La segunda fase del coronavirus ha empezado. Y va a ser un desastre

En gran parte del mundo desarrollado, la curva del coronavirus está lentamente aplanándose, pero esto oculta una realidad trágica

Foto: Enterramientos en un cementerio en Lima, Perú. (Reuters)
Enterramientos en un cementerio en Lima, Perú. (Reuters)

En gran parte del mundo desarrollado, la curva del coronavirus está lentamente aplanándose, pero esto oculta una realidad trágica: la segunda fase de la crisis ha comenzado con la expansión del virus a los países en desarrollo. Diez de los doce países con mayor número de nuevas infecciones confirmadas son ahora economías en desarrollo, liderados por Brasil, Rusia, India, Perú y Chile. La devastación resultante muy seguramente revertirá años, si no décadas, de progreso económico.

Por un tiempo, pareció que los países en desarrollo se habían librado de lo peor de la pandemia. Para el 30 de abril, con el 84% de la población mundial, los países de bajos y medianos ingresos eran hogar para solo el 14% de las muertes conocidas de covid-19, según un análisis de Brookings Institution. Esto se puede explicar en parte por una falta de testeo y la incapacidad de atribuir muertes al covid-19.

Pero puede haber otros factores. Las residencias de ancianos, que acumulan un gran porcentaje de las muertes en los países desarrollados, son inusuales en los países en desarrollo, por lo que los ancianos no se convierten en un foco al estar juntos. El calor puede también tener algún efecto en la reducción de la propagación del virus. Algunos expertos médicos especulan privadamente que las poblaciones de esos países tienen sistemas inmunes más fuertes porque han sido expuestos a muchas enfermedades a lo largo de sus vidas.

Hay otra posibilidad. El mundo en desarrollo esquivó la enfermedad durante los primeros meses de la pandemia porque estaba menos conectado, en el comercio y los viajes, con los centros neurálgicos iniciales (China y Europa). En las últimas semanas, sin embargo, el coronavirus se ha movido lento pero seguro a través del sudeste asiático y Latinoamérica. Brasil tiene ahora cerca de 1.000 muertes registradas al día, y los casos están aumentando de manera exponencial. África no ha tenido un gran pico de casos confirmados —hasta el momento— pero ejemplos concretos sugieren que la enfermedad también se está expandiendo. El 'Wall Street Journal' informa de que en la ciudad, del norte de Nigeria, de Kano, los enterradores se están quedando sin espacio y han tenido que enterrar cuerpos entre tumbas ya existentes o colocando varios cuerpos en una sola tumba.

Si las curvas de estos países no empiezan a aplanarse, el daño será peor que nada de lo que hemos visto en Occidente. La densidad de población y las condiciones sanitarias hacen que una expansión rápida del coronavirus parezca inevitable. En India, un quinto de todos los casos conocidos corresponde a Bombay, donde un barrio chabolista, Dharavi, acoge a cerca de 1 millón de personas y tiene una densidad de población cerca de 30 veces mayor que la de la ciudad de Nueva York. La ciudad más grande de África, Lagos, ha tenido relativamente pocos contagios por el momento. Aun así, el hecho de que dos tercios de sus habitantes viven en barrios chabolistas y muchos cogen abarrotados autobuses para ir al trabajo significa que es probablemente solo cuestión de tiempo antes de que suban los casos. Los complejos hospitalarios en países de bajos ingresos son escasos. En Bangladesh, hay ocho camas hospitalarias por cada 10.000 habitantes, un cuarto de las cifras de EEUU y ocho veces menos que en la Unión Europea. Hay menos de 2.000 respiradores en los 41 países africanos en conjunto, comparado con los 170.000 en Estados Unidos.
En muchos de estos países, amplias franjas de la población ganan lo justo para alimentarse a sí mismas y a sus familias diariamente. Así que los gobiernos se enfrentan a un dilema mortal: si cierras la economía, la gente podría morir de hambre. Si la mantienes abierta, el virus se expandirá.

La tercera fase de la pandemia

Y entonces vendrá una tercera fase de la pandemia, la crisis de deuda, que golpeará al mundo en desarrollo de manera especialmente fuerte. En Estados Unidos, Europa, Japón y China el daño económico es brutal pero se verá aminorado por el gasto masivo de los gobiernos. Estos países, Estados Unidos sobre todo, pueden pedir prestados billones a bajas tasas de interés con relativa facilidad. No es ese el caso de los países pobres, que ya están profundamente endeudados. Tienen que pedir préstamos en dólares, que deben pagar en sus propias monedas (que se deprecian rápidamente). Más adelante, se enfrentan a la posibilidad real de hiperinflación o 'default'.

En las últimas décadas, a medida que el comercio mundial se aceleraba, el mundo en desarrollo creció más rápido que los países ricos, y el nivel de vida aumentó en consecuencia. Incluso después de la crisis financiera mundial, los países en desarrollo se recuperaron más rápido que los ricos. Estuvieron menos expuestos a productos financieros complejos y resistieron la recesión relativamente bien.

"En Estados Unidos, Europa, Japón y China el daño económico es brutal pero se verá aminorado por el gasto masivo de los gobiernos"

El resultado ha sido una de las grandes "buenas noticias" de nuestros tiempos: una reducción masiva de la pobreza extrema. De 1990 a 2010, la proporción de la humanidad que vive con menos de 1,25 dólares al día se redujo a la mitad, el doble de rápido que el periodo anterior. Este Objetivo de Desarrollo del Milenio de la ONU se logró cinco años antes de lo previsto.

Ahora el trabajo de décadas se está deshaciendo en meses. Varios estudios estiman que entre 100 y 400 millones de personas serán empujadas a la pobreza extrema. En esta medida crucial del progreso humano, nos estamos moviendo hacia atrás, y rápido.

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