Los aranceles de Trump no van a ganar la guerra comercial, pero sí las elecciones

El presidente Trump ha comenzado lo que podría convertirse en una guerra comercial en toda regla. Puede que los aranceles no funcionen económicamente, pero sí electoralmente

Foto: Reunión entre el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo chino, Xi Jinping. (Reuters)
Reunión entre el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo chino, Xi Jinping. (Reuters)

El presidente Donald Trump ha comenzado lo que podría convertirse en una guerra comercial en toda regla. A medida que avanzamos por este camino, vale la pena tener algo a la vista: los aranceles no funcionan. No estoy pregonando la teoría del libre mercado, simplemente estoy haciendo una observación práctica. Se han realizado muchos esfuerzos en las últimas décadas para ayudar a las industrias en declive en Estados Unidos. No se me ocurre ningún caso en el que los aranceles hayan funcionado para revertir ese declive, excepto temporalmente.

Tomemos el ejemplo más reciente antes de Trump: los aranceles sobre neumáticos establecidos por el presidente Barack Obama. En 2009, después de las quejas de las empresas estadounidenses sobre las importaciones chinas a bajo coste, la Administración Obama impuso un arancel del 35% a los neumáticos chinos. Hasta 1.200 empleos se salvaron en la industria de los neumáticos, según el Instituto Peterson.

Pero el instituto también estima que los consumidores pagaron alrededor de 1.100 millones de dólares en precios más altos, lo que provocó la pérdida de 3.700 empleos en el sector minorista. Además, China respondió con aranceles sobre los productores de pollos estadounidenses, lo que según Peterson llevó a pérdidas de ventas de mil millones de dólares. ¿En cuanto al efecto a largo plazo? En 2008, había 60.000 estadounidenses trabajando en la industria del neumático. En 2017 eran 55.000.

Robert E. Lighthizer, el principal negociador comercial de Trump, aprendió sus tácticas durante la década de 1980, cuando los estadounidenses estaban preocupados de que Japón estuviera devastando la economía estadounidense con importaciones baratas. Como subdirector comercial de Ronald Reagan, Lighthizer empleó una variedad de barreras comerciales para reducir las importaciones de productos japoneses como automóviles y acero. Douglas A. Irwin señaló en ‘Foreign Affairs’ que dos estudios exhaustivos realizados por la Comisión de Comercio Internacional y la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO por sus siglas en inglés) concluyeron que este tipo de medidas fueron ineficaces. La conclusión de la CBO fue simple: "Las restricciones comerciales no han logrado alcanzar su objetivo principal de aumentar la competitividad internacional de las industrias relevantes".

Estados Unidos es el páis que impone más medidas proteccionistas, el triple que China.

Pensemos en los aranceles sobre el acero y aluminio de Trump. La pro arancelaria “Alianza para la Fabricación Estadounidense” afirma que se han salvado o creado 12.700 empleos. Pero el Instituto Peterson calcula que los precios más altos del acero le cuestan a las compañías estadounidenses (que necesitan comprarlo para la fabricación de sus productos derivados) alrededor de 11.5 mil millones de dólares al año, o alrededor de un millón de dólares por trabajo en el acero rescatado. La producción de aluminio de EEUU ha aumentado ligeramente, pero aún está muy por debajo de los niveles de 2015.

Estados Unidos ocupa un lugar central en las cadenas de suministro mundiales, con muchas industrias que lo utilizan como centro para producir bienes y servicios. Si se convierte en una fortaleza de aranceles altos, perderá ese lugar fundamental en la economía internacional.

EEUU, más proteccionista que nunca

La apartidista Oficina Nacional de Investigación Económica publicó un documento en marzo en el que se podía observar que Trump ha abierto la puerta al mayor retorno al proteccionismo desde los aranceles de Smoot-Hawley de la década de 1930 y el breve ‘shock’ de Nixon en 1971. Los académicos calcularon que los aranceles de Trump el año pasado le costaron a los consumidores y empresas estadounidenses la asombrosa suma de 68.8 mil millones de dólares.

Estados Unidos ahora tiene los aranceles más altos entre el Grupo de los Siete, los principales países industrializados del mundo. Con el tiempo, otras naciones seguramente se volverán más proteccionistas también. Y la historia sugiere que, una vez impuestos, los aranceles son difíciles de derogar porque los grupos de presión nacionales que se benefician abogarán ferozmente por que se mantengan. En 1964, en venganza por un impuesto europeo sobre el pollo estadounidense, Estados Unidos impuso un arancel del 25% a los camiones ligeros. El impuesto sobre el pollo fue derogado hace mucho tiempo, pero la tarifa del camión sigue vigente.

Es cierto que China ha sido una especie de trampa comercial, aunque la mayoría de las veces ha sido inteligente al usar y manipular las reglas para su beneficio. Pero para poner las cosas en perspectiva, según un recuento de Credit Suisse de 2015, el país que impuso la mayoría de las medidas proteccionistas no arancelarias desde 1990 fue Estados Unidos, el triple de China. Y eso fue antes de Trump. Más importante, aunque Trump quiere que China cumpla con las reglas de la Organización Mundial del Comercio, muchas de sus medidas son contrarias a esas reglas o un abuso flagrante de ellas, como el uso de la "exención de seguridad nacional" para frenar las importaciones de "países amenazadores" como Canadá y Alemania.

Ganar elecciones

Muchas de las demandas de Trump a China no tienen nada que ver con la apertura de los mercados. Son listas de la compra presentadas a Pekín de productos producidos principalmente en estados que el presidente quiere ganar en 2020. Piense en la soja cultivada en el Medio Oeste. Es menos una estrategia comercial que una estrategia de reelección. De hecho, en realidad empuja a China en la dirección de un mayor estatismo, porque la única forma en que Pekín puede cumplir la lista de deseos de Trump es hacer que el gobierno o las empresas estatales compren los productos.

La estrategia comercial de Trump podría haber comenzado bien intencionada, pero se ha convertido en una bola de demolición altamente politizada y fuera de control que podría terminar destruyendo un sistema que ha traído paz y prosperidad al mundo durante 75 años.

El GPS global
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
7 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios