Lo que Trump y los republicanos pueden aprender de la arrolladora victoria de Boris

Con un cambio de narrativa económica, Boris Johnson ha atraído a los votantes de la clase obrera sin perder su base tradicional. Trump puede hacer lo mismo en las elecciones de 2020

Foto: Boris Johnson y Donald Trump. (EFE)
Boris Johnson y Donald Trump. (EFE)

El juicio político contra Donald Trump ha acaparado los titulares - de manera justificada- pero los gritos de batalla al respecto han ahogado otro evento del momento, que nos dará lecciones importantes para la campaña electoral de los comicios de 2020: las sísmicas elecciones británicas.

La forma más sencilla de entender los resultados británicos es centrarse en un hecho: a pesar de que los conservadores han logrado con su mayoría más amplia en el Parlamento desde 1987, el voto general al partido subió cerca de apenas un punto porcentual con respecto a hace dos años, cuando su líder era Theresa May. En las elecciones de 2017, los ‘tories’ consiguieron un 42,4% del voto; este año, consiguieron un 43,6%.

El Partido Laborista, en cambio, ha ido del 40% en 2017 a un 32%, un colapso de proporciones históricas. Los laboristas acabaron con su menor número de escaños en 84 años. Su famoso “muro rojo”, que abarcaba áreas de clase obrera en el norte, se derrumbó, con distritos que habían votado laborista por más de 50 años cambiando hacia los conservadores. Sedgefield, la antigua circunscripción de Tony Blair, había votado laborista desde 1935. La semana pasada acabó ‘tory’.

Hay varias razones por las que los laboristas han colapsado. El partido estaba dirigido por Jeremy Corbyn, quien es hosco, poco carismático, radical y ha sido persistentemente acusado de antisemitismo. Su oponente, Boris Johnson, es vivaz y pintoresco; ha sido también un alcalde popular de Londres, una ciudad que típicamente apoya a los laboristas. Pero la victoria de Johnson ha sido construida sobre algo más que personalidad. Ha tenido que ver con dos decisiones estratégicas que fueron arriesgadas pero que se han demostrado correctas. Ambas serán importantes para tener en mente en Estados Unidos.

Johnson clarificó y simplificó las elecciones, convirtiéndolas en un referéndum sobre el Brexit. Purgó al partido de moderados sobre este asunto y dijo al público: votad ‘tory’ para “cumplir con el Brexit”. Comparad esto con el otro lado. Los laboristas han sido anti Brexit, o más o menos, con un líder (Corbyn) que ha sido pro Brexit, o más o menos, durante toda su vida política. La posición laborista sobre el Brexit era confusa. Los Liberales Demócratas eran absolutamente anti Brexit pero un partido más pequeño, por lo que el público estaba confundido sobre si un voto para ellos sería un voto desperdiciado. En política, un mensaje claro y simple vencerá siempre a uno complejo y turbio. ¿Se acuerdan del ‘construir el muro’?

La decisión estratégica de Johnson fue dar un giro a las posiciones económicas del Partido Conservador

La segunda decisión estratégica de Johnson fue dar un giro a las posiciones económicas del Partido Conservador. Bajo David Cameron y May, los ‘tories’ han sido el partido de un gobierno limitado, recortando el gasto bajo un amplio conjunto de medidas de austeridad. Johnson tiró a la basura eso, prometiendo aumentar el gasto gubernamental en todo, desde el Servicio Nacional de Salud (NHS) a escuelas o baches en la carretera. Él escribió las reglas fiscales de su partido de tal manera que él pudiera tomar prestadas y gastar un monto adicional de 100 mil millones de libras.

Esta segunda apuesta ha funcionado espectacularmente. Los conservadores ganaron en largas franjas de la clase obrera, votantes que pueden haber compartido el escepticismo de los ‘tories’ con respecto a Europa pero que nunca hubieran votado a un partido cuyo mensaje económico era absolutamente pro libremercado. Johnson ha hablado de crear un “conservadurismo de una nación”, conscientemente evocando al legendario líder ‘tory’ Benjamin Disraeli. Si podrá o no sostener esta coalición queda por ver, pero es sorprendente que Johnson haya sido capaz de conseguir tantos votos de la clase obrera sin perder la base tradicional de su partido en la clase media alta.

En 2016, Trump hizo una campaña similar como un populista económico, abrazando posiciones izquierdistas en temas de comercio, seguridad social y el ‘Medicare’. Fue capaz de ganar votos de la clase obrera en estados demócratas mientras mantenía a sus votantes tradicionales. El Partido Republicano de Trump es ahora una coalición entre tipos de libremercado y populistas de clase obrera. Hay una tensión entre ambos grupos (y sus listas de deseos) pero la polarización y la lealtad al partido son tan grandes que parece haber poco peligro de que los republicanos tradicionales abandonen Trump por un demócrata.

Los demócratas tienen una base de votantes más amplia que los laboristas en Reino Unido. Pero debido a la geografía y el sistema electoral en EEUU, se enfrentan a la misma vulnerabilidad: perder a los votantes socialmente conservadores y de clase obrera en varios estados cruciales. Y los demócratas están haciendo bien poco para controlar esa vulnerabilidad.

Los demócratas siguen discutiendo sobre asuntos económicos, tambaleándose más hacia la izquierda, pero el público está ampliamente a favor de las posiciones que ya existen en el partido sobre esos temas: Medicare, arreglar las infraestructuras de EEUU, más impuestos para los ricos, aumentar el salario mínimo. El talón de Aquiles del partido es la inmigración. La mitad de los candidatos demócratas han dicho que quieren decriminalizar los cruces ilegales de fronteras, e incluso más de la mitad quieren dar a los inmigrantes indocumentados acceso a la sanidad gratuita. Grandes mayorías en el país están en contra de estas políticas, así que podremos esperar que Trump convierta este asunto en bandera de su campaña.

La ironía, pues, es que el Partido Republicano, como los ‘tories’, se han convertido en el partido ideológicamente atrapalotodo, mientras que los demócratas, históricamente definidos como una gran coalición, captan ideológicamente un campo más estrecho en los temas que bien pueden definir las elecciones de 2020.

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