecerse

El acercamiento de la Administración Trump ha sido, sobre todo, tratar de endurecer estos criterios, contratar más jueces y obligar a México a controlar a los solicitantes para que no entren en EEUU. En cierta medida este endurecimiento es esencial, ya que el vacío legal que permite a los solicitantes trabajar mientras se resuelve su petición ha creado incentivos perversos.

Por eso es necesario que se repare el sistema. Los criterios para pedir asilo deben volver a ser escritos y endurecidos. Por otro lado, se debería aumentar el número de jueces y funcionarios trabajando en peticiones de asilo de forma masiva (la crisis de hoy comenzó con los cortes de presupuesto de Obama, que se pulió todos los recursos rápidamente, según contaba el antiguo funcionario migratorio David Martin).

La gente no debería poder usar la petición de asilo como una forma de trabajar en Estados Unidos. Se pueden llegar a acuerdos de cooperación con los países de los solicitantes y evitar los insultos, amenazas y congelación de ayudas. No habrá una solución mágica, pero necesitamos el tipo de legislación bipartisana que ha resuelto las pasadas crisis migratorias.

Los Demócratas han gastado la mayoría de sus esfuerzos atacando a Trump por su falta de humanidad. Pero eso no soluciona el problema principal de esta crisis. Si la frontera del sur de EEUU continúa fuera de control, la línea dura de Trump será cada vez más atractiva para el resto de los votantes.

No podemos olvidar que el aumento del populismo responde al miedo de la gente ante una inmigración creciente y descontrolada.

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