El nuevo 'eje del mal', sede en Washington: Trump amenaza el orden mundial

La gran amenaza al orden liberal internacional es, sin duda, el Gobierno de Trump, que está debilitando sistemáticamente las alianzas que han ayudado a mantener la paz y estabilidad internacional

Foto: Carrozas con los líderes de Corea del Norte y EEUU. (Reuters)
Carrozas con los líderes de Corea del Norte y EEUU. (Reuters)

Mientras el ‘impeachment’ domina los titulares, nos estamos perdiendo una serie de historias relacionadas con la política exterior de Estados Unidos que podrían acabar siendo de igual importancia. El Gobierno de Donald Trump ha estado aumentando su apuesta por una política de unilateralismo y aislamiento. Una combinación que hace claudicar aún más el liderazgo estadounidense para crear un mundo más estable.

Esta semana, las conversaciones entre Washington y Seúl se rompieron después de que la administración Trump pidiera un incremento del 400% en las tasas que paga Corea del Sur por mantener tropas estadounidenses en el país. Los costes anuales de la presencia militar en el país asiático son aproximadamente de unos 2.000 millones de dólares. Seúl paga poco menos de la mitad de eso. Trump pide 4.700 millones de dólares.

Mientras el presidente estadounidense rompe la relación con uno de nuestros más cercanos aliados, la bizarra proximidad de Trump con el norcoreano Kim Jong Un continúa. Trump ha suspendido una vez más las maniobras militares conjuntas de Estados Unidos con Corea del Sur pese a que Corea del Norte ha lanzado 24 misiles este año, todos violando las resoluciones de Naciones Unidas.

El domingo pasado, Trump pidió otra cita con el dictador norcoreano, tuiteando, “¡Nos vemos pronto!”. La respuesta de Corea del Norte: otra falta de respeto. Un funcionario norcoreano dijo que el país no estaba interesado en tener reuniones “inútiles” con Washington.

Aliados por caudillos

Las fricciones con Corea del Sur probablemente tendrán eco con el más firme aliado americano en el Pacífico: Japón. Trump también habría pedido a Tokio un incremento significativo en sus pagos a Estados Unidos. Estas peticiones no solo dañan los lazos entre aliados clave, sino que están basadas en malos cálculos económicos.

Si las tropas estadounidenses son retiradas de Corea del Sur y Japón, tendrían que estar asentadas en Estados Unidos, y no se compartiría el gasto, ni habría contribuciones de Seúl y Tokio. A menos que Trump esté planeando desmovilizar estas tropas y hacer más pequeñas las Fuerzas Armadas -de hecho, lo que está intentando es expandirlo- un mayor despliegue en la región Asia-Pacífico tiene sentido tanto estratégico como económico.

El impulso de Trump siempre es abandonar el terreno. Lo ha hecho en Oriente Medio, cediendo la política exterior estadounidense a sus caudillos favoritos, el saudí Mohammed bin Salman y el turco Recep Tayyip Erdogan.

La retirada americana del norte de Siria ha cedido una amplia porción de terreno a Turquía y ha impulsado a Rusia, Irán y el régimen de Bashar al-Assad. Cuando los senadores republicanos se quejaron sobre el abandono de los kurdos sirios, que perdieron 10.000 soldados apoyando la lucha liderada por EEUU contra el Estado Islámico (ISIS), la respuesta de Trump fue permitir a Erdogan que les mostrara un vídeo de propaganda asegurando que nuestros aliados son, de hecho, terroristas.

El Gobierno de Trump también ha abandonado otras normas y valores largamente establecidos. Se retiró del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, cediendo el espacio a países como China y Arabia Saudí. La Unión Americana de Libertades Civiles ha acusado al Gobierno de Trump de poner fin a toda cooperación con activistas de los derechos humanos en Estados Unidos. Los aranceles de Trump han dañado el sistema de libre comercio, puede que de forma irreversible. Esta semana, la administración cambió la histórica posición estadounidense sobre que los asentamientos israelíes violan la ley internacional.

La mayor amenaza

El presidente francés, Emmanuel Macron, fue criticado por decir hace poco que la OTAN tiene “muerte cerebral”. Pero en esta intensa entrevista con The Economist, el mandatario señaló que la política de Trump sobre Siria fue tomada sin consultar con los aliados de la OTAN. Los intereses de Europa en Oriente Medio son potencialmente mayores a los de EEUU -los refugiados se lanzan a Europa, no a Estados Unidos- y aún así la administración Trump dejó fuera de juego a sus aliados al otro lado del Atlántico.

Macron cree que Trump supone un desafío sin precedentes para Europa: “Nos encontramos a nosotros mismos por primera vez con un presidente americano que no comparte nuestra idea de proyecto europeo”. Señaló, además, que Trump habitualmente se distancia de la defensa europea incluso contra el terrorismo islámico: “Cuando dice, ‘es su problema, no el mío’, debemos escuchar qué está diciendo realmente… ‘No estoy preparado para pagar y garantizar un sistema de seguridad para ellos [Europa], así que despierten’”.

Es irónico y trágico que los europeos crean que están solo en su lucha contra el terrorismo islámico, dado que la única vez en la historia que la OTAN invocó el Artículo 5 -un ataque sobre uno de los miembros es un ataque contra todos- fue en respuesta a los atentados del 11-S en Nueva York y Washington.

Se dice a menudo que Irán, Rusia y China son regímenes canallas cuyas acciones están destruyendo el sistema internacional de reglas que Estados Unidos construyó y mantuvo durante los últimos 75 años. No hay duda de que esos países han impulsado acciones que son iliberales e irresponsables. Pero la gran amenaza al orden liberal internacional es, sin duda, el Gobierno de Trump, que está debilitando sistemáticamente las alianzas que han mantenido la paz y la estabilidad al tiempo que rechaza las normas y reglas que han ayudado a fijar algunos estándares de la vida en la comunidad internacional.

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