El 'impeachment' ya se acaba, y lo que queda es un EEUU más polarizado e ingobernable

La historia del 'impeachment' es la historia de la política estadounidense hoy: la polarización. Afecta a casi cada uno de los aspectos de la vida política estadounidense

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)
El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)

Las filtraciones del libro de John Bolton son solo las últimas revelaciones del proceso del 'impeachment'. Pero a pesar de todas los reveladores testimonios de actuales y antiguos funcionarios de la Administración Trump, el gráfico de apoyo público para destituirlo de la Casa Blanca se mantiene en una línea plana e inamovible. Nada cambia la opinión de la gente al respecto.

Para desentrañar aún más esas cifras, pensemos en este patrón. En la cúspide del Watergate, el porcentaje general de personas que querían destituir al presidente no era muy diferente al de hoy. De hecho, días antes de que Richard Nixon dimitiera, solo un 71% de los demócratas apoyaba su destitución, comparado con el 89% que hoy apoya destituir al presidente Trump. Entonces, el 55% de los independientes apoyaban la destitución, una cifra similar al 48% que lo hacen ahora. El mayor cambio es con los Republicanos. En agosto de 1974, un 31% de los republicanos apoyaban la destitución de Nixon. Hoy, solo un 8% de los republicanos sienten lo mismo sobre Trump.

La historia del 'impeachment' es la historia de la política estadounidense hoy: la polarización. Afecta a casi cada uno de los aspectos de la vida política estadounidense y ha sido estudiado por académicos en muchos y variados ángulos, con docenas de buenos enfoques históricos o experimentales. ¿No sería estupendo que alguien digiriera todos estos estudios, los sintetizara y produjera un libro fácil de leer que le diera un sentido a todo esto? Ezra Klein acaba de hacer eso mismo con su atractivo nuevo libro, "Por qué estamos polarizados". Probablemente se convierta en el libro político del año.

Klein empieza explicando que la polarización no es, de hecho, nada nuevo. Los estadounidenses han estado divididos por mucho tiempo. Las diferencias políticas durante la década de 1950 y la de 1960 entre los segregacionistas del sur y los liberales del norte, o entre los puristas del libremercado y los defensores de la ‘Gran Sociedad’, eran mayores que las diferencias políticas entre Republicanos y Demócratas hoy. Pero entonces, cada partido acogía una variedad de visiones políticas, lo que significaba que las diferencias tenían que ser navegadas y negociadas. Los Demócratas liberales tenían que contener su celo porque su poder político en el Senado dependía del ala segregacionista sureña del partido. Desde 1964, cuando los Demócratas rompieron con los segregacionistas (obviamente, algo bueno), los partidos se han limitado ideológicamente, y las diferencias políticas se han convertido en armas arrojadizas.

El partidismo hoy día es mayormente un tema de identidad, no políticas. Y la propia identidad es cada vez más determinada por factores demográficos

Un gigantesco cambio que exacerbó enormemente la polarización es que el partidismo hoy día es mayormente un tema de identidad, no políticas. Y la propia identidad es cada vez más determinada por factores demográficos -sobre todo, después de la presidencia de Obama, la raza. En uno de los libros en los que se basa Klein, “Crisis de identidad”, el autor apunta: “Los blancos que no han cursado estudios superiores se dividían más o menos por la mitad entre los dos partidos según encuestas del Pew [Pew Research Center] organizadas entre 1992 y 2008. Pero para 2015, los votantes blancos que tienen un graduado escolar o menos eran 24 puntos porcentuales más republicanos que demócratas”.

Una vez las identidades están en el centro de las diferencias políticas, argumenta Klein, los hechos no cambian las opiniones de la gente. La gente elige sus partidos por razones de una lealtad tribal, y una ley para un mejor servicio de salud pública no alterará su profundo sentimiento de pertenencia. La comprensión de este hecho crucial es algo que los Demócratas en particular necesitan interiorizar. La clave para ganar apoyo entre los votantes indecisos es probablemente dirigirse a sus preocupaciones identitarias más que a los económicos. Antiguos "luminarios" de los Demócratas como Bill Clinton fueron maestros en este tipo de ‘políticas simbólicas’.

La gente elige su partido político por razones de una lealtad tribal

Algo crucial para entender la lealtad tribal es la polarización negativa. Klein cita a varios estudios que muestran que las visiones negativas del partido contrario pueden -de lejos- hacer que la gente vote y contribuya, comparados con las visiones positivas de su propio partido. Él da un ejemplo del antiguo representante de Texas Beto O’Rourke, que se convirtió en una estrella cuando se presentó contra Ted Cruz por el Senado en 2018, pero se desdibujó en su intento de llegar a la presidencia el año pasado porque no tenía ese “galvanizador negativo” -la oposición a Cruz- que alimentara su campaña.

Por la geografía política de Estados Unidos, la polarización afecta de manera diferente a cada partido, argumenta Klein. Los Republicanos son el grupo más homogéneo, centrado en hombres blancos, y tienen una tremenda ventaja demográfica, dado el sistema electoral estadounidense. Consideremos que han perdido el voto popular en cuatro de las cinco elecciones presidenciales y, aun así, han ganado la presidencia de la Casa Blanca en dos de esos casos. Los Demócratas necesitan atraer a una coalición de gente más amplia que los Republicanos para competir en estados del interior y ganar las elecciones.

El libro de Klein es poderoso, inteligente y deprimente. El sistema electoral estadounidense no es un sistema parlamentario en el que un partido gana el control de todas las ramas del gobierno y puede avanzar en su agenda y objetivos. El poder se divide entre tres ramas, con autoridades que se solapan. Los autores de la Constitución de EEUU despreciaban la idea de "partidos" e imaginaban unas facciones constantemente cambiantes. En la estructura que crearon para gobernar EEUU, un grado mínimo de compromiso y cooperación es esencial para conseguir hacer algo -razón por la que la polarización ha paralizado completamente el Gobierno estadounidense.

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