El fracaso del "gran negociador": cómo Trump hizo jirones la diplomacia de EEUU

Trump acaba de nombrar a su cuarto asesor de seguridad nacional en menos de tres años, una decisión que ha dejado una cosa clara: la política exterior de Estados Unidos está hecha jirones

Foto: Un seguidor de Trump en un mítin de 2016. (Reuters)
Un seguidor de Trump en un mítin de 2016. (Reuters)

El presidente Donald Trump acaba de nombrar a su cuarto asesor de seguridad nacional en menos de tres años, una decisión que ha dejado una cosa clara: la política exterior de Estados Unidos está hecha jirones. Trump ha generado mucho alboroto y pocos resultados. A pesar de todo el cacareo, no hay nuevos acuerdos con China, Irán o Corea del Norte, tampoco con los talibanes ni avances entre israelíes y palestinos. Tan solo incertidumbre, decepción y un montón de sentimientos heridos.

Trump presumió ante el mundo que él era “el gran negociador”. Pero, más allá de cambios menores al Tratado de Libre Comercio de América del Norte y al pacto comercial entre EEUU y Corea del Sur -cambios que Robert Zoellick, el representante comercial de EEUU con el presidente George W. Bush, cree que han empeorado los acuerdos- ha conseguido poco.

Hay muchos motivos. La administración Trump ha sido caótica e indisciplinada, aplicando el espíritu de un negocio familiar a una de las instituciones más grandes y complejas del mundo, el Gobierno federal de Estados Unidos. Trump ha tenido más rotación entre sus altos funcionarios en dos años y medio que la mayoría de los gobiernos en todo un mandato.

Dar el premio antes de la carrera

El problema, sin embargo, es que Trump -a pesar de presumir- es un mal negociador. Tanto con Kim Jong Un como con los talibanes, el mandatario cedió en un punto crucial desde el primer momento. Los norcoreanos han buscado un encuentro cara a cara con un presidente estadounidenses durante décadas y siempre se les dijo que esto sucedería sólo si hacían ciertas concesiones. Trump regaló el premio de inmediato, esperando cautivar a Kim para que renunciara a sus armas nucleares. Hasta el momento, Kim 1, Trump 0.

Con respecto a Afganistán, Trump arremetió contra el expresidente Barack Obama por anunciar fechas límite para la salida de las tropas estadounidenses, argumentando que eso permitiría al enemigo tan solo sentarse a esperar. Pero Trump ha hecho algo similar, anunciando repetidamente su interés en salir del país -y después se sorprendió de que los talibanes quisieran aprovecharse de esta ventaja-. La confusión es mayor: el presidente despidió a su asesor de seguridad nacional John Bolton, en teoría porque Bolton se negaba a llegar a un acuerdo con los talibanes. Pero el propio Trump canceló las conversaciones con los talibán, dando de hecho la razón a Bolton.

Con Bolton fuera, Trump tiene la oportunidad de actuar en base a sus instintos y, de hecho, lograr algo: un nuevo acuerdo nuclear con Irán. Sus nuevas sanciones sobre Irán han sido sorprendentes y brutalmente efectivas. A pesar del hecho de que otros países quieren hacer negocios con Irán, simplemente no pueden llevar a cabo grandes transacciones sin usar el dólar y, por tanto, el sistema financiero estadounidense.

¿Un acuerdo Irán-Trump?

Irán es una civilización antigua y orgullosa, y un astuto poder regional. No se va a rendir. Pero podría aceptar un nuevo acuerdo, uno que logre más que el de Obama. Si eso sucediera, Trump podría argumentar, con razón, que pese a su enfoque poco convencional fue capaz de lograr lo que nadie pensó que era posible. Un nuevo y mejorado acuerdo con Irán.

Para que esto funcione, Trump tendría que desactivar a algunos de sus más belicosos asesores y encontrar una vía para una negociación real. Los iraníes probablemente se sentarán solo si las sanciones son suspendidas durante las negociaciones. Y además querrían describir cualquier cambio realizado como más medidas para lograr ejecutar el plan de 2015, más que iniciar un nuevo acuerdo. Da igual, para eso están los diplomáticos.

El objetivo de Trump debería ser lograr que los iraníes extendieran el horizonte temporal de partes clave del acuerdo unos cinco años. No podrá avanzar mucho en el arsenal de misiles balísticos -Teherán los ve como su defensa ante el poderío militar saudí (tiene amargos recuerdos de estar sin defensas contra la granizada de cohetes y misiles de Sadam Hussein durante la Guerra Irán-Irak).

A largo plazo

Sobre las otras “actividades” regionales de Irán -como su apoyo a Hezbolá, por ejemplo- podría estar dispuesto a hablar; pero Trump tendrá que considerar si esto podría expandir las negociaciones en una interminable conversación sobre Israel y todo Oriente Medio. Además, aunque Irán accediera a refrenarse en estas áreas, Estados Unidos tendría que hacer concesiones recíprocas -por ejemplo, la relajación de otras sanciones estadounidenses contra Irán-. Dudo que Trump o el Congreso estuvieran dispuestos a hacer eso.

Para conseguir un acuerdo con Irán, Trump tendría que reprimir su necesidad de cantar siempre victoria

Más importante, para conseguir un acuerdo con Irán, Trump tendría que reprimir su necesidad de cantar siempre victoria. Quizás esto funcione en los negocios, donde hay transacciones únicas -aunque eso podría explicar por qué tan poca gente vuelve a hacer negocios con Trump por segunda vez-. Pero la política exterior va de relaciones a largo plazo, no de negocios puntuales.

Ambos lados tienen sus propias políticas domésticas y electorados. Cada uno necesita decir que ha ganado. Si Trump puede digerir eso, podría lograr con algo muy poco habitual en su mandato hasta el momento: una auténtica victoria en política exterior.

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