¿Está Europa acostumbrándose a Trump? Davos parece ser un ejemplo de que sí

El discurso del presidente Trump en el Foro Económico Mundial salió relativamente bien. Y, viendo las políticas que están aplicando el resto de países, parece que los países prefieren copiarle

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump, en Davos, Suiza. (Reuters)
El presidente de EEUU, Donald Trump, en Davos, Suiza. (Reuters)

El discurso del presidente Donald Trump en el Foro Económico Mundial salió relativamente bien. Esto se debe en parte a que Davos es un cónclave de ejecutivos de negocios y a éstos les gusta el mensaje proempresarial de Trump. Pero principalmente, la buena acogida al presidente fue una prueba de que él y lo que representa ya no son inusuales o excepcionales. Mirad alrededor del mundo y lo veréis: Trump y el ‘trumpismo’ se han normalizado.

Antes, Davos era el lugar donde los países lanzaban proclamas para demostrar su compromiso con el libre comercio y las sociedades abiertas. Después de todo, estas naciones eran las que estimulaban el crecimiento económico y sacaban a cientos millones de personas de la pobreza. Cada año, un país distinto se convertía en la estrella del fórum, normalmente con un ministro de finanzas que se convertía en el arquitecto del 'boom' de su país. Estados Unidos siempre ha sido el promotor más enérgico de estas ideas gemelas: apertura económica y libertad política.

Hoy, Davos parece un lugar muy distinto. Pese al hecho de que el crecimiento se mantenga sólido y los países sigan funcionando en el resto del mundo, el espíritu del tiempo ha cambiado. Allá donde la globalización era el tema principal, ahora es la reacción populista. Allá donde había firmes convicciones sobre el futuro, ahora solo hay incertidumbre y ansiedad.

Camino de la desglobalización

Esto no es solo pura retórica. Tal y como señala Ruchir Sharma de Morgan Stanley Investment Management, desde 2008 hemos entrado en una fase de "desglobalización". El comercio mundial, que aumentó casi de forma ininterrumpida desde la década de los setenta, se ha enfriado, mientras que el flujo de capital ha caído. Los flujos migratorios netos de los países pobres a los países ricos también han disminuido. En 2018, la migración neta en Estados Unidos alcanzó su menor cifra en la última década.

Esta nueva tendencia puede verse muy bien en India. En 2018, el primer ministro indio Narendra Modi fue a Davos a quejarse de que "muchos países se están encerrando en ellos mismos y la globalización se está hundiendo". Desde entonces, su gobierno ha aumentado los aranceles en cientos de productos y ha tomado medidas para proteger a granjeros, comerciantes, empresas digitales y más de los peligros de la competición internacional. La Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos llamó la atención recientemente a India por tener los mayores aranceles de las grandes economías del mundo.

Los funcionarios indios siempre han tratado de buscar inversión extranjera, muy necesaria para estimular el crecimiento. La semana pasada, ante una pronunciada ralentización de la economía india, Jeff Bezos anunció 1.000 millones de dólares de inversión en el país (Bezos es el dueño del Washington Post, periódico en el que se escribió esta columna). Pero el ministro de comercio e industria se mofó de la inversión, diciendo que Amazon "no estaba haciendo un gran favor a India" y que, probablemente, se estaba comportando de manera anticompetitiva y "depredadora". A menudo, políticas proteccionistas favorecen a los productores locales.

El primer ministro malasio Mahathir Mohamad criticó recientemente algunas de las políticas de Modi hacia los musulmanes. El gobierno indio, en respuesta, cortó de forma inmediata las importaciones malasias de aceite de palma. Uno de los principales beneficiarios era un multimillonario local largamente asociado a Modi.

Una lógica muy dañina

The Economist subraya que Europa, antaño uno de los principales motores de la apertura económica y política, también está redescubriendo la intervención estatal para impulsar las industrias domésticas. Y si piensas que Internet está exento de estas tendencias, dale una vuelta. El Centro Europeo Internacional de Política Económica analiza el número de medidas proteccionistas establecidas para analizar la economía digital en 64 países. Y no ha parado de aumentar en los últimos años, especialmente desde 2008.

Es importante no exagerar el retroceso de la globalización. Tal y como demuestra el informe de DHL de 2019, la globalización aún está vigente y, de algún modo, continúa expandiéndose. La gente aún quiere comerciar, viajar y hacer negocios por el mundo. Pero en política gubernamental, donde la lógica económica antes se sobreponía a la política, ahora suele ser al revés. El economista Nouriel Roubini argumenta que el resultado acumulativo de todas estas medidas - proteger industrias locales, subvencionar "campeones nacionales", restringir inmigración - es el de frenar el crecimiento.

"Significa menos crecimiento, menos trabajo y economías menos eficientes", me dijo hace poco Roubini. Hemos visto cómo sucedía esto muchas veces en el pasado, como en India, país que sufrió décadas de parálisis económica como resultado de políticas proteccionistas. Veremos el impacto en los próximos años. Sin embargo, hoy el nacionalismo y el proteccionismo vencen.

Esta fase de desglobalización se está fomentando desde arriba. Las naciones líderes suelen ser, siempre, las que marcan la agenda. China es un ejemplo. El país asiático ha protegido alguno de sus mercados y, aun así, ha crecido a un buen ritmo. Han impresionado a la gran mayoría del mundo. Aún más profundo, quizás, es el ejemplo del principal líder del mundo libre, EEUU, país que tiene a un presidente que defiende un comercio controlado, una inmigración más controlada y medidas proteccionistas. En Davos, Trump invitó al resto a seguir su ejemplo. Y cada vez más países hacen caso.

El GPS global
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