Bienvenidos a la estrategia de Trump para volver a ganar las elecciones de EEUU

Bienvenidos a la estrategia de Trump para su reelección, en la que él es tanto el gobierno como la oposición al gobierno

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)
El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)

Pobre Brian Kemp, obviamente no le ha llegado la circular. Cuando el gobernador republicano de Georgia anunció el lunes que iba a comenzar a abrir la economía del estado, debió asumir que el presidente Donald Trump se prodigaría en elogios con él. Después de todo, apenas unos días antes el presidente había dicho que el país estaba "reanudando su vida de nuevo" e indicó que varios estados estaban preparados para abrirse [del confinamiento].

El miércoles, Trump tuiteó: "Los estados están regresando [a la normalidad] sin peligro. Nuestro país está empezando a estar 'abierto para negocios' de nuevo". Y aun así, horas después de ese tuit, en su rueda de prensa diaria, el presidente anunció que estaba "fuertemente" en contra de la decisión de Kemp. Bienvenidos a la estrategia de Trump para su reelección, en la que él es tanto el gobierno como la oposición al gobierno.

El populismo ha sido siempre fundamentalmente un movimiento de protesta de 'outsiders' contra una élite corrupta que dirige el gobierno. El populismo de derechas, de manera adicional, hace una distinción entre "la gente de verdad" y "los otros", que suelen ser extranjeros, inmigrantes, negros, judíos o de otras minorías.

Esta estrategia funciona bien cuando estás fuera del gobierno. Una vez dentro, en cambio, te enfrentas a un desafío. Los políticos que ganan elecciones usualmente intentan ampliar su base y unificar la nación. Pero el populismo depende de la división y el descontento.

Además, en tiempos de una emergencia genuina, la gente tiende a recuperar la sobriedad. En todo el mundo, a muchos partidos populistas que atacan con frivolidad el 'establishment' les está costando que se escuchen sus voces. En una pandemia, resulta que la gente quiere que sus gobiernos tomen una posición activa, preferiblemente basada en el consejo de los expertos.

Baile de roles

La solución de Trump es jugar al 'outsider' y al gobierno simultáneamente. Un día anuncia un plan cuidadoso, diseñado por funcionarios de salud pública, que detalla un proceso de paso a paso para la apertura. Al día siguiente, se posiciona junto a los manifestantes en las calles contra gobernadores que están siguiendo precisamente ese mismo plan. Es una danza complicada. Políticos como Kemp, a quienes les cuesta estar al día, pueden ser perdonados por no conocer los pasos del baile.

Se puede ver a ambos Trump en sus ruedas de prensa. El presidente Trump empieza la sesión con los pronunciamientos oficiales del día, leyendo un guion que no ha mirado ni por encima antes, en un tono monocorde y seco. Entonces, el Donald Trump icono populista emerge de repente, comentando su propio guion, por ejemplo, para decir, después de recomendar el uso de mascarillas: "Esto es voluntario. No creo que yo lo vaya a hacer". La rutina del doctor Jekyll y Mr. Hyde continúa a través de los encuentros con la prensa. Cuando sus propios funcionarios de salud pública toman el atril para informar de algunos puntos sustanciales, Trump saltará y dirá algo que sea completamente contrario al mensaje que están intentando transmitir.

Pero Trump parece preocupado por que este baile no sea quizá suficiente para asegurarle la reelección, especialmente mientras se acumula el desempleo. El presidente se ha dado cuenta de que sus tasas de aprobación se mantienen más o menos donde estaban antes de la pandemia, lo cual es sorprendente, dado que una crisis normalmente catapulta la aprobación presidencial. Después del 11-S, las cifras de George W. Bush subieron hasta el 90% y permanecieron altas durante meses. Así que Trump ha intentado compensarlo multiplicando los ataques contra sus chivos expiatorios habituales: los medios de comunicación (en lo que se ha convertido en una rutina diaria absurda), los gobernadores de los estados demócratas, las ciudades liberales, las organizaciones internacionales y, el más señalado, China.

Trump y sus partidarios en el Congreso y en Fox News han lanzado una campaña feroz contra Pekín. Ha seguido un patrón familiar, uno en el que Fox News y los políticos republicanos presentan cargos totalmente incendiarios para que Trump luego pueda hacerse preguntas y pedir que se investiguen.

Está regresando también a su objetivo favorito: los inmigrantes. La prohibición de Trump a la inmigración al país durante 60 días es extraña, dado que EEUU ya ha limitado bastante la inmigración. De hecho esto no es una política sino más bien un signo político, un recuerdo a su base de apoyos de que pueden contar con él.

Hay, por supuesto, otro camino. Trump podría haber usado esta crisis para unir a la nación contra un enemigo común. Podría haber ofrecido un liderazgo calmado y sensible, apoyarse en el mensaje de sus propios funcionarios de salud pública y fomentado unidad en lugar de división. Este es el enfoque de la canciller alemana Angela Merkel, que tiene un 79% de aprobación. Es la estrategia de Emmanuel Macron, quien ha subido 10 puntos en su polarizada Francia.

Pero resulta que Donald Trump solo conoce un único baile, el barullo populista, y parece que no le interesa aprender ningún otro.

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