No os dejéis distraer por el juego de culpas entre Trump y China con el coronavirus

Cuando EEUU y la Unión Soviética eran rivales mortales, aún eran capaces de cooperar en una campaña para vacunar al mundo y erradicar la viruela. Ahora parece que no

Foto: Figuras de Donald Trump y Xi Jinping en Rusia. (Reuters)
Figuras de Donald Trump y Xi Jinping en Rusia. (Reuters)

El presidente Trump nos dice ahora que China tiene la culpa de los estragos que el nuevo coronavirus está causando en todo el mundo. Ha bloqueado la financiación de la Organización Mundial de la Salud por coludir con China al mantener algunos verdades ocultas. Para evaluar estas afirmaciones, tan solo hay que tener en cuenta un tweet del presidente el 24 de enero: “China ha estado trabajando muy duro para contener el coronavirus”, tuiteó Trump. “EEUU aprecia enormemente sus esfuerzos y transparencia. Todo irá bien. En representación del pueblo americano, quiero agradecer al presidente Xi!”.

¿En ese momento, qué sabía el mundo, incluido Trump, sobre este virus? Un día antes, el 23 de enero, la OMS advirtió que “todos los países deberían estar preparados para contener [el virus], incluyendo vigilancia activa, detección precoz, aislamiento y gestión de casos, traceo de contagios y prevención ante una mayor expansión”. En ese momento, las historias del virus inundaban las noticias. China había anunciado que el virus se transmitía entre humanos y había empezado a cerrar la provincia de Hubei.

En cuanto al Gobierno americano, el 18 de enero el Secretario de Salud y Servicios Sociales Alex Azar le advirtió a Trump de los peligros del virus. El 24 de enero, había dos casos confirmados por esa enfermedad en EEUU. El 27 de enero, el Centro de Control y Prevención de Enfermedades aumentó al nivel tres recomendando evitar todo viaje no esencial a China.

El 29 de enero, Trump tuiteó “acabo de recibir un ‘briefing’ del coronavirus en China por parte de nuestras grandes agencias, que también están trabajando estrechamente con China”. ese mismo día, uno de los asesores más influyentes de Trump, Peter Navarro, escribió un informe alertando de una pandemia que podría matar a medio millón de estadounidenses. Navarro advertía que los informes chinos indicaban que el virus era mucho más contagioso que la gripe normal, más parecido a la plaga bubónica o a la viruela. El día siguiente, 30 de enero, la OMS declaró la emergencia sanitaria mundial. Horas después, Trump aseguró a sus seguidores “que estamos trabajando mucho con China contra el coronavirus… Creemos que esto va a tener un buen final”.

¿Estaba contando antes la verdad sobre China o la está contando ahora? Déjenme ser claro: China encubrió el coronavirus y la OMS no investigó lo suficiente. Las autoridades locales sabían sobre la enfermedad en los primeros días pero prefirieron minimizar los temores y castigar a los doctores que alertaban sobre el peligro. Pekín, por su parte, ha manejado de forma hermética la información, rechazó ayuda por parte del CDC americano y dio acceso limitado a la OMS a Wuhan. Es muy probable que China todavía nos esté dando datos poco fiables sobre el número de infectados y de muertos. El régimen represivo de China siempre controla y manipula su información para sus propios intereses.

Sin embargo, nada de esto cambia el hecho de que Trump era plenamente consciente de los peligros del virus a finales de enero como pronto y a mediados de febrero como tarde. Él dijo que el virus no sería un gran problema para EEUU, que se iría en abril con el tiempo cálido y que si se tomaban medidas drásticas se espantaría a los mercados financieros. Y son esos errores de cálculo los que han empeorado de forma significativa la crisis del coronavirus en EEUU.

Ahora, para desviar la culpa de sí mismo, Trump ha decidido atacar a China. Una mal política que agrava la anterior. Sean cuales sean los errores, traspiés y engaños de China, la forma más rápida de derrotar esta pandemia sería construir una amplia alianza internacional para reunir recursos, compartir información y coordinar las acciones. Ahora mismo, Washington está haciendo justo lo contrario, robando equipamiento a otros países, restringiendo el comercio en bienes clave y actuando sin ni siquiera preguntar a sus aliados más cercanos. La característica internacional más llamativa de la estrategia de la administración Trump ha sido su esfuerzo en culpar a China.

China, mientras tanto, ha tratado de anular sus propios errores inoculando teorías de la conspiración de que fue el ejército de EEUU quien creó el virus en Wuhan. También ha tratado de realzar su imagen proveyendo su experiencia a otros países y enviando equipamiento a las zonas más afectadas del mujndo como Irán, España, Francia y EEUU.

Al mismo tiempo que las muertes en Italia estaban alcanzando niveles sin precedentes, el ejército de EEUU mandó un envío con 500.000 tests de Italia a EEUU, el primero de muchos. Mientras, dos organizaciones sin ánimo de lucro chinas enviaron su primer paquete con una donación de 500.000 mascarillas, empaquetadas en lotes con la letra de una composición musical italiana.

Durante la Guerra Fría, cuando EEUU y la Unión Soviética eran rivales mortales, aún eran capaces de cooperar en una campaña para vacunar al mundo y erradicar la viruela. Estamos en medio de una pandemia global, y las dos superpotencias están intercambiando insultos en un juego de culpas infantil que salvará exactamente cero viras en cualquier parte del mundo.

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