Los únicos que pueden salvar la democracia son aquellos que la están destruyendo

La "recesión democrática" sigue profundizando bajo el mando de líderes populistas como Boris Johnson, Narendra Modi o Erdogan. Y todos dan a su público lo que quieren: hombres fuertes

Foto: Donald Trump. (Reuters)
Donald Trump. (Reuters)

Aunque pienses que el 'impeachment' sea demasiado para Trump, ¿estamos de acuerdo en que lo que hizo el presidente estuvo profundamente mal? Presionó a un gobierno extranjero para buscar los trapos sucios de un rival político. Esto no tiene nada que ver con la investigación sobre Rusia, en la que se trataba de averiguar si Trump, como candidato, había conspirado con el Kremlin. En el caso de Ucrania, al presidente se le acusa de haber usado el increíble poder de EEUU -un poder que puede significar una diferencia de vida o muerte en Ucrania - para su uso político personal.

Desafortunadamente, esto responde a un patrón de incumplimiento de las prácticas -y quizá de las leyes- democráticas. La investigación de Mueller reveló que Trump había tratado restringir o acabar de forma activa con la investigación del 'Special Counsel'. Trump, supuestamente, ha ofrecido perdonar a aquellos funcionarios que incumplan la ley aplicando su agenda migratoria. Ha arremetido una y otra vez contra las agencias de investigación del gobierno e, incluso peor, presionado para que investigaran a sus rivales políticos. Ha ignorado citaciones del Congreso y se ha negado a entregar documentos, incluyendo sus declaraciones de impuestos, y sus negocios se han enriquecido gracias a su posición. Ha atacado la rama judicial y a los medios, llamándoles “el enemigo del pueblo”.

Trump es un ejemplo indignante, pero su comportamiento encaja con una tendencia global. El Tribunal Supremo ha declarado de forma unánime que la maniobra política de suspender el Parlamento de Boris Johnson fue “ilegal”. El primer ministro Narendra Modi ha hablado y gobernado de una forma que aterroriza a las minorías del país y ha erosionado su cultura secular. El presidente filipino Rodrigo Duterte ha alabado las muertes extrajudiciales. Y líderes como Recep Tayyip Erdogan de Turquía y Viktor Orbán de Hungría han conseguido cambiar la constitución para ensalzar la política de partido único -o de hombre único-.

Muchos académicos y escritores han hablado de “recesión democrática”, pero aún es confuso saber por qué está ocurriendo en tantos lugares a la vez. Roberto Stefan Foa y Yascha Mounk han reunido datos a lo largo del planeta mostrando cómo ha crecido el entusiasmo por los autócratas. Entre 1995 y 2014, ha habido un gran aumento del porcentaje de población que le gustaría ver “a un líder fuerte que no se ve incomodado por el parlamento ni por las elecciones”, creciendo hasta el 10% en Estados Unidos, casi 20 puntos en España y en Corea del Sur y 25 en Rusia y Sudáfrica.

Retroceso de las democracias

¿A qué se debe? Mi principal hipótesis es que estamos viviendo épocas de grandes cambios - económicos, tecnológicos, demográficos y culturales - y en este torbellino la gente se siente insegura y ansiosa. Creen que las instituciones, las élites o las ideologías vigentes no les están ayudando. De las 27 democracias encuestadas por el Pew Research Center (en el caso de que se considere como tales a Rusia y Hungría) una mayoría de 21 países ha visto pocos cambios gane quien gane las elecciones. Por eso, la gente está abierta a apoyar a líderes populistas que se alimenten del miedo, usen chivos expiatorios y prometan llevar a cabo acciones en su representación.

A esto hay que añadir el aumento de las políticas tribales, la idea de que cada uno de nosotros está en un equipo que siempre tiene la razón. El tribalismo es enemigo de las instituciones, las normas y el Estado de Derecho. Después de todo, la idea principal del Estado de Derecho es que se aplica a todo el mundo, amigo o enemigo. En su reciente libro, ‘When Crime Pays’, Milan Vaishnav muestra que aquellos políticos que han sido culpados por un crimen tienen más posibilidades de ganar las elecciones en India. En la política tribal, la gente celebra que sus líderes incumplan la ley porque, supuestamente, lo hacen para ayudar a su tribu.

Los partidos políticos solían actuar como ‘gatekeepers’ regulando las leyes, manteniendo fuera a los populistas y a los demagogos y forzando a sus miembros a suscribir ciertas reglas. Pero los partidos son ahora instituciones antiguas, incapaces de mantenerse con fuerza en esta era de la política del emprendimiento. Los políticos pueden recaudar dinero en Internet y usar las redes sociales para explotar la rabia y la emoción que los partidos antes solían moderar.

El principal facilitador del populismo americano ha sido el Partido Republicano. El auge del movimiento empezó con el asalto de Newxt Gingrich al Partido Republicano de George H. W. Bush y Bob Dole, a quienes Gingrich calificó de “débiles y comodones”. Hoy en día, el líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConell (R-Ky.) está cumpliendo ese papel, deseoso de violar las normas en algo tan importante como una nominación de una Corte Suprema simplemente para servir a la agenda republicana.

Clinton Rossiter, en un estudio de la política norteamericana de 1960, escribió: “No hay América sin democracia, no hay democracia sin política, no hay política sin partidos, no hay partidos sin compromiso y moderación”. La democracia estadounidense necesita desesperadamente que el partido Republicano defienda a la democracia y no festeje su destrucción.

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