Por qué la muerte del líder del ISIS es una buena noticia que puede acabar muy mal

La retirada de Estados Unidos de Oriente Medio puede provocar consecuencias imprevisibles para unos países que ya se encuentran en un muy mal estado económico y social

Foto: Donald Trump. (Reuters)
Donald Trump. (Reuters)

La muerte de Abu Bakr al-Baghdadi es una gran victoria en la guerra contra los grupos terroristas. El Estado Islámico es una de las organizaciones más crueles y peligrosas que han existido en el planeta desde hace tiempo. La muerte de su líder les perjudica bastante. Pero las nuevas protestas desde Irak a Líbano demuestran que Oriente Medio sigue siendo una región conflictiva. Y las cosas podrían empeorar aún más si la muerte de Baghdadi acaba produciendo un desacoplamiento de EEUU de Oriente Medio.

Después de los ataques terroristas del 11 de septiembre, el mundo centró su mirada en Oriente Medio y reconoció un hecho obvio: ha sido prácticamente la única región del mundo en no conseguir ningún avance político, económico o social en décadas. A lo largo del planeta, el comunismo había colapsado, las juntas habían desaparecido y el crecimiento económico había transformado a los países en vías de desarrollo. Pero en Oriente Medio el tiempo se había paralizado. Incluso, en algunos sitios, había ido para atrás.

Muchos aseguraron que este estancamiento era la atmósfera ideal para que el extremismo y el terrorismo islamista pudieran desarrollarse. En 2002, Naciones Unidas publicó una investigación sobre el desarrollo árabe, investigado y escrito por expertos árabes, exponiendo los grandes retos de la región. Identificaron tres déficits que necesitaban superar para su modernización: déficits de libertad, de empoderamiento femenino y de conocimiento. Hablaba de forma más general de la falta de oportunidades económicas, derechos políticos y progreso social en gran parte del mundo árabe. Los gobiernos del mundo entendieron que estos eran problemas claves para solucionar Oriente Medio.

La región más inestable del mundo

En los siguientes años hubo progresos en muchas áreas, como en la esperanza de vida, la alfabetización y la situación de la mujer. Pero tal y como señala el reciente Informe del Desarrollo Humano Árabe, “desde 2010 casi todos los países árabes han ralentizado o revertido sus avances”. Y esto a pesar del hecho de que la Primavera Árabe de 2011 parecía subrayar la necesidad de grandes reformas.

¿Por qué? Porque la Primavera Árabe fue un gran fracaso. Solo en Túnez hubo una transición democrática. Egipto ha vivido la vuelta de la represión; Siria ha experimentado una guerra civil y el resurgimiento sangriento del régimen de Assad; Yemen y Libia están en caída libre. Pero incluso más allá de este colapso, la región sigue enfrentándose a grandes retos. Los datos demográficos son desalentadores. Oriente Medio tiene la tasa de desempleo más alta del mundo. El modelo económico resulta insostenible, caro e ineficiente, con gobiernos empleando a mucha gente y recibiendo subsidios masivos de comida y energía.

Los esfuerzos por reformar el país han desembocado en resultados diversos. En Egipto y en Arabia Saudí sí que ha habido cierto éxito. Pero es difícil para estos países tan dependientes del gasto público impulsar el sector privado, particularmente cuando sus economías están sostenidas por precios de petróleo bajos. En Egipto, el gobierno emplea alrededor del 20% de la fuerza laboral. En Argelia, casi el 40%. En Arabia Saudí, más del 65%. En los casos donde el estado ha tratado de retroceder, el sector privado ha tenido muchos problemas en introducirse. Muchos países han intentado eliminar los subsidios, desencadenando protestas que se han resuelto muchas veces con represión.

La esperanza detrás de la publicación de la ONU en 2002 era que las reformas económicas y sociales serían más fáciles si estos países apostaban por la apertura política. La apertura política produciría líderes elegidos democráticamente populares que alejaría el apoyo al extremismo islamista. Esta era la idea que tanto le atraía a la agenda de libertad del presidente George W. Bush. Pero poco o nada ha funcionada. Las aperturas políticas han conducido a esta región a levantamientos, violencia sectaria, guerras civiles y medidas severas. Sitios como Jordania o el Líbano que han mantenido la unidad y la estabilidad ahora son frágiles y se han llevado a cabo muy pocas reformas.

Quizá el resultado más importante de esta tormenta política en el mundo árabe ha sido la retirada de EEUU de la región. Empezando durante el segundo mandato de la Administración de George Bush, a través de la presidencia de Barack Obama y ahora con Donald Trump, EEUU se ha hartado de Oriente Medio. Parece conforme con alejarse de cualquier responsabilidad de esta parte caótica del mundo. Cuando Trump dice que quiere poner fin a las guerras interminables de EEUU, mucha gente está de acuerdo.

Estamos viendo el ascenso de un Oriente Medio post-estadounidense, con varios poderes regionales luchando por la influencia, sobre todo Irán y Arabia Saudí, junto con otros como Israel o Turquía, luchando por sus propios intereses. Estas son aguas inexploradas en un momento de grandes tensiones: Siria ha producido más de cinco millones de refugiados y Yemen se enfrenta a la mayor crisis humanitaria del mundo. El Estado Islámico ha sido decapitado y está desperdigado, pero los demonios que avivaron tal terror - el estancamiento, la represión y la desilusión - continúan obsesionando al Mundo Árabe.

El GPS global
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios